Capítulo Treinta y Dos (1/1)
Jiwoong había estado esperándolas en el hospital y una mueca contrariadadecoraba su joven rostro.—Ya era hora. Mamá pensaba que no ibas a venir.— —¿Está despierta? —preguntó Taeyeon a medida que se aproximaban.Su hermano estaba en el pasillo, frente a la puerta de la habitación de sumadre. —Sí, estoy despierta —gritó la mujer desde dentro. Taeyeon compartió unamirada con Tiffany antes de entrar, saludando de inmediato a su madre ydisculpándose por no haber llegado antes. Con pesadumbre, comprobó que suhermano y Tiffany no la habían acompañado dentro, obligándola a lidiar consu siempre alerta y, a juzgar por la expresión de su cara, nerviosa madre. —¿Cómo te sientes? Nos has dado un buen susto.—Gail Kim agitó su mano con desgana, sin preocuparse por las víasinyectadas en su brazo. —No se podran librar de mí tan fácilmente. Tengo toda la intención dehacerte la vida imposible un poco más. —A pesar de la valentía quedemostraba, Taeyeon estaba segura de que su madre no había pasado un buenrato precisamente. —¿Ha venido ya a verte el médico?— —Oh, sí, uno detrás de otro. Las enfermeras me han estado despertandocada hora para tomarme la presión y he conocido a un médico de cada áreade este hospital. —La mujer extendió la mano, dejando ver una señaldentada en la base de su dedo anular—. Han tenido que romper los anillos por la hinchazón —dijo Gail con solemnidad—. Nunca me los había quitado desde que tu padre me los puso hace treinta años.— —Seguro que se pueden arreglar —aventuró Taeyeon. —No se trata de eso —afirmó su madre con tono cortante—. El doctorStevens me ha dicho que esto podría volver a pasar. Quiere que lleve uno deesos botones de pánico alrededor del cuello para avisar a una ambulancia.— La idea de que su madre necesitara uno de esos chismes asustó a Taeyeon másde lo que estaba dispuesta a admitir. Ya era suficiente con que su madrepareciera tan hinchada, puesto que apenas podía distinguir sus pómulos. Quealgo así pudiera pasar otra vez sin previo aviso la aterrorizaba. —Mamá… —Taeyeon aspiró profundamente. —Ah, no, de eso nada. —Gail negó enérgicamente con la cabeza—. Por muy serio que pueda resultar esto, no pienso tener una enfermera en casa.— —No iba a decir eso —respondió Taeyeon, a pesar de que la idea había cruzadopor su mente—. Pero tal vez deberías considerar tener a alguien que te echeuna mano. No quiero que te esfuerces tanto.— —Tonterías. Tú estás sólo a una llamada de distancia y me sé de memoria elnúmero de emergencias.— —¿Y si te caes y no puedes llegar al teléfono?— —Me estás hablando como a una abuela. No soy inútil, Taeyeon. —El cansancio comenzaba a aparecer en el rostro de Gail—. Dejémoslo por ahora. Los médicos dicen que saldré de aquí a finales de semana. Ya veremos cómo van las cosas.— Taeyeon asintió, ya que no quería molestar a su madre y tampoco estaba dehumor para meterse en una discusión interminable. —Otra opción es que me quede contigo hasta que te sientas mejor,si quieres. —Para cualquier otra persona, eso sería una oferta de lo másnatural, pero en el caso de las determinadas mujeres Kim, era magnánimaen extremo. Taeyeon amaba profundamente a su madre y el sentimiento eramutuo, pero hacía mucho que no se sentían cómodas la una con la otra. Esaidea le recordó de golpe al familiar que en aquel momento sobrevolaba suscabezas en algún lugar —. Mamá… ¿te ha dicho Jiwoong quién va a venir?— —Helen no, ¿verdad? —preguntó la mujer con un deje esperanzado. Taeyeonasintió, deseando para sí que su hermano dejara de escabullirse para fumarcon su compañera de piso y entrara en la habitación—. Pues en mi casa no se queda —afirmó Gail rotundamente—. Estoy demasiado cansada como para aguantarla.— —No te van a dar el alta hasta dentro de una semana, ¿no?— —Y cuando salga de aquí no quiero tener que aguantarla —insistió su madre —. La ciudad está plagada de hoteles. Que se quede en uno. —Gail gruñó algoincoherente y su rostro mostró los esfuerzos que estaba haciendo pormantenerse calmada. Al verlo, Taeyeon alargó la mano hacia el botón de auxilio,pero la mujer la detuvo—. No, no hace falta. Es que últimamente me canso mucho.— Aliviada, pero no sin preocupación, Taeyeon retrocedió y dejó caer su manohasta uno de los barrotes que rodeaban la cama. —Esta bien —dijo al fin, no queriendo alterar más a su madre—. Le buscaré dónde quedarse. —A continuación, fue hasta la cabecera y acomodó una delas almohadas que su madre tenía detrás de la cabeza—. ¿Mejor?— —Mucho mejor —aseguró Gail a su hija con una sonrisa aprobatoria quepareció extraña en su rostro hinchado por el edema—. Siempre fuiste una buena chica.— —Porque tuve unos padres geniales — afirmó Taeyeon palmeando el hombro de su madre antes de colocarse donde pudiesen mirarse a los ojos—. A lo mejor no has estado de acuerdo con todo lo que he hecho,pero me has apoyado y me has querido. — Para sorpresa de Taeyeon, se encontró pensando en Tiffanyy la recorrió una oleada de empatía, deseando que su compañera de pisohubiese podido crecer con unos padres tan buenos como los suyos —. Te quiero, mamá —dijo, apretando la mano de su madre. —Bueno, ya vale de ñoñerías —dijo Jiwoong mientras entraba en la habitación. Tras él, Taeyeon pudo entrever a Tiffany en el pasillo con aire de indecisión yle indicó que pasara también. —Ya era hora de que volvieras —reprendió la mujer al chico antes de mirara Tiffany—. ¿Cómo estás?— —Bien —respondió ella educadamente—. Espero que ya se encuentre mejor.— —Sí, mucho mejor —respondió Gail antes de tomarse un momento pararespirar profundamente. Taeyeon decidió en ese instante que su madrenecesitaba descansar… y que ella tenía que enfrentarse con el familiar quepronto llegaría a la ciudad. —Mamá, nos vamos a ir ya para que descanses —dijo ella, cubriendo loshombros de la mujer con la manta—. Relájate un poco. Volveré más tarde.— —Supongo que vas a traer a Helen —dijo su madre con tono de fastidio altiempo que se recostaba sobre las almohadas. —¿Te crees que tengo elección, mamá? —le preguntó antes de terminar deajustar bien la ropa de cama sobre el cuerpo de su madre y enderezándose—. Nos vemos luego.— Taeyeon se inclinó para besar a su madre en la frente antes de hacerse a unlado para que Jiwoong pudiera despedirse también. *** Los alrededores del aeropuerto estaban atascados de furgonetas y cochesen constante batalla por ganar un hueco en el aparcamiento mientras unamiríada de taxis trataban de colarse entre ellos. —Odio venir aquí —dijo Taeyeon cuando otro taxi metió el morro en el escasometro de distancia de seguridad que las separaba del coche de delante. —Me sorprende que no nos haya rozado —afirmó Tiffany, mirando condesprecio al conductor—. ¿Quién fue el imbécil que diseñó este sitio?— —No creo que la responsabilidad sea de ningún imbécil. —Echando un vistazoa la señal de aparcamiento limitado, Taeyeon comprobó el retrovisor y se metióen el carril izquierdo—. Estoy segura de que es cosa de un comité.— —De un comité hasta arriba de mierda —comentó Tiffany—. Mira, allí hay un sitio.— —No, está demasiado cerca de la puerta. Debe ser para discapacitados. — Al aproximarse, el dibujo azul en el suelo confirmó las sospechas de laescritora. Les llevó tres vueltas más y, por tanto, volver a ver tres veces laseñal de aparcamiento limitado, el que Tiffany viera un coche salir en esepreciso momento y ocupar el lugar vacante. —Esto es de locos —refunfuñó la rubia—. Ya sabía yo que debía haber unabuena razón para no ir volando a ningún sitio. No por el avión, sino por elmaldito aeropuerto. —Y hasta aquí ha sido la parte fácil —dijo Taeyeon, haciendo girar la llave yactivando el sistema de alarma del coche—. Tenemos que ver por qué puerta va a salir. Sólo me dijo el número de vuelo. — Se abrieron paso entre losvehículos aparcados, aunque sólo para verse detenidas de nuevo por unadoble hilera de coches que no parecían dispuestos a frenar lo suficientecomo para que ellas pudieran cruzar. Tras asistir pacientemente altremendo repertorio de frases coloristas de su compañera de piso, Taeyeonaprovechó un espacio y se lanzó como una flecha hacia la Terminal principal.Los brillantes carteles de señalización y el fluir constante de personascreaban una abigarrada colección de colores y sonidos. Taeyeon se detuvo anteuno de los mapas el tiempo suficiente para orientarse, decepcionada alcomprobar que la puerta a la que tenían que ir estaba justo en el otroextremo de la Terminal. El temperamento de Tiffany estaba ligeramente sensible aquel día, hasta el punto de que Taeyeon se vio temiendo que, si algúntranseúnte le daba un golpecito por accidente, iban a intercambiar algo másque insultos y gestos obscenos. Para cuando llegaron a la puerta, Tiffanyestaba claramente nerviosa y sin darse cuenta sacó su paquete decigarrillos. —Cierto —dijo con tono frustrado—. Aquí dentro no se puede fumar. Tras dejar escapar un suspiro de fastidio,Tiffany se dejó caer en la sillabaja de plástico. Taeyeon se sentó junto a ella y observó que la zona empezabaa llenarse de gente que también esperaba el vuelo. —Me temo que no —afirmó Taeyeon con delicadeza. Sin pensarlo, levantó unamano y la posó sobre el hombro de Tiffany, un poco dolida al sentir unestremecimiento bajo sus dedos.Planteándose por un momento si apartarse o no, la escritora dejó que su mano resbalara hacia abajo, masajeando consuavidad la parte alta de la espalda de la joven.Dado que ésta no hizo nada por apartarla, Taeyeon alteró el movimiento, formando pequeños arcos con sus dedos hasta que sintió que la tensión y la tirantez de los músculos empezara ceder —. Hemos llegado quince minutos antes —dijo sin cesar de aplicar elagradable masaje en la espalda de Tiffany.Era cierto que había sentidocierto rechazo al principio,pero Taeyeon sospechaba que se había debido mása la reticencia automática de la joven mujer a que la tocaran. —Me da que, cuando se vaya, la vas a tener que traer tú sola —dijo Tiffany,aunque su tono era definitivamente menos agitado que antes—. Yo no pienso volver a pasar por todo este rollo.— —¿Y cómo esperas que salgamos de aquí? —la interrogó Taeyeon con aireirónico—. Dudo que el coche quiera venir a recogernos aquí. —Tiffany pareció reflexionar sobre el problema y frunció el ceño aún más. Taeyeon, por su parte, hizo todo lo posible por no sonreír, pero la mueca de su compañerade piso era demasiado mona como para evitarlo. —Buen punto —farfulló Tiffany. —Sólo expongo los hechos, amiga mía. Y no olvides que Helen va a llegar contres o cuatro maletas como mínimo.— —¿Es que piensa mudarse aquí o qué?— Taeyeon sonrió al escuchar eso, puesto que su tía se caracterizaba, entreotras cosas, por llevar siempre consigo una cantidad de equipaje mayor a laque cualquier otra persona necesitaría incluso para dar la vuelta al mundo. —Esperemos que no quiera quedarse más que unos días. Si no, vamos anecesitar uno de esos cochecitos portaequipajes.— —¿Cómo que vamos? —preguntó la rubia con tono cortante—. Es pariente tuya, no mía.— —Bien. Pues tú te vas con ella y que te dé la brasa hasta que se te caigan lasorejas. A mí me da igual.— —Me da que voy a arrepentirme de haber querido pasar el día contigo —afirmó Tiffany con cautela, como dejando una puerta abierta a la esperanza. Cuando por fin aterrizó el avión y los pasajeros comenzaron a salir en tropelpor la puerta, Tiffany no tuvo ninguna duda de quién era Helen.Ataviadacon sedas de brillantes colores y un sombrero a juego, Helen Chick sobresalía entre la multitud. Taeyeon corroboró las sospechas de Tiffany con unmovimiento de cabeza y empezó a gesticular para atraer la atención de larimbombante mujer. —¡Ooh,Kim Taeyeon! —exclamó Helen, con una voz que pareció ahogar eljaleo que las separaba. Saludando efusivamente, se abrió paso entre losdemás viajeros y envolvió a Taeyeon en lo que a Tiffany le pareció un abrazo deoso. —Hola tía, ¿cómo estás? —preguntó Taeyeon cuando consiguió recuperar el aliento. —Ah, como siempre, calabacita. Ocupada, ocupada, ocupada.— Tiffany enarcó las cejas al escuchar el apodo cariñoso de su compañera depiso y haciéndose una nota mental para burlarse después con eso. Al darsecuenta de que de repente era el centro de atención, alargó su mano. —Yo soy Tiffany Hwang, la compañera de piso de Taeyeon. —¡Por supuesto que sí! —exclamó Helen alegremente, abrazando a la joven con fuerza—. Eres una monería de chica. —Demasiado sorprendida como para resistirse, Tiffany no se resistió al cariñoso gesto. A esa distancia, fuecapaz de ver más claramente a la tía de Taeyeon. Bajo el pomposo sombrero,una masa de cabello plateado rodeaba el rostro que, sospechaba, rara vezsalía a la luz del sol sin una buena capa de maquillaje. De hecho, casi podíanadivinarse varias capas de base y sombra de ojos que constituían la imagenpública de Helen Chick. —Ah… gracias —farfulló Tiffany, pidiendo ayuda a Taeyeon en silencio. —Tía Helen, no es… —comenzó a decir Taeyeon. —Salgamos de aquí antes de que nos quedemos copadas una hora —dijoHelen, cortando sin miramientos a su sobrina—. Aborrezco este aeropuerto.— Tiffany no estaba segura del auténtico alcance de la palabra aborrecer,pero a juzgar por la cara de asco de Helen, no debía ser bueno. Claro que otra idea le rondaba la cabeza a raíz del comentario anterior a ese. Helen pensaba que entre ellas había algo másque amistad. En cualquier caso, dadoque ya se dirigían hacia la zona de equipajes y que Helen había pasado aenumerar las múltiples cosas que funcionaban mal en el aeropuerto local,Tiffany decidió dejar para después las aclaraciones pertinentes acerca deese punto. El brazo de Helen sostenía un bolso de cuero con ribetes dorados. La jovensuspiró profundamente al ver la miríada de bolsas de viaje que dabanvueltas en la cinta transportadora. Estaba segura de que no iban a caber enel Jeep y se preguntó si Taeyeon habría traído cuerdas para el portaequipajesdel coche. Sin embargo, una vez retirada la primera maleta, Tiffany pasó apreocuparse por el hecho de que su espalda fuera a sobrevivir al esfuerzode meter los bultos en el maletero. Al parecer, Helen empacaba cada accesorio de la cocina cuando viajaba,pero no le preocupaba demasiado tener que cargarlos, puesto que en esemomento de limitaba a señalar con el dedo qué maletas eran las suyas eindicando a Taeyeon el orden preciso en que debían ser colocadas en el carrito. En cuando salieron al cálido aire de agosto, Tiffany echó mano de suscigarrillos. Sin embargo, antes de encenderlo, una nube de humo la rodeó, yaque al parecer Helen era más rápida en lo que a utilización de mecheros serefería. Tiffany terminó de encender el suyo y, antes de guardar elencendedor, se vio sorprendida por una voz jovial. —¿Tú también fumas? — Lo cual hizo que se ganara una palmada en la espalda.Joder, qué fuerza tiene. —Sí —respondió Tiffany medio tosiendo. —Pues en mi coche no se fuma —dijo Taeyeon con firmeza, deteniendo el carrito justo detrás del Jeep—. ¿Prefieres un hotel en concreto?— —No hay motivo para enriquecer a esos antros… y menos en este pueblo —dijo Helen—. A tu madre le sobra espacio en esa casucha que tiene.— Tiffany, que en ese momento intentaba acomodar dos maletas en el cochemientras mantenía su cigarrillo en precario equilibrio entre los dientes,sintió que Taeyeon se estremecía. —Mamá quiere que te quedes en un hotel. Supongo que no se le ha olvidadolo que dijiste la última vez que estuviste de visita.— —Chorradas. ¿Recorro no sé cuántos kilómetros para verla y no tiene ladecencia de abrirme las puertas de su casa? No, calabacita, hay que poner lamás grande abajo.— —Pensaba que ésta era la más grande —refunfuñó Taeyeon, volviendo a sacar la maleta del Jeepy echando un vistazo a la que Tiffany empujaba hacia ella.—. No te puedes quedar en casa de mamá —repitió. —Joder, esta bien. —Helen se cruzó de brazos mientras su cigarrillo arrojabavolutas de humo a la atmósfera—. Si va a estar en ese plan, por mí no hay problema.Al menos tú no eres tan maleducada como para dejar a un familiaren la calle.— Tiffany estaba haciendo enormes esfuerzos para no entrar en laconversación, pero se vio incapaz de no dar un respingo al escuchar esaúltima frase. No había que ser físico nuclear para suponer a dónde queríallegar Helen.—Em… ¿Taeyeon?— —¿Sigues teniendo esa casa junto al lago? —prosiguió Helen, ignorando las miradas que se dirigían las dos jóvenes—. Debe tener una vista genial ahora que empieza el otoño.— —Tía Helen, no tenemos cuarto de invitados.— —Bah, haremos como cuando tú venías de visita en verano —dijo Helen conun gesto casual—. Vamos a cargar todo esto para ver qué se ha hecho Gailesta vez. Por tu estado de ánimo, supongo que no es grave.— —Necesita tiempo y medicación —comenzó a decir Taeyeon—. Pero oye, no te puedes quedar con nosotras.— —Vamos, Tae —dijo Helen como si estuviera hablando con un niño—. ¿Ya no te acuerdas de cuando vine a verlas y tuvimos esa agradable y prolongada charla sobre tu “compañera de piso”? No tienes de qué avergonzarte.— —No soy esa clase de “compañera” —afirmó Tiffany por fin—. Tengo mi propia habitación.— —Oh. —Helen frunció el ceño y Tiffany prácticamente daba por zanjado eltema cuando la estrambótica mujer encontró la solución perfecta—. A lo mejor tendrás un sofá, ¿no? —A continuación, rió con ganas—. Te prometo que no apareceré con ningún jovencito.— Tiffany miró a Taeyeon a tiempo de captar su característica caída de hombrosen señal de derrota. Supongo que vamos a tener compañía unos días.Contemplando la montaña de equipaje que esperaba ser acomodado en elinterior de Jeep, lo único que pudo pensar con claridad fue que al menos setratara de días, y no de meses. Al final, Taeyeon decidió que ella se iría al sofá mientras su tía ocupaba sucuarto, ya que sus modales le impedían hacer menos por un invitado, sinimportar lo desquiciante que fuera. Helen ocupó el asiento del copiloto yautomáticamente se hizo dueña de la radio durante todo el trayecto.Los altavoces comenzaron a escupir música discotequera mientras Helendestripaba las vidas de sus familiares más cercanos.Intentando por todoslos medios alejarse el altavoz de su puerta, Tiffany, en medio del asientotrasero, no podía evitar captar ráfagas de la conversación.En realidad, noera difícil, porque Helen insistía en hablar por encima de la música en vez debajar el volumen, digamos hasta el umbral de tolerancia humana. La imagende la familia de Taeyeon, tan perfecta e impoluta, empezó a desvanecerse dela mente de Tiffany a medida que su tía hablaba. —Y el idiota lo habría conseguido si no hubiera estornudado cuando estabaescondido en la alcantarilla —dijo la tía de Taeyeon, dando por terminada lahistoria de uno de sus primos—. Tuvo suerte de que sólo le pusieran enperiodo de prueba.— —Ahá —dijo Taeyeon con aire ausente, prestando más atención a la carretera.En ese momento, Helen se volvió hacia Tiffany. —Y dime, ¿sigue mi sobrina con esa obsesión por mantener la casa como loschorros del oro?— —Em… —Dándose cuenta de lo comprometido de su situación, Tiffany aspiróprofundamente y se rindió a la evidencia—. Sí.— —Lo que le hace falta es soltarse el pelo y vivir un poco —continuó la mujer—. Es demasiado estirada. A lo mejor podemos sacarla del cascarónmientras yo esté aquí. ¿Qué te parece?— Oh, por favor, que alguien me saque de aquí, imploró en silencio Tiffanycuando una batería de imágenes de bingos y museos cruzó por su mente. —Pues no sé, depende de lo que quiera hacer Taeyeon —dijo por fin—. Yo trabajo bastante, así que no creo que pueda ir con ustedes. — Por favor, hagan planes entre semana.Espero que Donghae tenga un montón de horas extra. —Chorradas —contestó Helen—. Ya buscaremos tiempo.—Tiffany frunció el ceño al darse cuenta de que Helen era el tipo de personaque nunca acepta un no por respuesta. —¿Cuánto vas a quedarte?— —Supongo que una semana o así. Ya veremos.No me gusta poner fechas exactas.— La respuesta no ayudó a que Tiffany se sintiera mejor. Continuara....(>‿◠)✌