Capítulo Treinta y Uno (1/1)

La luz del amanecer empezaba a teñir el cielo y a colarse en el dormitorio deTiffany, como desafiando a la joven a despertar. Con un gruñido molesto, segiró en la cama y extendió el brazo hacia el cenicero y los cigarrillos queestaban en su mesita de noche. Será mejor que lo vaya dejando, pensó con aire apesadumbrado llevándoseun cigarrillo a los labios y encendiéndolo. Después de llegar del hospital,Tiffany se había pasado casi una hora sentada en el sofá mientras Taeyeonrecorría la sala de arriba abajo, limpiando cosas que en realidad no estabansucias y hablando sin parar sobre su madre. Menos mal que no ha dejado el hábito de la limpieza, porque si no esto seríauna leonera. Yo nunca malgastaría mi tiempo en sacarle brillo a las patas dela mesa de café. Con tanta actividad, es imposible que el polvo vaya aposarse en ningún sitio. A pesar de la falta de sueño, Tiffany se sentíaextrañamente a gusto. La madre de Taeyeon estaba enferma y, a pesar de quela cosa iba en serio, los médicos parecían mostrarse optimistas y capaces decontrolar la situación. Tras una larga calada, Tiffany contempló la pintura abstracta que decorabauna de sus paredes. Todavía no entiendo qué le ve Taeyeon a esa cosa. Elcuadro no mostraba más que unos cuantos brochazos de color brillante queformaban un patrón regular. Hasta un crío de cinco años podría hacerlo.Tiffany siguió mirando el cuadro mientras se consumía su cigarrillo,reflexionando sobre lo ocurrido la noche anterior.Comprendió que habíatenido que llevar a Taeyeon al hospital, puesto que ella se encontrabademasiado afectada para conducir, pero no comprendía por qué no habíallamado a Jessica.Había dado por hecho que Taeyeon telefonearía de inmediatoa su ex – amante para que la ayudara.En realidad, yo no he servido demucho. Sólo estuve… allí. Tiffany se encogió de hombros, incapaz de determinar en qué momentohabía hecho algo útil por Taeyeon. Aun así, le agradaba pensar que al menoshabía sido capaz de consolar un poco a su compañera de piso. Tras estrujar la colilla en el cenicero, Tiffany salió de la cama y se encaminóal cuarto de baño. Si no puedo dormir, será mejor que me vaya arreglando. Amedida que se acercaba a la ducha, se preguntó con curiosidad si Taeyeonrecordaría que tenía un partido de softball.Claro que no vamos a ir.Me pregunto a qué hora querrá irse al hospital. En ese momento, la idea de quequizá Taeyeon no iba a necesitarla cruzó por su mente.Tras silenciar lanecesidad más apremiante de la mañana, sin duda debido a la gran cantidadde café y chocolate que había ingerido el día anterior, Tiffany se aseguró deque la puerta estaba cerrada y se metió en la ducha. Corriendo la cortinatransparente, se maravilló otra vez de que nunca tuviera restos de jabón.Seguro que la limpia a conciencia después de ducharse todos los días, pensódejándose empapar por la cascada de agua caliente. Consciente de que Taeyeon estaba aún profundamente dormida y de queprobablemente quería seguir en ese estado un poco más, Tiffany se premiócon una sesión extra larga de ducha, dejando que las cálidas gotasrecorrieran su cuerpo. A pesar de que lo estaba disfrutando de lo lindo, depronto sintió curiosidad por la perilla multifunción. Un rápido giro y el aguacambió de caer suavemente a un chorro concentrado de mayor potencia. —Ohhh… —exclamó, cubriéndose los pechos por la fuerza del agua—. Es la última vez que hago estas cosas. —Girándose para que el agua le masajeasela espalda, Tiffany se dio el lujo de pasar allí unos minutos más antes decerrar la llave y salir, situándose sobre la esponjada alfombrilla azul. Laducha había resultado vigorizante, pero aprendió la lección y decidió nojugar con la perilla de ahí en adelante… o al menos, no cuando ésta apuntabaa zonas sensibles de su cuerpo—. Mierda…— No tuvo necesidad de echar un vistazo al baño para asegurarse de que se lehabía olvidado traerse la ropa limpia. La ropa interior que había traídodescansaba ahora, empapada, sobre la barra de la cortina. Por lo menos,Taeyeon sigue dormida. Tras arrojar la toalla sobre la barra, empezó a pasarseel cepillo por el pelo, estudiando su imagen en el espejo y advirtiendo, no sinpesadumbre, que sus pechos parecían algo más caídos de lo que normalmenteestaban.Genial, tengo veinticinco años y ya me estoy arrugando, pensó para sí.Aunque es lógico, las tengo demasiado grandes como para que se queden ahíarriba toda la vida. Inclinándose hacia delante, estudió su reflejo condetenimiento en busca de arrugas en su frente y alrededor de los ojos. Alno encontrar ninguna, y sintiéndose bastante estúpida por lo que acababa dehacer, Tiffany terminó de peinarse y se lavó los dientes. Cuando iba a dejarotra vez el cepillo en el soporte, su mirada cayó sobre la bandeja del jabón. —Joder —murmuró. De alguna forma, se las había arreglado para dejarlallena de agua y los jabones literalmente flotaban en ella. Alcanzando latoalla, secó a conciencia la bandeja y los jabones, acomodándolos después deforma que no se notara demasiado el desastre. ¿Para qué demonios tiene esos jabones en el baño si nadie los puede usar? Para que huela bien, basta con poner un ambientador. Aquélla era sólo unamás de las muchas molestias tolerables de su compañera de piso. A Taeyeon nole gustaba la cortina de la ducha ni que Tiffany utilizara la barra comotendedero de su ropa interior y a ella no le gustaban los jabones que“no se pueden usar",la funda de pelo de la taza ni el papel, duro y reseco, que suamiga insistía en comprar. Tú tienes tus caprichos y yo los míos, pensó Tiffany colocando el últimojaboncito en su lugar.Simplemente, los míos no son tan molestos.Tras arrojar la toalla húmeda otra vez sobre la barra, abrió la puerta y miróhacia la izquierda para asegurarse de que la habitación de Taeyeon estabacerrada antes de echar a andar, totalmente desnuda, hacia la suya.  *** Exhausta por la desvelada de la noche anterior, sin mencionar el miedo quehabía pasado por lo de su madre, Taeyeon no se sorprendió demasiado cuandoabrió por fin los ojos y comprobó que era casi mediodía. Intentandodespejar el sueño que aún le nublaba la vista, se levantó y caminó hacia elbaño con aire desganado. Casi por inercia, tiró de la toalla que estabacolgada en la barra de la cortina de la ducha y quitó la ropa interior que laacompañaba y dejó ambas cosas sobre el borde del lavabo, cosa que yaformaba parte de su rutina mañanera, puesto que Tiffany era quiennormalmente se levantaba primero.Girando las llaves de paso hasta lograr latemperatura adecuada, Taeyeon cayó en la cuenta del chorro que caía confuerza y lo miró pensativamente, advirtiendo quién lo había cambiado.Es la primera vez que lo hace. Una idea terriblemente lasciva cruzó sumente en aquel preciso instante.¿Qué estaría haciendo aquí dentro? Cambiando la perilla de nuevo, Taeyeon se metió bajo el agua y agarró el jabóncon una sonrisa pícara en los labios. Media hora más tarde, bajaba las escaleras. No se había preocupado desecarse el pelo, que le caía libremente hasta la altura de la mandíbula pordelante y a la altura del cuello por detrás. Un agradable olor se las arreglóen aquel momento para colarse en sus fosas nasales y sonrió. —Mmmm… ¿qué huele tan bien? —preguntó, sabiendo que Tiffany estaba enla cocina. Inmediatamente, le contestó una voz clara y animada. —He encontrado una caja de tortitas y las instrucciones venían en el lateral —dijo Tiffany regalándole a Taeyeon una sonrisa—. He oído la ducha y penséque tendrías hambre.— —Muchas gracias —contestó Taeyeon,contemplando la torre de tortitas quehabía en un plato y sintiendo cómo su estómago rechinaba—. Ya se me ha olvidado la última vez que alguien me hizo el desayuno. —Después depensarlo un momento, se dio cuenta, con cierta pesadumbre, de que Jessicahabía sido la última persona que había pasado la noche con ella y la habíasorprendido de esa forma. De aquello hacía casi tres años, y Taeyeon sepreguntó a dónde había pasado todo ese tiempo. Encerrada arriba frente alordenador y sin parar de escribir, contestó una voz en su interior. —Tu vida sexual es tan aburrida como la mía, ¿eh? —dijo Tiffany con unamueca irónica, sacando a Taeyeon de sus pensamientos. —No me lo explico, con todas esas mujeres pululando a tu alrededor. —Tiffany le dio la espalda pararetirar la siguiente tanda de tortitas de la plancha. Taeyeon, por su parte, la miró con aire pensativo.—Supongo que llevo un tiempo sin ocuparme de eso. —Acodándose en elmostrador, alcanzó la cafetera y vertió el líquido humeante en una de lastazas que había cerca—. En realidad, tampoco lo había pensado. —Perdida ensí misma, Taeyeon no se dio cuenta del momento en que Tiffany fue hasta lanevera y le acercó el cartón de leche—. Oh, gracias —dijo en ese momento, alargándole la taza—. Así está bien.— —Tú siéntate y relájate. —Tiffany señaló en dirección a la mesa—. Yo me encargo de esto. Tengo la receta.— Taeyeon asintió, se dejó caer en una silla y se llevó la taza a los labios.Hipnotizada por el vapor que se elevaba frente a sus ojos, Taeyeon dejó quesus pensamientos vagaran con libertad mientras contemplaba a la mujer queiba y venía en la cocina.Después de todo el tiempo que habían vivido juntas,iba comprendiendo cada vez un poco más a su hermosa pero conflictivacompañera. Ahora entendía que Tiffany era poco menos que un alma solitaria que sufríaprofundamente por ello.Cuando se había mudado, Taeyeon podía captar elinquebrantable escudo de una mujer criada en las calles.El tiempo, sinembargo, le había mostrado lo que había bajo ese escudo. En ocasiones Taeyeon lograba entrever a la adolescente confusa pidiendo a gritos que la protegieran de aquellos que debían haberla protegido y sentía encogérseleel corazón al pensar en la joven que jamás había recibidoel amor que con tanta desesperación necesitaba.  Pero la noche anterior y esa misma mañanale estaban mostrando otra parte de Tiffany. Taeyeon sintió el cariño en la forma en que la había abrazado durante suataque de llanto, los cálidos abrazos que llegaban justo cuando más losnecesitaba, el café y las tortitas esperándola al despertar. Cuando Tiffany dejó sobre la mesa el plato y el sirope,Taeyeon se levantó y envolvió a la jovencon sus brazos. —Muchas gracias por haber estado conmigo ayer —susurró Taeyeon con laboca enterrada en el rubio cabello de su amiga—. Fue muy duro para mí y sólo quiero que sepas que te lo agradezco. —Retrocediendo levemente, peroaún sin soltarla del todo, Taeyeon miró con intensidad sus ojos claros—. No cualquiera se pasaría toda una noche sentada en la sala de espera de unhospital sólo para dar apoyo moral a una amiga— La media sonrisa de Tiffany parecía forzada y Taeyeon se dio cuenta de que lajoven era incapaz de mantener el contacto visual. —Ya, bueno… —dijo la rubia antes de apartarse de ella—. Tú también me has apoyado. Es lo menos que podía hacer. Será mejor que comas algo antes de que se enfríe.—Captando la incomodidad de su amiga, Taeyeon dirigió una última mirada aTiffany antes de volver a sentarse. La escritora apenas había dado el primerbocado a su desayuno cuando cerró los ojos y dejó escapar un gruñido desatisfacción. —Oh, está buenísimo. —Otro bocado—. No me había dado cuenta delhambre que tenía.— —Bueno, ayer no cenaste nada —indicó Tiffany, negando con la cabezacuando Taeyeon le señaló la torre de tortitas —. No, gracias. Me he levantadotemprano y ya he comido. Ah, por cierto, te han llamado por teléfono.— —¿Ah, sí? —Taeyeon cortó con el tenedor otro pedazo de tortita—. ¿Quiénera?— —Tu tía Helen.— El tenedor de Taeyeon se detuvo a medio camino entre el plato y su boca ymiró a su compañera como si acabara de decir que los de Hacienda queríanpedirle audiencia. —Y… ¿qué ha dicho? —preguntó con turbación. La mención de la excéntricahermana de su madre nunca era buena señal. Taeyeon aún se acordaba de lasmuchas ocasiones en que sus padres se habían encerrado tras una reuniónfamiliar para discutir acerca de algo que Helen había dicho o hecho. —Que llegará al aeropuerto a las cuatro y veinte. Te he apuntado el númerode vuelo. ¿Por qué pones esa cara?— Taeyeon había cerrado los ojos y arrugado la nariz, completamente segura deque estaría sufriendo un horrible dolor de cabeza antes de acabar el día. —¿Te ha dicho cuánto se va a quedar?— —No. Había mucho jaleo y su acento es algo extraño.— —Es de Boston —dijo Taeyeon,abriendo los ojos y contemplando la tortita mientras la empujaba por el plato—. Vaya mierda —susurró. —¿No es uno de tus parientes más queridos? —aventuró Tiffany. —La soporto —convino Taeyeon con tono de fastidio—. Es un poco… es del tipo de personas que “lo que ves, es lo que hay”. La tía Helen no se calla nada y opina de todo. —Tras varios tragos de café, destinados más a ordenar susideas que a saciar la sed, Taeyeon continuó—. No sería tan horrible si nopensara automáticamente lo contrario que mis padres sobre cada cosa.— —¿Se lleva bien con tu madre? —preguntó Tiffany. —Si hace tiempo que no se ven, la cosa no va tan mal durante un rato. Seponen al día de sus respectivas vidas y cotillean sobre el resto de la familia.—  —  No suena tan mal.—  Taeyeon levantó la cabeza.—No, esa es la parte buena. Luego mi madre empieza a fastidiarla con sucostumbre de beber o fumar o el sinfín de novios que tiene o su vidadescarriada. —Taeyeon encerró esas últimas palabras entre comillas con losdedos—. Entonces empieza lo bueno. Cuando papá vivía, los tres seenfrascaban en unos profundos debates sobre todos los temas de estemundo y más. La última vez que vino de visita le dijo a mamá que se negaba aquedarse bajo el mismo techo que ella. — En ese punto, sus ojos se abrieron desmesuradamente ante una idea—. Oh, Dios, espero que ya se le haya olvidado.No quiero que se quede aquí. Voy a buscarle un hotel.—  —Vaya, debe ser horrible, ¿eh? —Tiffany negó con la cabeza —. Y yo pensando que te trizaba los nervios. Parece ser una buena pieza, si puedesuperar a tu infernal compañera de piso. —Tomada por sorpresa por el comentario, Taeyeon vio a su amiga encogiéndose de hombros —. Te oí una vez hablando por teléfono —confesó Tiffany. —Yo… —Taeyeon bajó la vista hacia el plato, lamentando en serio que la jovenhubiese escuchado aquellas palabras saliendo de su boca—. Hace mucho que no lo digo.— Por lo menos estas últimas semanas.Tiffany meneó la cabeza quitándole importancia. —No te preocupes. Tenías todo el derecho. Debe ser difícil vivir con alguientan…—  —¿Vago? —aventuró Taeyeon, provocando una media sonrisa de su compañera. —Iba a decir alguien tan diferente a ti —concluyó Tiffany, mirándolafijamente—. Tampoco es fácil convivir con la señorita Trapo y Fregona, perooye, no nos va mal.—  No parecía estar tan molesta por el comentario anterior como Taeyeon habíasupuesto y la escritora decidió que Tiffany ya debía haberla perdonado. —Así es —convino Taeyeon, al menos por ahora—. Alguien me dijo una vez que, con tolerancia y paciencia,no hay nada que no se pueda solucionar si la genteimplicada está dispuesta a esforzarse para ello. Quién sabe, a lo mejor undía acabamos siendo buenas amigas.—  —Mejor no adelantar acontecimientos —le advirtió Tiffany con un deje deironía y pareciendo mucho más relajada y amigable de lo normal—. Sigo pensando que eres un grano en el trasero con todo eso de limpiar y lavar. —Acto seguido, se puso en pie y se tanteó el bolsillo del pantalón—. Hora de fumar. Volveréen un par de minutos y, si quieres, iré contigo al hospital. Jiwoong ha llamado yha dicho que se reunirá contigo allí. —Parece que he sido la última en caerme de la cama esta mañana —dijoTaeyeon—. Y sí, puedes venirte si quieres, aunque luego tendrás que llevarme alaeropuerto para recoger a mi tía.—  —No hay problema. Por lo que he oído de ella hasta ahora, será divertido.Ahora vengo. —Así, Tiffany abrió la puerta corredera y salió a fumar.Taeyeon devolvió su atención al plato de tortitas que tenía delante, a pesar deque su apetito parecía haberse calmado al oír mencionar a su problemáticatía. Tenía la esperanza de que Helen estuviera más preocupada por el estadode salud de su hermana que por traer a colación los seis mil tópicos que,invariablemente, terminaban convirtiéndose en una auténtica batalladialéctica.¿Quién la habrá llamado?, se preguntó. Seguro que la abuelaBetty. Helen había sido una de las personas que no consiguió localizar en la primeraronda de llamadas, frustrada cuando el buzón de voz le indicó que noquedaba espacio en la cintapara dejar mensajes. Taeyeon se hizo una notamental para no recordarle a su tía la discusión que había terminado con sunegativa a quedarse en la casa y evitar así que quisiera alojarse con ellas.Para consternación de Taeyeon, sintió una punzada en la sien anunciándole eldolor de cabeza que estaba por llegar, y empezó a dudar de que aquel díafuera a resultar bien. (☞゚ヮ゚)☞ CONTINUARA....