Capítulo Treinta y Seis (1/1)

La mesa rectangular cerrada daba lugar para seis comensales.Helen y Gail se situaron en los extremos, Taeyeon y Jiwoonga ambos lados de su madreyTiffanyjunto a su compañera de piso.  Cuando la familia Kim alargó lasmanos hacia quien tenían más cerca, la joven se vio con la guardia baja.  Jiwoong deslizó la silla para acercarse más a su tía y poder darle la mano. Esode dar gracias no era algo a lo que Tiffany estuviera acostumbrada, ytampoco había visto a Taeyeon hacerlo en casa. Aun así, tomó con ciertainseguridad su manoy la de Helen,  que quedaba a su derecha.Había una diferencia evidente entre las dos, tal y como pudo advertir. La piel de Taeyeonera suave  y sus dedos se entrelazaronmientras la escritora le acariciaba eldorso de la mano con el pulgar. Helen, por su parte, la agarraba con firmezay su piel era más áspera. Al ver que todos los demás habían inclinado lacabeza, los imitó, ahogando un suspiro de alivio cuando oyó hablar a Gail, yaque temía que tuvieran que rezar algo que ella no se supiera.    —Te damos gracias, Señor, por los bienes que vamos a recibir y por haberreunido a mi familia esta noche —comenzó Gail—. Gracias por traer a mihermana conmigo y haberme devuelto la salud.Bendice a la familia que no hapodido estar aquí hoy y vela por ellos así como velas por nosotros.Estamosfelices de tener a Tiffany hoyy te pedimos que la cuides a ella también.  Sorprendida, Tiffany levantó la cabeza y sintió un leve apretón decomplicidad en su mano izquierda.  Después, Gail terminó de dar gracias ytodo el mundo se soltó las manos.A pesar de que sintió alivio cuando loshuesudos dedos de Helen se apartaron de los suyos,encontró un frío desagradable en la mano que antes había entrelazadocon la de Taeyeon.  Para ser alguien que odiaba eso de que la tocaran y lo evitaba a toda costa,le desconcertó la idea de que parecía no importarle que fueseTaeyeon quien lo hiciera.    De hecho, al imitar los movimientos de los que la rodeaban, pasandoplatos y recipientes por toda la mesa para servirse, Tiffany se encontróechando furtivos vistazos hacia su izquierday mirando a Taeyeon por el rabillo del ojo.  La escritora se encontraba interrogando a Jiwoong en aquel preciso instantesobre qué asignaturas pensaba coger para el primer semestre, permitiendoque la rubia la mirara sin que nadie se diera cuenta… aparentemente. Si hubiera echado un vistazo a su derecha,hubiera descubierto los ojos dehalcón de Helen captando cada movimiento y cada mirada. Taeyeon llevaba el cabello un poco más largo de lo habitual y las puntas empezaban a ondularsea la altura de su cuello.Debido a la multitud de botes de champú que habíaen el cuarto de baño,Tiffany sabía que el pelo de Taeyeon tendía a volversequebradizo.  Se le ocurrió entonces que su amiga no era la única quenecesitaba hacerle una visita al peluquero, ya que sus áureos mechonesempezaban a rebelarse contra su voluntad, y se planteó probar un corte másradical. Seguramente le facilitaría las cosas en el trabajo, ya que no tendríaque preocuparse de hacerse colas de caballo todos los días.  Dejando a un lado ese asunto, siguió adelante con el tema…Las cejas de Taeyeon, que mostraban una tendencia imbatible a juntársele por encima de lanariz y justificaban la eterna presencia de un par de pinzas junto a loscepillos de dientes.Un ligero abombamiento en el puente delataban la ideade Taeyeon, tiempo atrás, de desafiar las leyes de la física y lanzarse a lomosde su bici cuesta abajo sin ni siquiera poner la mano en los frenos.  Tiffanysabía además que su compañera de piso había salido de aquella con unamuñeca rota, aunque no le habían quedado secuelas.  Dándose cuenta de que había pasado de lanzar miradas furtivasa mirarla fijamente, Tiffany se sonrojó y devolvió su atención al plato que tenía delante. A continuación alabó la comida, sin dirigirse a nadie en particular, yadvirtió felizmente las sonrisas de Gail, Jiwoong y Taeyeon, responsables deldelicioso producto culinario que estaban disfrutando.  —Y dime, Tiffany —comenzó Helen—. ¿Ya sabes por quién vas a votar?—  —Pues… no, todavía no —mintió la chica a sabiendas de que se refería a laspróximas elecciones. Tenía pensado votar por los demócratas, pero dado quela madre de Taeyeon era republicana no estaba por la labor de suscitar unainterminable discusión sobre el tema.  —Tía Helen, ya sabes que política y religión no suelen terminar enconversaciones agradables —dijo Taeyeon con tono de fastidio. Tiffany sospechaba que la escritora estaba intentandopor todos los medios evitartemas que fueran a causar controversia entre las dos hermanas.  —Mis amigos y yo solemos hablar de política y no pasa nada —protestóHelen antes de suspirar—. Pero supongo que se puede encontrar un temamenos problemático.¿Creéis que los Yankees tienen algo que hacer esteaño?—  Jiwoong pareció dar un bote en su silla.  —¿Estás broma? Con el jugador en corto que tienen seguro que se metenen las eliminatorias. No se le pasa ni una.—  —Pero no puede atrapar las que van por encima de la valla, y me da que losMets son el único equipo de Nueva York que veremos en la post temporada —dijo Taeyeon—. Tienen a siete en la alineación inicial con más de trescientosbateos y casi estamos en septiembre.—  —Eso es porque están en la Liga Nacional, y ahí no hay buenos lanzadores —contraatacó él, acuchillando un pedazo de pollo—. Los Bronx Bombers van a subir, ya verás.—  —Nunca podré entender cómo es posible que mis hijos hayan crecido en unhogar que adora a los Red Sox y sean fanáticos de los equipos neoyorquinos —afirmó Gail con aire frustrado. Acto seguido, miró a Tiffany—. Deberías haberla visto en el ochenta y seis —dijo, refiriéndose a Taeyeon—. Su padre aún vivía y estábamos viendo el sexto juego. —Sus ojos parecieron perderseen la nada a medida que recordaba la anécdota—. Deberías haberla visto.Los Mets estaban a punto de perderlo todo, era el último out y su padreestaba en éxtasis. Taeyeon se quedó allí sentada poniéndose y quitándose sugorra de los estúpidos Mets.—  —Pero ese año ganaron, ¿no? —preguntó Tiffany .—Sí, pero sólo porque el primera base de los Red Sox dejó que la pelota lepasara entre las piernas —afirmó Jiwoong. Al mirar a su izquierda,Tiffany advirtió la sonrisa de Taeyeon.  —En el amor, la guerra y las ligas mundiales todo vale —dijo ésta—. Papá se pilló un buen cabreo.No le había visto soltar tantos tacos en mi vida, peroyo me pasé un buen saltos pegando botes por la sala.—  —Y a tu padre no le hizo gracia que le quitaras el periódico a la mañanasiguiente y le obligaras a leer el titular de la sección de deportes —dijo Gail con un tono de reproche en su voz.  —Era adolescente, mamá —se defendió Taeyeon al tiempo que su sonrisa seborraba en un segundo.  —Pues claro que sí, calabacita —dijo Helen—. ¿Y tú qué, Tiffany?¿Qué equipo te gusta?—  Tiffany sospechó que a nadie le importaba realmente qué equipo le gustaba ole dejaba de gustar, pero Helen tan sólo estaba intentando meterla en laconversación. Dejó el tenedor a un lado y se tomó un segundo para limpiarselos labios con la servilleta.  —La verdad es que no soy muy aficionada al béisbol.—  —Te sugiero que adoptes a los Mets si no quieres salir malparada —dijo Jiwoong—. Sobre todo porque van primeros y sólo quedan diez partidos parala temporada regular. Si llegan a las eliminatorias, te juro que mi hermana nose despegará de la televisión mientras estén jugando. —Con un guiño burlesco, miró de soslayo a su hermana antes de seguir hablando  —. En cualquier caso,si te pones a animar a cualquier equipo que juegue contraellos, verás cómo se pone Taeyeon.—  —No le des ideas, hermanito —le advirtió Taeyeon.  —¿Y por qué no? —bromeó él—. Necesitas a alguien que te toque un poco lasnarices ahora que no voy a estar yo. —Sonrió con aire triunfal, recibiendo otra de su hermana.  —Tú sigue así y te mandaré un virus por mail —le amenazó Taeyeon .—Y yo escribiré tu teléfono en todos los lavabos de la facultad —contraatacó él con aire divertido.  —Bien, dejenlo ya —les amonestó su madre—. Te juro que es como cuando eran pequeños —le dijo a Helen, quien asintió reconociéndolo.  —¿Por qué crees que nunca los invitaba a los dos juntos a visitarme? —preguntó Helen—. No soy tan tonta.—   Tiffany escuchó la conversación que se desarrollaba ante ella. No era capazde recordar una cena tranquila con su propia familia, puesto que solían serfrente a la televisión de la sala, con Michelle, mientras su madre dormía laborrachera. En ocasiones especiales, como Acción de Gracias o Navidad, supadre acababa soltando gritos disparatados al miembro de la familia quehubieran ido a visitar y terminaba con una discusión acalorada entre suspadres cuando llegaban a casa. Tiffany tenía serias dudas de que Taeyeonhubiera experimentado algo así alguna vez y se preguntó si la invitarían aotra cena cuando llegaran las vacaciones.Para su sorpresa, se encontró deseando que así fuera.  Después de cenar, Jiwoong se ofreció para limpiar la mesa mientras Taeyeonhacía el café y Helen y Gail se retiraban a la sala. Sin estar muy segura dequé hacer, Tiffany se disculpó y salió a fumar. Había asumido que las doshermanas compartirían una agradable charla, y se sorprendió cuando Helensalió tras ella con su pitillera en la mano.  —¿Te importa que me quede contigo?—  —Para nada —dijo Tiffany, indicándole una silla vacía. El porche estabaenmarcado en ladrillo rojo y contrastaba agradablemente con los mueblescolor crema y el verdor del césped del jardín—. Esto es muy bonito —comentó.  —Gail pagó una fortuna cuando se lo hicieron —le explicó Helen—. Recuerdo que habíaun roble horroroso justo en medio del patio. Los chicos se lo pasaban en grande subiendoy bajando, pero echaba a perder el diseño. —La mujer dio una calada a su cigarrillo dejando el filtro rojo por el carmín—. Y dime, ¿qué te ha parecido la cena?—   —Ha estado genial. Estoy que reviento —afirmó Tiffany, mostrándoseconfundida cuando Helen negó con la cabeza sonriendo.  —No me refería a la comida —le explicó ésta—. Me da que no estás acostumbrada a las multitudes. Te has pasado la noche intentandomantenerte al Margen de las conversaciones, a menos que te preguntáramosdirectamente.—  Tiffany parpadeó y le dio una larga calada a su cigarrillo, sorprendida de quealguien hubiera advertido su silencio.  —Supongo que no soy una persona sociable. Nunca sé qué decir.—  Helen se echó a reír.  —Cielo, esto no ha sido un evento social. Sólo la familia cenando.—  —Yo no soy de la familia —puntualizó la rubia.  —Bueno, la familia más uno —se corrigió Helen—. Parecías tan incómoda que pensé que ibas a salir corriendocuando te cogí la mano para dar gracias.—   —Es que no estoy acostumbrada —dijo Tiffany—. Mi familia nunca lo hacía.—  Helen asintió y se quedó callada un minuto.  —¿Sabes? Si pasara algoentre tú y mi sobrina,no me importaría. — Tiffany la miró rápidamentey abrió la boca para protestar, pero la mujer alzó una mano para detenerla —. Ya sé lo que dicen las dos, y a juzgar por el aspectode sus habitaciones así parece ser, pero me he dado cuenta de cómoactúan cuando están  juntas. — Aplastó el cigarrillo a medio fumar en lamaceta que hacía las veces de cenicero y continuó—. Personalmente, creoque no estan  viendo lo que tienen frente a las narices.—   —Yo no soy homosexual —dijo Tiffany, preguntándose cuáles eran esas "señales" queHelen había visto.¿La forma en que Taeyeon le había acariciado la manodurante la oración?¿Las palmaditas amigables en su hombro?  —Eso dices tú —afirmó Helen sin mucho convencimiento—. El otro día medijiste que no habías tenido ninguna relación seriahasta ahora, así que,¿cómo lo sabes?—  —Yo… —Bloqueada, Tiffany trató de dar con una respuesta.Ella era hetero, ¿no? Después de todo, nunca había estado con una mujer si había visto aninguna como posible pareja sexual.El hecho de que se sintiera más cerca de Taeyeonque de ninguna otra persona en  aquel momentono significaba quequisiera mantener una relación lésbica con ella.No, Taeyeon era sólo una buenaamiga que la abrazaba cuando lloraba, que le hacía la cena todas las noches yse tomaba la molestia de escucharla cuando necesitaba hablar. Sólo estabantan unidas porque vivían juntas, ¿verdad?—. Yo… —Tiffany tragó saliva yvolvió a intentarlo —. Nunca lo había pensado. —Dio una última calada a sucigarrillo y lo apagó en el cenicero.   —Pues tal vez deberías —afirmó Helen con dulzura recorriendo con losdedos un mechón de su plateado cabello alborotado por la brisa—. Yo soy una romántica empedernida,pero sé que el amor surge a veces en los sitiosmás inesperados.No deberías cerrarte puertas sin al menos echar unvistazo a lo que hay dentro.—  En ese instante, Taeyeon asomó la cabeza desde el interior.  —Eh, acabo de encontrar las cintas viejas y Jiwoong ha subido al desván a porla pantalla. Tiffany, ¿te apetece ver un par de pelis caseras?—  —Oh —dijo Helen entusiasmada al tiempo que se levantaba de la silla—. Hace años que no veo una de esas. Eras una cría tan mona…—  —Claro, parece divertido —convino Tiffany levantándose también. Losretratos y las fotos que decoraban las paredes de la casa le habían dado unaidea de cómo era Taeyeon de niña, pero verla en una película le serviría paradar vida a las imágenes.Además, así se acababa aquella maldita charla con Helen.  La mujer entró primero en la casa y Tiffany advirtió que la escritorasostenía la puerta para ella y que le rozaba el hombro al pasar.  —¿Qué? —preguntó Taeyeon, con lo que Tiffany cayó en la cuenta de que se lahabía quedado mirando fijamente.  —Ah, nada, pensaba en mis cosas —respondió la rubia sin demasiadaconvicción, aunque con la esperanza de que Taeyeon no encontrara surespuesta tan estúpida como le parecía a ella.  La sala de estar constaba de dos sillones y un sofá bajo, y Jiwoong habíareacomodado los muebles de forma que todos quedaran frente a la pantallaportátil. Él tomó asiento a la derecha de la misma mientras Gail y Helenocupaban los sillones. Sintiendo que sería una bobada sentarse en el suelocuando había sitio de sobra en el sofá, Tiffany ocupó el lado izquierdodejando el centro a Taeyeon, quien estaba demasiado ocupada metiendo lapelícula en el proyector. Cuando por fin se sentó, a Tiffany le dio laimpresión de que, de hecho, el sofá no era tan amplio como parecía. Su cuerpo estaba pegado al de Taeyeon desde el hombro hasta la cadera.En ese momento, empezó la película, y pudo ver a una desgarbada niña de diez añosy a un bebé vestido de azul sentados en el césped delantero de una casa.  —Voy a apagar las luces —dijo Jiwoong levantándose. Tiffany dirigió unamirada a Helen y se sorprendió al encontrar una sonrisa pícara en su rostro.  Deseaba poder fruncir el ceño, pero encontró que sería un gestoinapropiado, ya que era la invitada, así que volvió a prestar atención a lapantalla, que ahora mostraba a la madre de Taeyeon junto a un hombre fornidode pelo corto y canoso, al cual identificó como el padre de Taeyeon.Tiffany separalizó al sentir un aliento cálido en su oreja.  —Hay algunas partes muy divertidas —susurró Taeyeon—. Como cuando Jiwoong mete la mano en la pecera de papáintentando agarrar su querido Pez Ángel.Mamá le pilló y le grabó antes de que mi padre llegara a casa.—  —Ahá —murmuró Tiffany esperando que Taeyeon volviese a mirar al frente ycon la convicción de que Helen era capaz de ver en la oscuridad y de que enaquel momento sonreía ampliamente.   CONTINUARA.....(>‿◠)✌