Triste Estrella (1/1)

Call Me Ajumma29 35770K 2023-11-03

CAPÍTULO 7 - TRISTE ESTRELLA            Bofetada. Esa era la única palabra para describir el sonido que se había quedado encerrado en el coche. Una bofetada y seguidamente un empujón, un golpe, un grito y unos fuertes pasos que se alejaron hasta quedar cortados por un portazo de madera blanca. Sooyoung sabía que Sunny iba a pegarla, Taeyeon le comentó su carácter violento, sus insultos y su característica superioridad frente a todos los demás. "Antes no era así... Me atormenta pensar que fue realmente por mi culpa el hecho de que cambiara a alguien tan frío, salvaje y"... La morena recordó las palabras de la abogada mientras se frotaba la mejilla.            Estaba caliente, roja, adolorida. Suspiró mientras una extraña sonrisa se le formaba en los labios, no podía obligar a Sunny a que la quisiera pero podía conquistarla, se le daba bien, aunque nunca se tomara en serio sus víctimas. Una noche, nada más. Necesitaba algún tipo de situación que atara a la rubia contra ella, algo parecido a los truenos pero sin que se asustara. Quizás podría engañarla con comida... No, eso solo funciona conmigo y con Yoona, volvió a suspirar cual enamorada y arrancó, debía volver al trabajo, se estaba tomando demasiadas vacaciones entre día y día.***            Un grito, dos, tres, la garganta desgarrada. ¿Cuánto hacía que Tiffany no chillaba de ese modo? Le invadía el miedo. Había llegado a soportar verdadero dolor sobre su cuerpo pero esa mañana Sunny estaba diferente, demasiado agresiva, demasiado enfadada, demasiado... inhumana. Tiffany sabía que ese comportamiento había comenzado a aparecer cuando conoció la existencia de Sooyoung; la pequeña rubia se volvía bipolar al estar con esa alta de mirada atractiva y cuerpo esbelto: primero agradecía su compañía, luego la odiaba con todo lo que tenía y, eso, terminaba pagándolo la chica morena que yacía en el suelo escupiendo pequeñas gotas de sangre. –¡Por favor! ¡Para...! –Su voz, desgarrada y llena de gallos, no podía hacer nada más que repetir esas palabras entre llantos dolorosos– ¡Sunny para! –¡Cállate! ¡Cállate, cállate, cállate, cállate, cállate! –Las patadas en su estómago aumentaron con las palabras y los arañazos y tirones en su cuerpo la dejaron prácticamente desnuda.            Un puñetazo en el pecho, un tirón de pelo, un empujón, otra patada en la espalda, un mordisco, otro arañazo, múltiples insultos,... y algo que se rompió. Algo que realmente dolió en ambas, una en su mano, la otra en su pecho. Tiffany agarró el tobillo de Sunny con las pocas fuerzas que le quedaban, su vista era borrosa, su mano temblaba, todo su cuerpo entero tiritaba de frío y miedo. ¿Dolor? No podía sentirlo, ya no. Agonía, eso sí, mucha, en su pecho, en su mente, en su boca,... Toda ella era un cuerpo agonizante, el dolor en su corazón era demasiado fuerte, se estaba ahogando. La rubia la miró sin ningún tipo de expresión en su cara, notaba como su mano palpitaba, dos de sus dedos se pusieron morados y el resto, rojos, se habían hinchado. Pensaba dejar a Tiffany allí, sola, en el suelo, para que muriera lentamente, se había desahogado con ella pero algo le prohibió mantenerse fría por más tiempo.            Esa respiración, la respiración de la morena, le recordaba demasiado a la suya cuando le venía un ataque. Su cuerpo reaccionaba de manera distinta a su mente, salía un instinto protector, un instinto que obligaba a sus brazos a cargar a la morena y llevársela hasta el hospital. Su cara mantenía una expresión neutra, no había sentimientos, podía preocuparse si quería pero el teatro empezaría al entrar gritando y con Tiffany en brazos, en busca de ayuda.            De la boca de la morena continuaba saliendo sangre, cada vez más, todo su pecho quedó rojo, la ropa que llevaba encima a modo de manta también, la tapicería del coche se tiñó de un negro brillante cuando la sangre hizo contacto con el cuero. ¿Diagnóstico? Múltiples arañazos, mordiscos, tirones de pelo, patadas y puñetazos, un brazo roto y dos costillas quebradas. Un pulmón levemente agujereado por el hueso fragmentado, una vida que estaba a punto de apagarse como no hicieran algo para ayudarla. –¡No quiero que muera! –La rubia comenzó a llorar mientras veía como se llevaban a la morena en una camilla hasta el quirófano de urgencias– ¡Ayudadla por favor!***            Esperó la llamada impaciente, pasó una hora, dos, tres,... Se preocupaba más a cada segundo, había notado diferente a Miyoung durante los minutos en que duró su última conversación. El crepúsculo brillaba con un naranja intenso, no quería esperar más, no quería esperar a que llegara la noche. Llamó nerviosa, abrigada con el albornoz, tumbada en su cama y con el cabello aún recogido. Hacía horas que había salido de la ducha pero debía esperar a su hermana a que regresara del trabajo para que pudiera vendarla correctamente.            Nada, no había respuesta. Insistió un par de veces más y, a la cuarta, alguien descolgó. Nadie contestó, Taeyeon soltó las palabras atropelladamente, nerviosa, triste... preocupada. –¡Te deseo! ¡Por dios déjame verte! Si no me llamas tú te seguiré llamando yo. –Es a mi mujer, a la que deseas, no? –Sonó una voz fría, tajante. Taeyeon notó como su sangre se helaba, de qué le sonaba esa voz? – Miyoung me pertenece, deja de llamarla. Sé quién eres; Jae no es tu verdadero nombre aunque tampoco me importa saber porque le mientes dándole nombres falsos. Si la desearas de verdad, le soltarías tu nombre y apellido. –¿Qué...? –Como sigas llamándola voy a denunciarte por acoso. –¡No mereces estar con Miyoung! –Tú tampoco... Taeyeon.            "Tuut, tuut, tuut". Llamada colgada. La bajita se había quedado con los ojos como platos, abiertos a más no poder, su boca estaba de igual manera y una palidez había teñido toda su piel. Hyoyeon logró sacarla de ese trance después de llamarla y zarandearla un par de veces. ¿Cuánto rato llevaba la rubia intentando recuperar la conciencia de su hermana? Demasiado tiempo para ser bueno. –Ni que hubieras visto un fantasma, qué ocurre? –Miyoung... Su mujer... Me conoce –Parecía estar en verdadero shock– ¿Quién es? –Y yo que sé, hace quince minutos que he llegado y no me respondías –Le tomó la temperatura– Estás fría, te sientes mareada? –N-No... –Estaba tan perpleja de la última frase que oyó que ni siquiera notó como su hermana le quitaba el albornoz y lo lanzaba sobre la cama.            Le aplicó una crema especial y rozó la cicatriz con sus dedos antes de vendarla. A Hyoyeon no le gustaba cuando la castaña no respondía más que con monosílabos y frases simples. Parecía que el espíritu aventurero que ella tenía se escondiera dentro de una cueva muerta de miedo. La niña que una vez fue, llena de miedos, dudas y torpeza salía en esas ocasiones. Pedía un abrazo, un consuelo, una caricia maternal en su espalda, unas manos tibias que la relajaran, que le quitaran ese frío interior. La rubia se volvía una madre y la más bajita, una niña asustada. –Esta mañana llamé a tu bufet, Yuri me dijo que habías vuelto a casa, pasó algo? –Nervios... –Agarró fuerte la bata de doctora que su hermana aún llevaba puesta y pegó su frente contra su pechos– ...ataque...            Definitivamente era otra. Hyoyeon no lograría sacarla de ese estado si no conseguía que se tomara una medicación más fuerte y cayera rendida en la cama. –¿Te tomaste los tranquilizantes que te di? –S-Si... dos. –¿Cuándo? –Hoy... mañana... –¿Esta mañana? –La rubia había acabado entendiendo el lenguaje que Taeyeon creaba cuando estaba en estado de shock– Tómate esto –Hyoyeon se separó del abrazo y buscó en su maletín, sacando un bote pequeño que contenía cinco pastillas del tamaño de una aceituna.            Puso una en un vaso con agua, esperando a que se deshiciera por completo, mezclando con una cucharilla para terminar antes. Dejó el vaso en su mesilla y vistió a la castaña con el pijama de color rosa que llevaba, sentándola en la cama y tapándola hasta las piernas para que se tomara la medicación. Se lo bebió de golpe, cerrando fuerte los ojos y moviendo la cabeza hacia atrás, como si quisiera separarse del vaso. –Sé que es asquerosa pero te ayudará.            Fuerte, potente. Era mejor no saber qué contenía esa pastilla, la cara de la bajita lo decía todo y el repentino sueño que invadió su cuerpo puso punto y final al estado de shock que sufría. Hyoyeon la tumbó, la tapó completamente y le dio un beso en la frente, acariciando su mejilla durante unos segundos. Debía saber qué le había pasado.            Miró el móvil, se la había encontrado con ese entre sus manos. Buscó en el historial de llamadas y probó de recuperar