Capítulo Treinta y Siete (1/1)

—No ha estado tan mal —dijo Taeyeon dando marcha atrás al Jeep.   —A mí me ha gustado. Tu familia es muy agradable —afirmó Tiffany mirandoa través de su ventanilla a medida que la casa de los Kim se perdía devista.   —Pero no había necesidad de que mamá sacara los álbumes de fotos, sobretodo el de cuando éramos bebés.   —Eran muy bonitos, sobre todo las de cuando los bañaban —dijo Tiffany,aunque el predecible tono irónico de su voz no apareció.   —¿Estás preocupada por algo? —aventuró Taeyeon.   —No, es que tengo muchas cosas en la cabeza —surgió la evasiva respuesta.  Por supuesto, aquello no satisfizo a la escritora en absoluto, sobre todocuando advirtió que Tiffany tenía la mirada perdida.—Hablar ayuda, ¿sabes?—   —Ya, no, sólo necesito aclarar algunas cosas.—  Estaba claro que Tiffany no quería compartir aquello.Taeyeon intentó iniciaruna conversación dos veces durante el trayecto, pero desistió al no sacar ala joven más que un par de monosílabos.Al legar a casa, Tiffany le dio lasbuenas noches y desapareció en el interior de su habitación, dejando aTaeyeon con la intriga de qué es lo que habría pasado en casa de su madrecomo para haber afectado hasta tal punto el humor de su amiga.   * * *  R-r-r-rrrr, click. R-r-r-r-rrrr, click. ―Maldita sea, ¿Por qué no arrancas?,―apretando sus manos contra el volante,Tiffany giró la llave para devoloverla a la posición de apagado yvolvió a intentarlo.En ésta ocasión el Omni arrancó, no sin un granestruendo y una nube de humo. Había sido un buen día en el trabajo, perosalir y pasar diez minutos intentando arrancar el coche había hecho que aTiffany le cambiara el humor considerablemente.Cuando estuvo finalmente segura de que su chatarra seguiría encendida,  puso la marcha y salió del aparcamiento.  Las manzanas iban pasando mientras la rubia pensaba en losacontecimientos del día. Depués de seis semanas de sudor, los trabajos derestauración del edificio estaban casi terminados. Cuando Donghae la habíamandado llamar a su oficina antes del final de la jornada, Tiffany temió quefuera a decirle que ya no había más trabajo para ella.Para su sorpresa,la había llamado para asegurarse de que quería trabajar con él en el próximoproyecto de restauración de una vieja escuela situada en unos apartamentosde renta baja. En compensación le aumentó en un dólar la hora por suflexibilidad y buena voluntad a la hora de aprender nuevos trabajosminimizando el tiempo laboral. Para algunas personas cuarenta dólares extraa la semana no era mucho, pero para Tiffany significaba que podíapermitirse pagar sus sesiones de terapia sin tener que pasar por encima deotras facturas o tener que trabajar demasiadas horas fuera de su horariohabitual.  Y esas sesiones con Jessica Jung se habían vuelto más importantes concada semana que pasaba. Tiffany todavía rehusaba asistir al grupo de ayudaa las mujeres de los martes por la noche, pero se encontraba máspredispuesta a hablar de sus sentimientos con la terapeuta. Hablar sobre elpapel jugado por su padre era todavía difícil, y a menudo terminaba conTiffany intentando controlar su enfado o, en raras ocasiones, sus lágrimasbajo control. Aún entonces, aquello siempre significaba una larga noche paraTaeyeon y Tiffany, hablando con su mejor amiga de lo que había ocurrido en lasesión de terapia.A Taeyeon no parecía que le importaran las largasconversaciones, llegando incluso a preguntarle a Tiffany por ellas cuandosabía que había tenido una ese día. Para las dos mujeres se había convertidoen un hábito y solían sentarse cada una a un extremo del sofá con sus piescompartiendo el espacio libre del centro.Esto lo hacía más fácil paraTiffany, dándole el espacio que necesitaba pero estando lo suficientementecerca en caso de necesitar un abrazo cuando el dolor era demasiado grande.  Conduciendo por la autopista, Tiffany dejó a sus pensamientos derivar en larelación que ella y Taeyeon compartían. Desde que su conversación con Helen le abriera los ojos, Tiffany se encontró a sí misma muy interesada en lapresencia y acciones de su compañera de piso.Nunca había algo sexual o romántico en la forma en que Taeyeon la trataba,  pero Tiffany era conscientede la afección y cercanía que se había construido entre ambas.Sabía que eran las pequeñas cosas. Una caricia casual sobre su hombro cuando laescritora pasaba por su lado, la cena preparada para ella cada noche, lastardes juntas en el sofá viendo la televisión, o sentadas en el escritoriotrabajando en los exámenes para el GED.Tiffany incluso podía jurar haber sentido una vez los labios de Taeyeon besarle la cabeza durante la intensacharla de una de sus sesiones donde había buscado la seguridad del abrazode la escritora para dejar escapar las lágrimas, que de otro modo senegaban a caer. Lejos de sentirse molesta por la creciente cercanía, Tiffany se encontró a símisma sintiéndose de acuerdo con ésta. Disfrutaba de los partidos debaseball y de los inevitables viajes al bar después de éstos. Cuando Jiwoongse marchó a la universidad, Tiffany fue con Taeyeon para desearle buenasuerte, aceptando incluso un abrazo del joven y revolviéndole el pelo como sifuera su propio hermano pequeño. Desde que tenía que comenzar a trabajarmuy pronto por las mañanas, ella era normalmente la primera en levantarse yde asegurarse de tener listo café recién hecho para cuando Taeyeon sedespertara.Por supuesto, estaba también la forma en la que habían llegadoa un acuerdo sobre sus vastas diferencias y costumbres en cuanto alimpieza y orden. Tiffany se aseguraba de volver a dejar el periódico más omenos en orden y Taeyeon se aseguraba de no hacer ningún comentario a cercade las bragas que colgaban todos los días de la barra de la ducha parasecarse. Hoy era una noche especial y Tiffany solo hacía que sonreir y mirar elpaquete brillantemente envuelto en papel de regalo que había en el asientodel copiloto.Era el cumpleaños de Taeyeon y a pesar de lo ajustada de sueconomía, Tiffany estaba determinada a darle a su amiga el mejor regalo.Le había llevado varios viajes a diversos centros comerciales antes de pasarpor delante de un quiosco en medio de la alameda y ver el regalo perfectodescansando en lo alto de una estantería. Pensando un poco en el coste, loencargó, pagando extra por los artículos añadidos que también quería yesperando cerca de dos semanas a recibirlo. Tiffany quería elegir una bonitatarjeta, pero después de mirar más de una docena de ellas,no pudo encontrar ninguna que expresara cómo se sentía a cerca de Taeyeon.  Al finalse dio por vencida, decidiendo que un regalo siempre se apreciaba más queuna tarjeta de felicitación. Ahora, finalmente había llegado el momento desalir del coche y de dárselo a su amiga y, Tiffany se encontró sintiéndosebastante nerviosa mientras se acercaba al complejo residencial.¿Le gustaría realmente a Taeyeon?. ¿Sería mejor un cheque regalo?.Sacudiéndoseesos pensamientos de la cabeza, Tiffany guió el Omni al aparcamiento yapagó el motor, encuchando enfadada mientras éste continuaba haciendoruido y echando humo durante unos segundos antes de, finalmente, quedarseen silencio. Cuando entró en casa, Tiffany se extrañó de no ver a Taeyeon esperándolaabajo como venía haciendo durante las últimas semanas. El débil sonido de laducha llegó hasta sus oídos indicándole dónde estaba y Tiffany rápidamenteescondió el regalo entre el sofá y la biblioteca planeando dárselo después dela cena. Caminado hacia la cocina se sorprendió de que la cena no estuvieseni en el horno ni que hubiera signos de que Taeyeon hubiera cocinado nada.Confundida, Tiffany se sentó en el sofá.Taeyeon no le había dicho nada sobre cenar fuera. Escuchando apagarse la ducha, Tiffany asomó la cabeza por lasescaleras. ―!Estoy en casa!,― dijo cuando Taeyeon salió del baño. ―!Estaré abajo en unos segundos!,―respondió antes de que la puerta de suhabitación se cerrara.  Cuando Taeyeon bajó unos minutos después, Tiffany se sorprendió de verlavestir unos pantalones de deporte y una camiseta color lavanda con el doblesímbolo de mujer dibujados en ella. Ciertamente no era lo apropiado parallevar si iban a cenar fuera. ―¿Qué tal el trabajo?,― preguntó Taeyeon. ―Ocupada. Estamos intentando terminarlo todo para la primera semana deoctubre y creo que vamos un poco ajustados. ¿Tienes planes para la cena?.— ―Sí, pizza vegetariana del Coloso,―dijo Taeyeon y tomó su asiento habitual enel sofa apoyando sus pies descalzos en el centro y sonriendo por la cara quepuso Tiffany ante la propuesta.― Te ordené una suprema, sin anchoas, con peperoni y champiñones, además ordené una de queso también. Estarán aquísobre las siete.— ―¿Por qué tanta pizza?.―Ahora Tiffany estaba realmente confusa.  ―Los chicos van a vernir, y Jessica también. ¿No te lo comenté?.—  ―No.— —Siempre tenemos un pizza-fiesta para mi cumpleaños.Lo siento, debí olvidar mencionarlo.—  ―Oh, está bien. Solo pensé… bueno, no importa lo que pense,―dijo Tiffany.― Feliz cumpleaños de todas formas.—  ―Gracias. Jessica debería estar aquí en unos minutos y Heechul llamó.Llegarán tarde, pero estarán aquí alrededor de las siete y media.Recalentaremos la pizza si es necesario.—  ―Suena divertido.―Tiffany intentó que su voz sonara agradable, pero pordentro estaba incluso más nerviosa que antes.Una cosa era darle su regalo a Taeyeon estando solas, y otra muy distinta abrirlo en frente de todo el mundo.“¿Por qué no compraría un cheque regalo?”.― Si están a punto de llegar, será mejor que me cambie.― Iba a levantarse cuando fue parada por lamano de Taeyeon sobre su muslo.  ―Espera un minuto. ¿Estás bien?.Parece que algo te está preocupando.—  ―No,― mintio― Probablemente solo estoy cansada por el trabajo. Me daréuna ducha y me cambiaré. Bajaré en seguida.—  ―Hey, ¿Tiffany?.—  ―¿Sip?.—  ―¿Un nuevo color de pelo?,―dijo Taeyeon sonriendo.― No creo que el blanco y el rubio sea una buena combinación.—  ―¿Que?,―Tiffany miró hacia arriba estando más que segura de queencontraría varias manchas de pintura blanca del trabajo.― Debió de ocurrir cuando estaba haciendo el canto del techo. Tenía la brocha por encima de la cabeza la mayor parte del tiempo.― Consciente de la hora que era, se levantóy pasó a toda prisa por delante de Taeyeon en su camino hacialas escaleras.― ¿Me has dejado algo de agua caliente?.—  ―Mejor si tomas una ducha rápida, me temo,― dijo Taeyeon con tono dedisculpa.― He tenido que esperar a que terminara el lavaplatos para tomarla mía.—   Tiffany asintió con la cabeza, sabiendo que tendría que lavar su pelo antesde que se terminara el agua caliente o no podría quietarse los restos depintura. Lo último que quería era tener que mirar a la cara a sus mutuosamigos con restos de pintura blanca en el pelo. Mientras subía las escaleras,Tiffany levantó su brazo y aspiró suavemente, decidiendo que había algodefinitivamente más ofensivo con lo que no quería enfrentarse a sus amigos.Solo esperaba que el agua caliente durara lo suficiente.Tiffany terminó su ducha y justamente bajó las escaleras cuando el timbrede la pueta sonó.  ―Yo ire,― dijo Taeyeon.  ―!Feliz veintinueve cumpleaños!,- dijo Jessica cuando se abrió la puerta,dándole a su ex amante un beso en la mejilla y abrazándola con un brazomientras que con el otro sostenía el regalo de Taeyeon.  ―Gracias, cariño.―Taeyeon dejó el regalo en la mesa auxiliar y señaló el sofa.― ¿Quieres algo de beber?. La pizza no estará aquí hasta dentro dequince minutos más o menos.—  ―Sabes lo que me gusta,― dijo Jessica― Hola Tiffany.—  ―Hola Doc.—  ―Sientate,― dijo Taeyeon.― Tiffany ¿puedo traerte algo?.—  ―Estoy bien,― dijo sentándose en su habitual sitio en el sofá. Con unarápida mirada por el rabillo del ojo vió que su regalo todavía seguíaescondido de la vista. Jessica se sentó al otro extremo del sofá y lanzó loszapatos bajo la mesa.  ―¿Van a venir los chicos?,― preguntó Jessica.  ―Tarde, pero han dicho que vendrían. Sica, ¿zumo de naranja o refresco?.—  ―Zumo de naranja suena bien. Va bien con la pizza peperoni.― Jessica seinclinó hacia delante bajando la voz de modo que no la oyeran desde lacocina.― Bueno, ¿qué le compraste?.— Tiffany se movía inquieta. ―Bueno, um…solo algo pequeño. ¿Qué le compraste tú?.— ―Uh,uh, si tu no lo dices yo tampoco.― Jessica sonrió y se irguió antes deque Taeyeon apareciera por la puerta con dos vasos altos de soda en susmanos. Frunciendo el ceño, Tiffany miró hacia la mesa auxiliar donde habíauna caja de camisa plana y rectangular envuelta en papel rojo e intentóimaginar qué habría dentro.  ―Aquí tienes,―dijo la escritora ofreciéndole un vaso a Jessica y quedándoseella con el otro, sentándose en una silla.― Adivina quién llamó hoy.—  ―¿Quién?.—  ―Usa un posavasos, por favor.—  Jessica rodó sus ojos y cogió un posavasos.―¿Mejor?, ahora, ¿quién llamó?.—  ―Shelly,- dijo Taeyeon con una sonrisa.—  ―¿Shelly?, ¿quien es de ella?.—  ―Va a casarse…con un pescador de Alaska.—  Jessica dejó escapar un chillido y palmeó las manos.―No puedo creerlo. ¿Doña morena perfecta va a irse a vivir al congeladonorte?.—  ―Eso es lo que ella dice.―Taeyeon tomó un sorbo de su bebida. Le doy un añoantes de que empiece a artarse de los esquis y busque un lugar más cálido.  ―Nunca se sabe. Podría ser amor verdadero. Cosas más raras han sucedido.—  Tiffany, que no sabía de quién estaban hablando, silenciosamente las veíaconversar, mientras ella seguía temerosa por su elección del regalo. Perdidaen sus inseguridades, no se dio cuenta cuando Jessica se dirigió a ella.  ―Lo siento, ¿qué?.—  ―¿Cuándo?,- Jessica la golpeó en el hombro.- ¿En qué planeta estabas?.—  ―No es nada.―dijo Tiffany levantándose abruptamente.― ¿Alguien necesita algo de la cocina?.―La respuesta era obvia por los vasos llenos queJessica y Taeyeon sostenian.― Supongo que no. Ahora vuelvo.—  La cocina le ofreció a Tiffany el alivio en la botella de cerveza querápidamente cogió de la nevera. El timbre de la puerta sonó, anunciando lallegada de Heechul y de Donghae. Tiffany, vacilante, salió de la cocina, más queun poco preocupada porque su regalo no pudiera compararse con la gran cajaque cargaba Donghae en sus brazos.  La pizza llegó poco después, dándole a Tiffany un respiro antes de que elmomento llegara y Taeyeon se sentó en su sitio en el sofá. Donghae se sentó enla silla mientras que Heechul se sentó en el apoyabrazos. Tiffany se sentódonde habitualmente lo hacía, al extremo del sofá, su regalo todavíaescondido a un lado de la biblioteca. Jessica se sentó en el apoyabrazos allado de Taeyeon, dejando el centro libre para poner los regalos.Taeyeon abrió el regalo de Jessica primero, mirando con sorpresa y sacando dela caja la gruesa bata de felpa. Era de color crema, cosa que Tiffanyencontró muy bonita en contraste con el cabello de Taeyeon. Esta leagradeció efusivamente el regalo, estando de acuerdo en que una bata defelpa era bienvenida de cara al invierno que se aproximaba.  ―Nuestro turno,―dijo Heechul cogiendo la gran caja de donde estaba yponiéndola sobre la mesa de café.— Ahora, antes de que te excites por eltamaño de la caja, tienes que saber que lo de dentro no es tan grande.¡Vamos!, ábrela.—  ― El señor Remilgado y el señor Correcto aquí presentes, se han arruinadosu manicura buscando éste regalo,― dijo Donghae levantando su mano ypasándosela por su cabello para ordenarlo un poco.  Tiffany miraba mientras Taeyeon ignoraba el enorme lazo que lo envolvía ytiraba del precinto que cerraba la caja. A la escritora le tomó unos segundosencontrar el regalo escondido entre las bolas de papel de periódico. Cuandolo hizo, Tiffany se sorprendió de verla sostener un par de antiguas lámparasde pared.  ―Oh, son perfectas,―dijo Taeyeon dejándo una para poder examinar la otramás detenidamente. Personalmente Tiffany pensaba que eran horrorosas ydecidió que su compañera de piso tenía un extraño sentido de lo perfecto.― ¿Dónde diablos las  encontraron?.—  ―Bien, cuando te puse esas sencillas lámparas en la terraza, sabía que no tegustaba el estilo,― comenzó Donghae.  ―Y los grifos son un bonito detalle, ¿no crees?,― preguntó Heechul,obviamente orgulloso de su eleccion.― Vi un conjunto de lámparas en hierroforjado para poner junto al sofá, pero estaban muy vistas. Imagina misorpresa cuando las encontré en el fondo de una caja de un agente de unasala de exposiciones.—  ―Por supuesto te las instalaré antes de que venga el frio,― prometióDonghae.   Taeyeon parecía realmente encantada con su regalo y, reticentemente, lodevolvió a la caja antes de que todos los ojos se posaran sobre Tiffanyexpectantes.  ―Oh,―dándose cuenta de que era su turno, la rubia miró por encima delapoyabrazos y recogió su regalo acercándoselo tímidamente a Taeyeon ydeseando más que ninguna otra cosa haber comprado en su lugar el chequeregalo.― No sabía qué comprarte,―dijo a modo de defensa mientras Taeyeoncon mucho cuidado pasó el dedo por el pliegue del papel de regalo y lo quitó.  Ya no había donde esconderse, el regalo en madera y latón salió de la cajapara ser sostenído entre las manos de Taeyeon.Tallado en madera de cerezo, la sólida base sostenía las cuvadas letras delnombre de Taeyeon sobre ella.Cogida a ambos lados del nombre había unapluma a la izquierda y un tintero a la derecha. Un discreto saliente en latóndejaba espacio para poner el lápiz y el bolígrafo.  ―Es precioso,―dijo Taeyeon honestamente y visiblemente conmovida por lossentimientos.  Tiffany se encogió de hombros, segura de que su compañera de piso estabasiendo solo cortés.  ―Bien, tu eres una escritoria de misterio…lo ví y pensé que te gustaría.latón―  ―Me encanta,―dijo Taeyeon, acercándose y atrayendo a Tiffany paraabrazarla.― Es un regalo realmente precioso. Muchas gracias.―  ―De nada,―murmuró la rubia, todavía insegura a cerca de la sinceridad desus palabras.  ―Es muy bonito,―dijo Jessica, y los chicos asintieron en adición a suspalabras. Uno por uno tomó el saliente de latón destinado al lápiz y albolígrafo para estar de acuerdo en que era el regalo perfecto para suescritora de novelas de misterio favorita.  ―Qué noche,―dijo Taeyeon despidiendo a los chicos desde la puerta. Miró asu alrededor considerando seriamente esperar a la mañana siguiente parapasar la aspiradora. La caja donde venía la bata fue cuidadosamente cerraday puesta con las otras cajas en el armario. Una nunca sabía cuándonecesitaría una caja. El regalo de Heechul y Donghae fue guardado en su propiacaja, dejada a un lado y a la espera de que el constructor tuvira tiempo parainstalar las luces. Con la bata plegada sobre su brazo, y el accesorio deescritorio en sus manos, Taeyeon le ofreció otra sonrisa a su compañera depiso. ― Es realmente precioso,―dijó señalando el regalo de Tiffany.― ¿Qué te hizo pensar en ello?.―  Tiffany se alzó de hombros.―Realmente no sabía qué iba a regalarte. Vi uno de esos en la alameda ypensé que te gustaría.―  ―Nunca he visto uno con pluma y éste precioso tintero. Es único. Voy aponerlo ahora mismo sobre mi escritorio y así podré mirarlo cuando estéescribiendo.―Antes de que Tiffany pudiera reaccionar, Taeyeon usó su manolibre para acercarla y volverla a abrazar.― Es muy especial y me encanta.Gracias.―  Tiffany estaba sintiendose mejor en cuanto al regalo y sonrió cuando Taeyeonla soltó.  ―Estoy muy contenta de que te guste.―  ―Sí, mucho,―añadió la escritora, sonriendo por el sonoro bostezo de sucompañera, y gopeó suavemente a Tiffany en el hombro.― Bueno ya es tarde.― ―Suena como si fuera un plan,― estuvo de acuerdo la rubia.      CONTINUARA....✍(◔◡◔)