Conociendo a un Demonio (1/1)
CAPÍTULO 1 - CONOCIENDO A UN DEMONIO Estaba nerviosa, su mano temblaba levemente mientras marcaba ese número. Tragó saliva y se sentó en el sofá de su salón, un sofá de color crema que tenía tres cojines rojos como decoración, agarró uno de estos y lo abrazó con fuerza, mirando un punto muerto del suelo. Esperó a que alguien cogiera la llamada, cuando iba a separarse del teléfono, una voz le llamó la atención. –Hola cariño, ¿en qué puedo ayudarte? –Era ella otra vez. –Miyoung, soy yo. –Oh, mi querida cliente VIP, ¿qué deseas? –Que me excites... –Antes de terminar la frase, ya tenía la mano colada dentro de sus shorts azules. –Estás caliente, ¿verdad? –Mucho... –Soltó un pesado suspiro y cerró los ojos, relajándose. Ya había perdido la cuenta de cuantos días llevaba llamando a ese mismo teléfono con la esperanza de poder escucharla. Cualquiera que supiera de su historia, la tacharía de demente o quizás de obsesionada. Lo hizo una vez para probar, sentía curiosidad; lo hizo una segunda vez porque se sintió querida por alguien, a pesar de que sabía que cuando colgase todo quedaría en un recuerdo; a la tercera vez... Bueno, ella misma se nombró obsesionada de esa voz. No sabía qué cara tenía la chica que le estaba dando placer solo con palabras, pero esa voz entró en sus oídos como una melodía angelical, como una bella canción prohibida, como un canto de sirena...
Sí, obsesionada era la palabra que definía ese sentimiento que rondaba por su corazón y estómago, haciéndole estremecer cada célula de su cuerpo al oírla. Un gemido de sus propios labios la sacó de sus pensamientos turbios, Miyoung, así le dijo que podía llamarla, sabía qué palabras usar para excitarla de sobremanera; podía ir rápida y ser directa o podía ir lenta y torturarla con preguntas que le obligaban a hablar para continuar. En esa ocasión, fue rápida. –Cielo, ¿ya terminaste? Hoy estabas muy caliente como para acabar tan rápido, ¿no? –Soltó una pequeña risita que hizo estremecer a la clienta. –Miyoung, quiero verte, déjame verte. –Eso no puede ser, amor –Estaba tan acostumbrada a su trabajo que las palabras cariñosas salían automáticamente, era como si se hubiera aprendido un guión. –Déjame conocerte en persona, vivimos en la misma ciudad, podemos conocernos. –Lo siento querida, pero no se pueden tener relaciones íntimas con los clientes, solo podemos charlar por teléfono. –Por favor Miyoung, me gusta tu voz, debes de ser una mujer preciosa. –Cariño, lo siento de veras pero no puedo hacer más que hablar contigo. No insistas –Esa no era la primera vez que la chica le pedía para verse, lo había intentado en tantas ocasiones que había perdido la cuenta de ello. En cafeterías, bares, restaurantes, parques y demás, eran los lugares donde ella acostumbraba a citarse con la misteriosa Miyoung; pero nunca aparecía. Se esfumaba como el viento, parecía que solo fuera una voz dentro del teléfono que la volvía loca. –En serio, no insistas –Suspiró pesadamente– ¿Quieres seguir o te cobro ya la llamada? –Cóbrame la llamada... Por hoy has ganado tú, pero no pienso rendirme –Susurró eso último, con la esperanza de que Miyoung no lo hubiera escuchado. Su voz desapareció, dándole entrada a un contestador automático que le avisaba del coste de la llamada. Colgó, no tenía ganas de ir al trabajo pero tenía un caso que resolver, era un juicio bastante importante y no podía faltar.
Se levantó y se dirigió al baño, seguidamente se cambió de ropa poniéndose unos pantalones negros algo ajustados, unas botas altas y una camisa blanca; tomó su carpeta y se dirigió a los juzgados. Prefería ir a pie, airear un poco su cabeza llena de turbios pensamientos; era mejor no pensar en ella... –¡Hey, Tae! –Un pitido y un grito la sacaron de sus pensamientos– ¿Quieres que te lleve? –Hm... está bien –La bajita se dirigió al coche y se subió en el asiento de copiloto, sonriéndole a su compañera de oficio, Yuri. –¿Hoy tienes ese caso tan difícil? –Sí... No sé si saldrá bien, tienen una de las abogadas más buenas de todo Seúl. –Tae, tú también eres de las más buenas. –Si pero ella es Sunkyu, Lee Sunkyu. –¡¿Eh?! –La morena frenó de golpe, parándose a escasos centímetros de una chica que intentaba cruzar la calle. Un poco más y la habría atropellado– ¡¿Lee Sunkyu?! ¿Esa rubia del demonio? ¿Esa bajita infernal? ¿Esa cascarrabias tan buena en los juicios? –Sí, la misma. Y deja de describirla así, ella está siempre un paso por encima de mi así que tampoco puedo decir mucho... Lee lleva las acusaciones contra mi cliente, yo impartiré la defensa. –Bueno, seguro que ganas. Siempre has defendido los clientes hasta el último detalle y que yo sepa nunca has perdido un caso, incluso el primero lo ganaste. –Nunca me he enfrentado a Sunkyu, la verdad es que me da miedo, estoy algo asustada. –Hey, hey, hey, esta no es la Tae que yo conozco. Entrarás ahí, impartirás la mejor defensa del mundo y derrotarás a Sunkyu. Ella es buena pero tú más. –Ella es muy buena –Remarcó el "muy" para que Yuri se diera cuenta de que, por muy buena que fuera Taeyeon, Lee Sunkyu podía ganarla fácilmente– Nunca me he enfrentado a ella, te lo repito. –Bueno, algún día tenía que ser el primero. ¿Quién tiene ella de cliente? –Una histérica que asegura que mi cliente la violó varias veces y la pegó –Suspiró, esos casos la cansaban muchísimo, prefería evitarlos, pero ese hombre le vino con lágrimas en los ojos y verdaderamente le pareció inocente con su mirada. –Vaya... ¿Y tú qué crees? –Que necesita dinero y no sabe cómo conseguirlo. ¿Qué mejor manera que metiendo a su marido a la cárcel y cobrando dinero por daños inexistentes? –Oye, oye, parece que me estés juzgando a mí, no empieces a hablar como la temida abogada Kim antes de tiempo. Taeyeon sonrió, Yuri siempre conseguía animarla con sus comentarios algo estúpidos pero verdaderos. La morena aparcó y al salir rodeó los hombros de la bajita con uno de sus brazos, sacudiéndola levemente como si fuera una manta que tuviera que quitarle el polvo. –Venga que seguro que todo irá bien. –Eso ya lo veremos –Una dulce pero potente voz las hizo girar, encontrándose con la mejor abogada de Seúl. Lee Sunkyu– No te lo voy a poner fácil, Kim.–Yo tampoco, Lee. Si las miradas matasen, ellas dos habrían terminado en el suelo en cuestión de segundos; la más bajita de las tres llevaba una camisa blanca con una fina chaquetita negra por encima y una minifalda del mismo color que dejaba al descubierto sus bien formadas piernas. Eso no pasó por alto por Taeyeon; antes de que fuera deamsiado indiscreta tuvo que apartar la mirada para no quedarse embobada en esos muslos que se descubrían por debajo de la falda. –¡Ya verás! Taeyeon te ganará. No ha perdido ningún caso –Sentenció Yuri, intentando meterle algo de miedo en el cuerpo a Sunkyu. –Yo tampoco he perdido ningún caso, solo me falta ganar uno contra ti, Kim –Sonrió victoriosa, tenía la certeza de que iba a ganar– Nos veremos las caras dentro de poco, espero que lleves una buena defensa para mantenerme distraída. Últimamente ningún caso está a mi altura. Y dicho esto, la rubia se fue meneando las caderas descaradamente para que Taeyeon y Yuri se fijaran en ella. Si algo tenía Lee Sunkyu era que, aparte de su fama por ser una de las mejores abogadas de Seúl, su cuerpo era uno de los más deseados. Podía ser bajita, pero trabajó para una revista de modelos unos cuantos años y obtuvo la fama de "La abogada más deseada", jugando con el título tanto por su trabajo como por esos años en los que estuvo posando. Era otra manera de pagarse sus estudios, debía aprovechar su candente cuerpo y además, le gustaba jugar con las miradas y comentarios con doble sentido.
En definitiva, era una diosa de la discordia y el deseo que había bajado a la Tierra para devorar las almas de los pobres que caían en sus garras. –¡Hey Tae! ¡Despierta! –Yuri le dio unos golpecitos en la mejilla para que reaccionara– Dios, ¿te has quedado mirando su trasero? –¡Ella lo puso casi delante de mí! –Intentó disculparse, señalando con ambas manos la rubia de cabello corto que se alejaba a pasos descaradamente calientes. –Venga, vamos, faltan solo cinco minutos antes no empiece el juicio –La morena la agarró por el brazo y la arrastró hasta la sala de juicios número tres– Tae, necesitas una novia. –En realidad... Estoy enamorada de alguien. –¿De quién? –Yuri buscó su carpeta, entregándole los papeles con la información sobre ese matrimonio que quería separarse por presunta violación y golpes. –Si te lo digo me tratarás de demente. –Mujer, no será tu hermana, ¿no? Hyoyeon es muy guapa pero... –No idiota. Es una... –¿Una? –Espera, estoy buscando la palabra –Se rascó la cabeza, intentando buscar un sinónimo– No es una prostituta pero casi. –¿Cómo que una prostituta? –Es como una... dama de compañía pero en teléfono. –Ah, ¿te refieres a una de esas chicas de las líneas eróticas? –Exacto. –¿Y cómo es? –No tengo ni idea –Taeyeon soltó una risa tonta. –¿Cómo que no tienes ni idea? ¿Cómo puedes enamorarte de alguien que ni siquiera has visto? –Es su voz... –¿La voz? –Su voz me vuelve loca, creo que me estoy volviendo majareta. ¿Es posible que alguien se enamore de una voz? –Entraron en la sala del juicio, sentándose de lado ya que Yuri la ayudaba en bastantes casos. Era su mano derecha. –Mujer... No sé... ¿Tiene una voz bonita? –Más bien diría que es una voz sexy... Yuri, necesito conocerla. –Pero... ¿Y si luego no es cómo te pensabas? –Bueno, pues habré llevado un disgusto y ya está, podré olvidarla si no es como yo pensaba. Pero para ello primero necesito verla. –Q