Pasado (1/1)
CAPÍTULO 2 - PASADO Chillaba y chillaba, con la esperanza de que alguien entrara por la puerta y la salvara de aquella tortura. Cuando Sunny la ponía boca abajo debía recostarse en sus codos y rodillas y dejar a la merced de la rubia su cuerpo; tiraba de las esposas intentando romperlas o romper la parte de la cama donde estaba atada pero acababa hiriéndose las muñecas, las cuales sangraban de la presión ejercida por ella misma. Le dolía, siempre lo había hecho y si continuaba con ella lo continuaría haciendo hasta que su cuerpo ya no pudiera aguantar más dolor. Su respiración jadeante y el cuerpo sudado solo lo complicaban más, eso era un "me gusta" por la rubia que disfrutaba torturándola por detrás. Si, en esa posición del perrito solía tocarle por detrás, abandonando su intimidad. –Dime que has hecho con Kim, ¡dímelo! –¡Te juro que no he hecho nada! –¡Deja de mentirme! ¡Zorra! ¡Confiesa! –Le clavó las uñas fuertemente en uno de sus muslos y rasguñó su piel, arrancándole un poco de esta, dejándole unas visibles marcas rojas en su muslo derecho. –E-Está bien... Ella me hizo el amor... Me citó para quedar un día y era hoy –Su voz dejó de chillar, ahora simplemente hablaba en susurros– Por favor Sunny perdóname... Su cuerpo temblaba, del miedo, del dolor y del cansancio; comenzaba a verlo todo borroso de los esfuerzos que debía hacer por aguantar tantos golpes. Su respiración entre-cortada la estaba hiperventilando y con una última y brusca embestida que recibió, se desmayó en la cama.*** La morena esperaba algo impaciente apoyada en el capó de su coche, necesitaba decirle algo importante a Jessica y no quería tener que esperar mucho más, cuando más rápido lo dijera, mejor. –¡Yuri! –La voz de la rubia le hizo voltear, sonriéndole levemente– ¿De qué me querías hablar? Parecías preocupada... –Bueno, no sé cómo explicarte esto... –La morena se puso una mano tras su nuca y bajó un poco la mirada. –Hay otra, ¿verdad? Había dado justo en el clavo, Yuri hacía un mes que había empezado una relación con otra chica y se sentía culpable por estar engañando a Jessica, diciéndole que todo estaba bien y que ella era la única que ocupaba su corazón. Suspiró y asintió levemente, esperándose algún grito o bofetada por parte de la rubia, aún así, eso nunca apareció, sino todo lo contrario. Jessica la abrazó. –Es mejor así... supongo –Su voz intentaba controlar el llanto. –P-Pero... ¿no estás enfadada? –¿Para qué enfadarme si podemos continuar siendo amigas? Lo veo estúpido –Le regaló una pequeña sonrisa y se frotó los ojos que querían soltar unas lágrimas dolorosas– Porque... podremos seguir siendo amigas, ¿no? –Claro –Yuri le sonrió de la misma forma, abrazándola ahora ella. –¿Cómo se llama la afortunada? –Yoona –Una tonta sonrisa se le formó en los labios, sabía que eso le dolía a Jessica pero no podía evitarlo– Sica... En serio, siento terminar así contigo pero no quiero hacerte más daño... –¿Ella sabe algo de mí? –No. –Mejor. –¿Mejor? –¿Qué pensará de ti si sabe que su ex era una dama de compañía telefónica? –No lo sé... Espera, ahora que dices eso... Tengo una compañera en el trabajo que cree haberse enamorado de una chica que también tiene el mismo trabajo que tú, ¿no hay nadie que se sienta algo acosada?*** Cayó la noche y con ello seguidamente comenzó a despuntar el día. Tiffany abrió lentamente los ojos, viendo que estaba sola en esa habitación. Seguía en la mismo posición que cuando perdió el conocimiento y un fuerte dolor en sus muñecas le hizo quejarse con un leve gemido. Miró la habitación y encontró la llave en una mesita que estaba cerca de ella, inclinó la cabeza hacia la izquierda y con el mentón intentó acercar la pequeña llave, agarrándola con los dientes y quitándose las esposas. Sunny seguramente estaba en el trabajo o perdiendo el tiempo en algún local si no tenía ningún caso pendiente. Tiffany sentía que todo su cuerpo dolía. Se quitó las esposas suavemente y se fue directamente al baño a curarse, abriendo el pequeño botiquín y buscando unas vendas y alcohol para poder curarse esas heridas que rodeaban sus muñecas como pulseras de sangre seca. –Ah, escuece... –Se mordió un poco el labio inferior y al terminar de vendarse las muñecas se quedó mirando su cuerpo en el espejo, comprobando si tenía alguna otra marca. Una mirada triste se posó en su omóplato derecho al ver que al final Sunny había hecho lo que le dijo si volvía a encontrarla con otra mujer, tatuar su nombre con una caligrafía perfecta, manchando su piel con esa espesa tinta negra. Por mucho que se lo tocase, no iba a irse; sentía un leve relieve entre esas letras, suponía que era porque hacía poco que lo llevaba, pero para ella era como si lo hubiera llevado tatuado dentro durante todos esos años. Un leve mareo hizo que se agarrara al lavabo del baño, acercándose más al espejo y aprovechando para curarse un pequeño corte que tenía en su pómulo izquierdo, producto de una de las bofetadas que le dio Sunny, clavándole su anillo.
Tambaleó hasta su habitación y buscó algo decente con qué vestirse. Se dirigió seguidamente a la cocina y una mueca de decepción se dibujó en su rostro al ver que la nevera estaba completamente vacía, parecía que la rubia quisiera matarla de hambre si no es que lo conseguía antes a base de golpes. Será cuestión de ir a alguna cafetería... Tragó saliva y se fue, cerrando suavemente la puerta de esa enorme casa y caminando lentamente hasta el centro de la ciudad. Eran tan solo las siete de la mañana, debería esperarse a que algún bar o local abriera sus puertas y pudiera servirle un buen desayuno.*** Después de desayunar se lavó los dientes y se vistió como cada domingo, preparada para salir a correr por la ciudad antes de que se llenara de pitidos y murmullos. Una camiseta blanca vestía su torso de forma sencilla junto con sus pantalones de ciclista negros que le llegaban hasta las rodillas. De calzado llevaba unas cómodas deportivas negras y su cabello estaba recogido en una cola alta rodeada por una diadema que prohibía que el sudor bajase por su frente. Hizo unos cuantos estiramientos y bajó las escaleras dando saltitos, mirando a ambos lados de la calle antes de cruzar y encender su móbil para perderse entre el mundo de la música y su agitada respiración con el footing de cada mañana.
Taeyeon era una clásica en sus costumbres, comenzó a hacer ese tipo de deporte a los catorce años con su padre y ahora lo continuaba ella sola, a sus veinticuatro años y con la ruta que más le gustaba. Dependiendo del día, corría por un lugar u otro, ese domingo tocaba recorrer los parques más bonitos de Seúl, algunos eran completamente preciosos, bellos jardines públicos de los que solo se podía gozar verdaderamente de ellos con los primeros rayos de sol. Recorrió dos parques, iba a dirigirse hacia el tercero cuando la música se terminó y un ruido la atrajo hasta otro lugar. Pensó que era un gato buscando entre los cubos de basura pero un leve quejido humano le dijo que eso no podía ser un animal; fue calmando su agitada respiración y se acercó al callejón quitándose los cascos y guardándolos junto con su móbil en el bolsillo de los pantalones ciclistas. –¿Hola? –...a-ayuda... –La castaña entrecerró los ojos para fijar la vista y los abrió de golpe al ver que era una mujer, la misma que había llevado el día anterior a la casa del mismísimo diablo. –¡Oiga! ¿Señorita se encuentra bien? –Le agarró uno de sus brazos y lo pasó por detrás de sus hombros, agarrándola de las caderas, intentando que se incorporara– ¿Puede andar? –S-Sí... –Tiffany soltó un suspiro e intentó seguir los pasos algo rápidos de Taeyeon. La castaña llamó a Yuri, disculpándose por lo temprano que era pero a la misma vez, suplicándole que viniera, insistiendo que era muy urgente. La morena no tardó ni cinco minutos. –¿Qué ha pasado? –No lo sé, me la he encontrado tirada en la calle. –¿Qué hacemos, la llevamos al hospital? –Con cuidado la tumbaron en el sillón trasero del coche y Taeyeon se sentó en el asiento del copiloto. –No. –¿No? –Llévanos a mi casa. –¿Segura? Parece herida. –Yo la curaré, es mejor que esté en mi casa. –¿La conoces? –La morena comenzó a conducir. –Más o menos... Ayer casi la atropello y la dejé en casa de... Lee. –¡¿Eh?! –Yuri volvió a meter un frenazo igual que el del día anterior, bajando la voz en un susurro– ¿En casa de Sunkyu? –Sunkyu dijo que era su mujer pero... –¿Pero? –Pero vi como la pegaba... Creo que esta chica debería denunciarla, eso sería un fuerte golpe para Sunkyu. –Sí pero si ella no da el primer paso nosotras no podemos interferir, ya lo sabes Tae. –Lo sé Yuri, lo sé. Llegaron a casa de la castaña y tumbaron a la chica en su cama, acomodándola mientras Taeyeon iba a buscar algo para darle de comer y una pomada que le ayudaría a cicatrizar mejor las heridas que tenía. Yuri se despidió de ella y le dijo que si volvía a necesitarla que la llamara. –Cuando nos veamos en el bufet te contaré algo. –Está bien, hasta mañana pues.*** Abrió los ojos lentamente, clavando su vista cansada en el techo de esa habitación. Había un orden impecable en la estancia, parecía que todo estuviera medido con una regla para una simetría perfecta. Tiffany llevaba una toalla húmeda en su frente. Lentamente se la quitó y se sentó en la cama, viendo que estaba desnuda. Esa no era su casa, ¿dónde estaba? Tragó saliva y se tapó con las sábanas al oír unos pasos que se acercaban. –Tú... –¿Cómo te encuentras? –Algo mejor... ¿Qué ha pasado? –Te encontré medio inconsciente en un callejón y te traje a mi casa, pensé que era mejor que llevarte a un hospital –Vio que la morena se miraba las muñecas y su cuerpo por debajo de las sábanas– Te he curado las heridas, aunque lamento lo del tatuaje, eso solo se va con láser y aún hoy es difícil borrarlo sin que queden marcas. –¿Cómo sabes...? –No sé cómo te llamas, pero tú y yo hemos compartido un dolor que aún hoy tú sigues viviendo –Taeyeon se quitó la camiseta y apartó sus cabellos, girándose y mostrándole la misma marca que Sunny había dejado en el débil cuerpo de Tiffany. –Tú... ¿también? –Estuvo a punto de matarme –Volvió a vestirse– Estuve en coma durante seis meses y cuando desperté vi esa marca. –Pero tú tienes dinero... podrías quitártela. –Es algo secundario, mi vida está casi siempre llena de casos y los domingos las tiendas están cerradas así que nunca encuentro un hueco en mi agenda. Tiffany se acurrucó y comenzó a llorar, dejando descolocada a Taeyeon que simplemente se sentó a su lado y le acarició los cabellos, bajando sus dedos hasta el relieve del reciente tatuaje. –Es tu culpa... –¿Mi culpa? –Si Sunny no te hubiera visto yo no habría terminado así... –Pues tómate mis cuidados como una sincera disculpa, realmente nunca tuve la intención de hacer que ella te golpeara de esa manera. Sé lo que se siente, ¿por qué no la denuncias? –Ella es mi protectora... –¿Y te protege de esta manera? No lo entiendo. –Tampoco debo explicar mi vida si no quiero, ¿no? –Claro que no, pero me preocupa qué puede pasarte si sigues con ella. ¿Por qué no vienes a vivir conmigo?