Capítulo Treinta y Cinco (1/1)
¡Doble Actualización! \ (•◡•) / —Muy bien, Hwang. Vamos a terminar esta habitación y empezamos alimpiar —dijo Siwon Choi, el supervisor de Tiffany—. Ya son más de las cinco.— —Bien, ya voy —le contestó Tiffany sin mirarle. Acababa de empezar a asegurar las tachuelas de esta sección y había por lomenos otros cuatro ángulos que necesitaban fijarse para mantener elrevestimiento temporalmente fijado. Con tiempo y práctica, la rubia sehabía vuelto muy eficiente con la pistola de clavos. Ya no rompía la capa superficial y era tan rápida como cualquiera de los hombres que hacían elmismo trabajo en las otras secciones del edificio. Aun así, el día había sidolargo y el brazo empezaba a dolerle por el esfuerzo incesante. La limpieza,lo más fastidioso de la jornada, todavía estaba pendiente, y a juzgar por elbarullo de trozos de revestimiento que cubrían todo el suelo de la sala,calculó que le llevaría como una hora más. Tras limpiarse el sudor con lamanga de la camisa, Tiffany volvió a levantar la pistola de clavos e insertó uncargador nuevo. —Eh, rubia, al teléfono —le gritó uno de los trabajadores. —Voy —contestó ella ajustándose la herramienta al cinturón de trabajoantes de salir de la oficina e ir a buscar el teléfono. A medida que ibansubiendo pisos, Donghae había instalado extensiones para la línea telefónicapara minimizar el tiempo que sus empleados estaban lejos de los puestos. Entró en la primera habitación junto a las escaleras, vio el teléfono en unade las sillas y otra más, vacía, junto a la primera. Éste mostraba variaslucecitas encendidas, señal de que no era la única que estaba esperando unallamada. Con la intriga de quién estaría llamándola al trabajo y no al busca,Tiffany levantó el auricular y presionó el botón. —Tiffany al telefono.— —Tiffany, soy Taeyeon.Perdona que te moleste en el trabajo, pero mi madrequiere hacer una cena en casa esta noche.— —Ah, no hay problema. Podemos salir cualquier otro día —dijo Tiffany,malinterpretando las palabras de Taeyeon sin darse por invitada—. Me ofreceré voluntaria para trabajar hasta tarde hoy. Hay mucho que hacer, te lo aseguro.— —O sea, ¿qué no quieres venir?— —¿Qué? ¿No has dicho que tu madre quiere que cenes con ella esta noche?— —Claro, pero nos ha invitado a las dos, no sólo a mí.Vamos, no me puedes dejar aquí sola. Tienes que venir.— —Oh, perdona. Te he entendí que querías cancelar lo nuestro para ir allí.—Tiffany se sentó en la silla vacía —Tengo que pasar por casa a ducharme y cambiarme de ropa. Hace un calor de mil demonios y estoy agotada.— —No hay problema —dijo Taeyeon—. Yo tengo que ir a por las cosas de tíaHelen, así que hay tiempo de sobra para que te arregles.Helen se va a quedar con mamá a partir de ahora.— —Genial.Estaría bien entrar en el baño y no tener que oler ese condenadoperfume que usa por todas partes. —A su alrededor, Tiffany podía oír elbarullo de las herramientas de construcción—. Oye, Taeyeon, tengo que seguir trabajando. Creo que llegaré sobre las seis y media o así.— —Bien. Nos vemos en casa y podemos ir en mi coche. Oh, y Tiffany…— —¿Sí?— —Jamás cancelaría una cita contigo, fuera cual fuese el otro plan —dijo Taeyeon con firmeza—. Te veo como en una hora y media.— Tiffany se despidió rápidamente y colgó el teléfono, pero se quedómirándolo durante un momento. ¿Cenar con su familia? De pronto, la idea de limpiar la obra no le pareció tan mala. *** La impresión de Tiffany de que aquello iba a ser algo casual quedó eliminadaen el mismo momento en que entró en casa de Gail y vio la mesa de la saladecorada con un mantel y un centro de mesa. —Ah, ya estas aquí —dijo Gail, saliendo de la cocina. —Mamá, Jiwoong y yo podemos encargarnos de la cena. Tú deberías sentartea descansar —protestó Taeyeon, indicando silenciosamente a Tiffany queocupara el sofá. —Tonterías. Estoy cansada, pero aún soy capaz de pelar patatas —argumentó su madre al tiempo que se limpiaba las manos en el delantal—. Me alegra volver a verte, Tiffany. Bienvenida a mi hogar.— —Gracias, Sra. Kim —respondió Tiffany—. ¿Le puedo ayudar en algo?— —De hecho, sí. Los platos están en el armario de la sala. Sé buena chica ypon la mesa. Voy a decirle a Jiwoong que traiga la vajilla de plata y lasservilletas. —Gail se quitó el delantal y se lo alargó a su hija—. Y dado que piensas que estoy inválida o algo así, ve a la cocina y ayuda a tu hermano con la salsa. ¡Helen! —exclamó—. Los niños van a terminar la cena. Vamos alporche a ver la puesta de sol.— —Te sigo —dijo Helen traspasando las puertas abatibles de la cocina.—Taeyeon, mira bajo el mostrador a ver si hay algo para prepararme un daiquiri,¿quieres, cielo?— —Estoy segura de que sí —convino Gail—. Taeyeon, la batidora está al lado delhorno y ya sabes dónde encontrar hielo.Pero yo no quiero.El médico dijoque nada de alcohol mientras esté con la medicación.Tomaré un té helado. Yponle algo a nuestra invitada.— Taeyeon, aún preguntándose cómo había pasado de tener veintiocho años atener quince en un segundo, asintió y dirigió una mirada a Tiffany antes deentrar en la cocina. Aterrada ante la idea de ir a cargarse alguna pieza de la vajilla china,Tiffany sacó los platos, las tazas y los platillos de té del armario uno poruno, depositándolos con sumo cuidado sobre la mesa. Jiwoong, por su parte,entró en la sala con una enorme caja de madera. —Hola, Tiffany.— —Hola, Jiwoong, ¿qué tal?— —Me da la impresión de que he sido vendido como esclavo, pero aún no estoyseguro —bromeó el chico—. Mamá y tía Helen no me han dejado parar entoda la tarde. —Dejó la caja sobre la mesa—. No entiendo por qué tanto líopara una simple cena. Sólo somos tú, tía Helen y Taeyeon.Mamá no había sacadola cubertería buena desde la última vez que vino la abuela. — Abriendo lacaja, más o menos el doble de gruesa que de larga, dejó ver su interior deterciopelo rojo y un montón de utensilios brillantes perfectamenteacomodados en su interior—. Bien —dijo él—. Por lo menos no tengo quesacarles brillo.— El juego constaba de tenedores, cucharas y cuchillos, junto con varioscubiertos de servir más largos. Jiwoong distribuyó la cubertería rápidamentepor la mesa de modo que cada lugar tuvo dos tenedores, tres cucharas y uncuchillo de untar mantequilla. Acto seguido, devolvió la caja al armario de lavajilla y sacó los cuchillos para la carne de uno de los cajones. —Se te ha olvidado sacar los cuencos para la sopa.— —Oh. —Tiffany fue hasta el armario de nuevo, alargando las manos haciaunos cuencos pequeños que descansaban sobre el estante superior. —No, esos son de postre. —El muchacho fue hasta ella y señaló una pila decuencos en la parte de atrás—. Créeme, te encantará la sopa y el pollo demamá.Voy a ver si Taeyeon necesita algo.— A medio camino de la puerta, Jiwoong se detuvo y frunció el ceño mirando a lamesa. Tiffany supo inmediatamente que debía haber hecho algo mal, peropara alivio suyo todo lo que hizo el hermano de Taeyeon fue cambiar el ordende un par de cucharas antes de salir. Por suerte yo no suelo dar cenas así. Rodeando la mesa para observar lacorrección, Tiffany sonrió ante el gesto meticuloso de Jiwoong. Igual que suhermana, pensó. Tras terminar de poner la mesa, decidió ir a ver cómo ibanlas cosas en la cocina. —Ya sé cómo se hace —decía Taeyeon en el preciso momento en que Tiffanyatravesaba las puertas abatibles. —Es que no es así. Mamá utiliza la perilla, no la brocha —objetó Jiwoong, conla susodicha perilla en la mano. —Pues yo prefiero la brocha —afirmó Taeyeon con tranquilidad, sumergiéndoleen la salsa y embadurnando la parte superior del pollo. —Pero es el pollo de mamá.— —Jiwoong, ¿de verdad crees que va a saber si he usado la brocha o la perilla?— En ese momento, advirtió que Tiffany estaba allí—. Hola. ¿Ya está la mesa?— —Sí. —Tiffany miró a Jiwoong y le dio las gracias en silencio. —Bien —dijo Taeyeon—. Al pollo le quedan como quince minutos y, paraentonces, estará todo listo.— —Genial, entonces me da tiempo a fumarme un cigarrillo.— —Eh, espera que vaya a por los míos. No tardo nada —dijo Jiwoong saliendo dela cocina y subiendo la escalera en tres zancadas. Un par de minutosdespués, estaba de vuelta con una cajetilla azul en la mano—. Listo.— —Pues vamos —dijo Tiffany. —Espera, vamos a la entrada.La tía Helen no sabe que fumo y a mamá no legusta que lo haga delante de ella —afirmó el chico, sosteniendo la puerta.Tiffany asintió y le siguió. El hormigón y los escalones enmarcados por ladrillo rojo estaban fríos, yaque el sol pegaba en la parte de atrás de la casa por la tarde. Tras tomarasiento, Tiffany le alargó el mechero a Jiwoong después de encender sucigarrillo. —Gracias por ayudarme antes —dijo ella recuperando el mechero. —Tranquila —dijo él, exhalando una gran cantidad de humo—. Yo sólo lo sé porque mamá nos enseñó a Taeyeon y a mí hace algunos años.— —Mi madre prefería cenar delante de la tele —dijo Tiffany recorriendo conla mirada el caminito que llevaba hasta la calle—. Es un barrio genial.— Jiwoong rió con ironía. —Está lleno de pijos. Yo prefiero ir con los chavales de la Segunda.— Consciente de en qué parte de la ciudad se encontraba esa calle,Tiffany miró a Jiwoong. —¿Sabe tu madre que vas por ahí?— Una abierta risotada surgió como respuesta. —¿Estás bromeando?Le daría un infarto si pensara que ando tomando drogas oalgo así — dijo él—. Le digo que me voy al centro comercial y se queda tanfeliz.— —¿Y lo haces? —preguntó Tiffany. Cuando no contestó de inmediato, ellaasintió y volvió a mirar la calle—. Ya veo. Pues ten cuidado.— —Yo no he dicho…— —No hace falta —le interrumpió—. Yo no crecí en una zona residencial, Jiwoong. Sé de qué va el rollo. Uno no va a la Segunda a no ser que consuma otrafique. —Insegura de hasta dónde llegar con el tema, Tiffany suavizó eltono y miró al muchacho con seriedad—. ¿Conoces el edificio en ruinas cercade la tienda de lencería?— —Sí.— Tiffany aspiró profundamente.—Hace cinco años más o menos yo iba mucho por ahí.De hecho, solía ir a drogarme al segundo piso.— —No recuerdo haber visto ese sitio abierto —dijo él. —Ya —convino la joven—. Pero unos cuantos clavos no impiden que la genteentre a un edificio abandonado para siempre. —Acto seguido, se encogió de hombros—. Quedaba cerca de donde yo trabajaba y también de mi camello.— Tiffany se preguntó por un momento cuánto habría contado Taeyeon a Jiwoongacerca de su pasado, pero decidió correr el riesgo—. No era la única que iba por allí.Había como otros veinte o treinta que se quedaban normalmente.— —Vaya —exclamó él no sin sorpresa, intentando reconciliar la imagen de lamujer con la que estaba en ese momento y la de aquella otra de la queestaba oyendo hablar—. ¿No te daba miedo?— Tiffany se planteó la pregunta un momento. —Creo que no. Pero en aquel momento había pocas cosas que me importaran.Lo único que quería era colocarme y trabajar un poco para poder pillar máscoca.— —¿Te pinchaste alguna vez? —preguntó él. Tiffany pensó por un momentoque aquélla era una pregunta un tanto extraña, pero negó con la cabeza. —No. Había oído hablar del SIDA y no me fiaba de nadie. ¿Y tú?— Jiwoong negó también.—No, pero me han dicho que es un viaje alucinante.— —Saltar de un avión sin paracaídas también es alucinante, pero no te lorecomiendo. —Tiffany miró profundamente los ojos claros del chico—. Es como jugar a la ruleta rusa, Jiwoong.A la menor oportunidad, te matará sin dudarlo. Lo he visto.— —¿Has visto morir a alguien?— —Dos veces —admitió—. La primera fue una chica, Kate, por sobredosis de crack. Creo que le pegó demasiado rápido.Ya estaba muerta cuando llegó la ambulancia. El otro fue un chico que no conocía. Me despertó un disparo,pero no era tan imbécil como para ir a ver qué pasaba. Encontraron sucuerpo a la mañana siguiente, en el pasillo.— —Oh, Dios, es horrible — dijo él. —Eso es lo que hacen las drogas duras. Probablemente mataron al chico porno pagar. Ocurre todo el tiempo. Jiwoong, tú lo tienes todo. Eres joven, guapo,inteligente, te han dado una beca para la Universidad… Puedes conseguirtodo lo que te propongas. No lo eches a perder por meterte en la coca. — Por cómo se estremeció él, Tiffany supuso que había dado en el clavo. Jiwoong, por su parte, apagó el extremo de su cigarrillo y se guardó el filtroen el bolsillo.—Sólo han sido un par de veces.Normalmente comparto un porro con losamigos.— —¿Los mismos que te dan la coca?— —Sí, Tyrone trajo un poco un día.—Tiffany asintió. —Y apuesto a que ni siquiera te pidieron dinero por ser tu primera vez, ¿no?Un regalo entre colegas.— —Sí, así es como funciona.— —Por ahora. Cuando te tenga enganchado, se acabarán los regalitos. —Tiffany era consciente de que estaba yendo demasiado lejos,pero el caso lo requería —. Mira Jiwoong, yo no soy una joya. —A continuación, soltó una risotada—. En realidad, he hecho cosas de las que me avergüenzo, cosas quepreferiría que la gente no supiera, pero sé de lo que hablo. Fumarse uno odos porros para relajarse de vez en cuando es una cosa, pero meterse en eltipo de mierda que dices no tiene nada que ver. —En ese momento, bajó la vista —. Si pudiera dar marcha atrás hasta cuando tenía tu edad, cambiaríamucho de lo que he hecho en mi vida, empezando por los dos años que mepasé al borde de la muerte. —Tiffany imitó a Jiwoong con lo del cigarrillo,sospechando que a la Sra. Kim no iba a hacerle gracia encontrar unacolilla en su patio —. Recuerda que la única persona que va a preocuparse porti eres tú mismo.— Jiwoong tragó saliva y se miró las manos.—No irás a contarle a mamá o a Taeyeon lo que hemos hablado, ¿verdad?— —Claro que no. Es tu vida y tu decisión.— Tiffany se levantó y agarró el pomo de la puerta. —Mi amigo Mike jugaba de central en nuestro equipo el año pasado —comenzó Jiwoong, levantándose también—. Dio positivo en un control aleatorio antidrogas y perdió la beca.La necesitaba de verdad. Si consigue pasar conhonores, tal vez pueda ir a la Universidad local.— —¿No te alegras de que no saliera tu número aquel día? —preguntó ella. —De hecho, sí —admitió el chico—. Sudaba a chorros cuando el entrenadordijo los nombres de los que tenían que llenar el vaso. —Se encogió dehombros al recordar el momento—. Podría haber terminado como Mike.— —Dudo que alguien hubiera querido eso, mucho menos tú —afirmó Tiffany envoz baja—. Venga, entremos antes de que empiecen a buscarnos. —Sí —convino él—. Tiffany…— —Dime.— —Gracias por hablar conmigo —dijo el chico al tiempo que la sorprendía conun breve abrazo—. Aunque no seas la novia de Taeyeon,me alegra que estés aquí.— —Em… — Tiffany se encontró de pronto nerviosa, sin saber qué responder.Finalmente, a falta de algo mejor, le devolvió el cumplido y entró en la casa. CONTINUARA...