Capítulo Treinta (1/1)

—¿Es tu madre? —preguntó Tiffany.Taeyeon asintió, haciendo grandes esfuerzos por mantener la compostura. —Yo em… ella… mi hermano no está seguro de lo que ha pasado. —Acto seguido, sacudió la cabeza—. Tengo que irme.—  —¿Quieres que te lleve? —se ofreció Tiffany colocando el auricular delteléfono en su lugar —. No creo que debas conducir estando así.— —Están en el Centro Médico.— —Cerca de la circunvalación. Ya sé dónde es. —Tiffany echó un vistazo al horno para asegurarse de que estaba apagado—. Cogeré las llaves.— —Espera. —Taeyeon se enderezó y agarró sus propias llaves del gancho—. Vamos en el Jeep.— —Buena idea, al menos ése es legal —dijo Tiffany quitándole las llaves a Taeyeon de las manos. Joder, su madre está enferma.¿Qué se supone que debo hacer? Rodeando con vacilación la espalda de Taeyeon con su brazo, le dioun leve apretón de ánimo—. Todo irá bien, Taeyeon.— Para su sorpresa, se vio de repente enterrada en un firme abrazo, con losbrazos de Taeyeon rodeando su cuerpo. —No sé qué hacer. —Las palabras de la angustiada mujer surgieron apenascomo un susurro—. Cuando papá… mamá se ocupó de todo.— —Shhh… Vayamos allí y a ver qué está pasando, ¿vale? —Tiffany guió a Taeyeon hacia la puerta. Llamaré a Jessica desde el hospital. Ella sabrá qué hacer. Yono soy buena en esto de consolar a la gente. Pero Jessica no estaba allí enaquel momento. Sólo ella y Taeyeon. No puedo dejar que pase por esto ella sola.Sin saber bien qué decir, Tiffany permaneció en silencio hasta que llegaronal Jeep. Una vez que Taeyeon ocupó el asiento del copiloto, Tiffany se puso alvolante—. Bueno, esto va a ser interesante. Nunca había conducido un cochecomo este.— —¿Tiffany?— —¿Sí?— —No me importa si corres esta vez —afirmó Taeyeon en voz baja. —Te llevaré allí lo más deprisa que pueda —le prometió Tiffany, haciendogirar la llave y sonriendo cuando el motor rugió lleno de vida. Debe estarbien eso de no preocuparse de si el maldito cacharro querrá arrancar cadavez que te subes, pensó para sí mientras sacaba el Jeep del aparcamiento ytomaba rumbo hacia el Centro Médico. A Tiffany le llevó unos minutos maniobrar entre el tráfico para alcanzar larampa de entrada a la carretera de circunvalación. —Si vamos por aquí, nos ahorraremos al menos diez minutos por el tráfico —anunció, esperando una respuesta de Taeyeon que nunca llegó. Bueno, supongoque puedo ir por la autopista, ya que no hay objeciones. A medida que hacíanla curva de la carretera, Tiffany pisó con más fuerza el acelerador,extrañándose de la velocidad que aquel modelo antiguo era capaz dealcanzar. —. ¿Quieres que ponga la radio? —Apartó la vista de la carretera atiempo de ver el gesto negativo de Taeyeon—. ¿Quieres hablar?— —¿Sobre qué?— —Cualquier cosa —dijo Tiffany encogiéndose de hombros—. No importa. El tema que te apetezca.— —Ahora mismo sólo puedo pensar en mi madre.— —Genial. Cuéntame una historia sobre tu madre y tú. —Tiffany echó un vistazo al retrovisor lateral antes de invadir el carril izquierdo y adelantar a una caravana—. La que sea.— —Me acuerdo de cuando me caí de la bici y me rompí un brazo. Llegué a casay mamá, sólo con echarme un vistazo, supo que algo iba mal. No tuve quedecir ni una palabra. —Taeyeon sorbió por la nariz y se sacó un pañuelo del bolsillo—.Siempre sabía cuándo uno de nosotros se había hecho daño.— —¿En serio? —Eso es, Taeyeon. Sigue hablando. No pienses sobre lo que vas aencontrarte en ese hospital. Tiffany sólo escuchaba a medias, dirigiendo lamayor parte de su atención al tráfico que las rodeaba. Iba por lo menos a 30kilómetros por hora sobre el límite de velocidad, pero su salida estaba aúnmuy lejos. Rezando en silencio para que los polis estuvieran más interesadosen los donuts que en los infractores, Tiffany asumió el riesgo y aplastó elpedal con más fuerza. Por suerte para todos, los policías no advirtieron el Jeep. Tiffany se lasarregló incluso para encontrar un hueco cerca de la entrada de emergenciasdel hospital. Apenas había apagado el motor cuando Taeyeon saltó del vehículoy corrió hacia la puerta. —¡Eh, espérame! —gritó Tiffany,liberándose del cinturón de seguridad yechando a correr detrás de Taeyeon. Jiwoong Kim, de dieciocho años de edad, estaba sentado en una de las sillasnaranjas de la sala de espera, contemplando el suelo con aire taciturno.Llevaba el cabello oscuro y, cuando levantó la vista y vio a suhermana, Tiffany advirtió que tenía los ojos enrojecidos. Mierda, eso no esbuena señal, pensó para sí, apartándose cuando los hermanos se fundieronen un abrazo. —¿Qué ha pasado? —dijo Taeyeon,sin soltar para nada al chico—. ¿Ha tenido un infarto?— —No lo sé. Los médicos están dentro con ella.No puedo creer que esto esté pasando —dijo—. Hemos desayunado juntos y todo parecía ir bien. Bueno,estaba un poco cansada, pero nada fuera de lo normal. —Jiwoong volvió asentarse. Taeyeon, por su parte, se acomodó junto a él e indicó a Tiffany queocupara el asiento libre junto a ella. —¿Te pidió ella que la trajeras aquí?— Jiwoong negó con la cabeza.—No. Pensé llevarla a Saint Thomas, pero el tipo de la ambulancia dijo que elCentro Médico estaba más cerca. Me alegro de que estés aquí, hermanita.No sé contestar ni a la mitad de las preguntas de los formularios. —No te preocupes por eso. Yo me encargo —le aseguró Taeyeon—. Sigue contándome. ¿qué pasó?— —Dijo que estaba cansada y que quería echarse un rato antes de queempezaran las noticias. Fui a despertarla a las seis más o menos y la vi…como desmoronada en la cama. No entendía lo que decía, así que llamé aEmergencias.— —Lo hiciste muy bien —dijo Taeyeonrodeando los hombros del joven con su brazo—. ¿Ha dicho algo el médico?— —Me preguntó que si yo era el único familiar, me hizo firmar unosformularios y volvió a entrar. Le dije que venías de camino.— En ese momento, Tiffany vio una oportunidad de ayudar. —Taeyeon, ¿quieres que le diga al médico que estás aquí?— —Será mejor que vaya yo —respondió la escritora poniéndose en pie—¿Puedes quedarte aquí con Jiwoong?— —Claro —dijo Tiffany—. ¿Seguro que quieres hacerlo? ¿Quieres que llame aJessica?— —No hasta que sepa qué está pasando —dijo Taeyeon—. Volveré enseguida.— Cuando Taeyeon abandonó la habitación, Tiffany se levantó.—Voy a salir un momento.— —Voy contigo —afirmó Jiwoong—. Ya llevo dos horas metido aquí. Me vendrábien un poco de aire fresco. —Al levantarse, quedó patente que era comodiez centímetros más alto que ella. —El aire fresco no sé, pero yo voy a fumarme un cigarrillo —dijo. —¿Te sobra alguno? —preguntó él—. Me he dejado los míos en casa y tejuro que ahora mismo me apetece mucho.— —¿Sabe Taeyeon que fumas?— —No. Y mamá tampoco, a no ser que no me lo haya dicho. —Presionó el botón para abrir las puertas corredizas—. Por favor, dime que fumas mentolados.— —Mentolado Light. —  Tiffanyrebuscó en su bolsillo y sacó un paquetearrugado. Taeyeon sabe que fumas, lo creas o no, pensó para sí, acordándosede la conversación que había tenido con la escritora el día de la fiesta degraduación de Jiwoong. Qué demonios. Tiene dieciocho años. Si quiere fumar,esto no se lo va a impedir —. Sírvete — dijo, alargándole el paquete.Jiwoong agarró el cigarrillo y se sacó un mechero del bolsillo. —Gracias. —Chasqueó el encendedor y esperó a que Tiffany encendiese elsuyo antes de imitarla—. Oh, eso está mejor —dijo mientras exhalaba—. Estaba a punto de volverme loco ahí dentro yo solo.— —Me lo imagino. Hace un par de años unas amigas y yo íbamos de bares y eltío que conducía tuvo un accidente. Estuvimos en el hospital como seis horas.— Aquella había sido la única experiencia adulta de Tiffany con loshospitales, y en su mayor parte la recordaba tras una nube de alcoholSólo se rompió una muñeca. —Debí haber traído el bolso de mamá —dijo mientras se dirigía hacia elmuro decorativo que delineaba el jardín del hospital.Tiffany le siguió y sesentó a pocos centímetros de él. —En momentos como ese, uno no se acuerda de esas cosas.— —En cualquier caso, debí hacerlo. —Jiwoong se quedó con la mirada perdida hacia el aparcamiento —. Cuando llegué, querían su tarjeta del seguro ytambién saber si era alérgica a algo. Yo no sé nada de eso. —Dio una caladalarga, encendiendo el extremo de su cigarrillo de un naranja brillante—. Soyel hombre de la familia y no tengo ni idea de qué hacer.— —¿Ya había ocurrido algo así antes?—Jiwoong negó con la cabeza. Las lámparas de sodio apenas dejaban entreversu perfil. —Cuando papá tuvo el infarto no había nadie en casa. Taeyeon estaba en laUniversidad y yo en la escuela. Mamá nos dijo que ella llegó de la compra yse lo encontró en la silla. —Jiwoong siguió con la mirada fija en la nada—. Taeyeon ya estaba en camino para cuando yome enteré de lo que pasaba. Entre las dos se ocuparon de todo.— —En esa época tú eras muy joven, ¿no? —le preguntó la chica. —Tenía once años. Pero estaba tan cabreado queme pasé la mayor parte del tiempo llorando. —Lanzó el cigarrillo a medio consumir describiendo unaparábola hacia la oscuridad —Supongo que me hice a la idea de que ellas dossiempre estarían ahí para hacerse cargo de todo. Mírame. Mi madre se estámuriendo y yo tengo que pedir ayuda a mi hermana por teléfono.— —Tú no sabes si se está muriendo —dijo Tiffany, aunque por lo poco quesabía, el chico no iba desencaminado—. Y sí te ocupaste de tu madre. Fuiste tú quien llamó a la ambulancia. —Escuchó un sollozo ahogado e instintivamente se acercó un poco más a Jiwoong—. ¿Y si no hubieras estado allí? —Lo único que Tiffany recibió como respuesta fue otro sollozo—. Yo sé lo que es tener una hermana mayor.— —¿Ah, sí? —Sí. —Tiffany arrojó su cigarrillo al suelo y contempló cómo se quemabalentamente—. Solía depender siempre de ella en todo, pero un día se marchóy tuve que cuidar de mí misma. Sé lo que se siente. —¿Por qué le estoy contando todo esto? Al echar un vistazo al muchacho, Tiffany obtuvo surespuesta. Porque sé cómo se siente en este momento y es el hermano deTaeyeon. Cuando ella se había sentido sola y asustada, no había nadie paraecharle una mano —. Te comprendo —dijo en voz baja—. ¿Quieres otro?— —Ahora no, gracias —contestó alejándose del muro. Tiffany hizo lo mismo ycomenzó a caminar con él de vuelta al hospital.Tanteando su bolsillo, calculó mentalmente cuántos cigarrillos le quedaban. Como medio paquete. Tomó ladeterminación de que seguramente él no fumaba mucho más que ella, sacócuatro cigarrillos y se los alargó—. Toma. Por si te apetece uno más tarde.—Sonrió al ver que él no despreciaba la oferta—. Pero no le digas a tu hermana que te los he dado yo —añadió. —Ni de broma—dijo, metiéndose los cigarrillos en el bolsillo de la camisa—.Gracias.— Tiffany asintió y fue tras él recorriendo el pasillo de entrada. Al girar en laesquina, vio que Taeyeon estaba en el recibidor hablando con un hombre que,asumió, era el médico. Cuando Jiwoong les vio, recorrió el resto del camino a lacarrera para alcanzarles. Será mejor que espere aquí, pensó la chica para sí,deteniéndose junto a la puerta de la sala que habían ocupado antes. Estaba apunto de entrar cuando vio que Taeyeon y Jiwoong iban hacia ella. Espero quetengan buenas noticias. —¿Cómo está?— —La van a ingresar —dijo Taeyeon—. Vamos a hablar aquí dentro.— Los tres se sentaron en una de las esquinas de la sala de espera, colocandosus sillas en forma de triángulo. En cuanto se sentó, Tiffany pudo advertircómo se producía un cambio en Taeyeon. La mujer de cabellos sedoso se sentó muyerguida y su rostro no dejaba entrever emoción alguna. Cuando habló, lo hizocon un tono perfectamente controlado.—Van a llamar a un cardiólogo.— —¿Ha tenido un infarto? —preguntó Jiwoong, inclinándose hacia delante. —No —contestó su hermana—. El doctor Stevens dice que ha sido un edemapulmonar. Estaba llena de líquido. La tienen en Vigilancia Intensiva y me hadicho que deberá quedarse unos días. —Taeyeon echó un vistazo a su alrededory después miró a Jiwoong—. ¿Has traído el bolso de mamá?— —No —dijo él—. No se me ocurrió. El único número que me séde memoria es el tuyo.— Taeyeon se levantó y fue hasta la mesita cubierta de revistas. —Tenemos que llamar a la tía Elaine y al médico de mamá.Seguro que tiene su nombre y su número en la agenda. —A medida que hablaba, las manos de Taeyeon iban acomodando perfectamente la montaña de revistas—. Necesito sus papeles. Están en el cajón de arriba del mueble del estudio. Ahí es donde guarda mamá todo lo del seguro y la documentación importante.— —Iré a buscarlos —dijo Jiwoong—. ¿Me puedo llevar tu coche? He venido enla ambulancia con mamá.— —¿Estás seguro de que serás capaz? — preguntó Tiffany, atreviéndose ahablar por primera vez en un buen rato —. Puedo llevarte yo, si te es máscómodo.— Taeyeon cesó sus movimientos compulsivos un momento y les miró a los dos. —Buena idea. Jiwoong, así podrás traer el coche de mamá y Tiffany te seguirácon el mío. Te haré una lista de las cosas que tienes que traer. —Volvió a echar un vistazo a su alrededor—. Necesito papel… Tiffany, hay una agendaen mi guantera. ¿Te importa traérmela, por favor?— —Claro. —Con tal de resultar útil… Tiffany se levantó y palpó su bolsillo paraasegurarse de que las llaves seguían allí—. En seguida vuelvo.— Salir a la calle permitió a Tiffany el tan necesitado tiempo que requería parapensar. A pesar de que no sabía gran cosa sobre lo que le pasaba a la madrede Taeyeon, suponía que era algo serio y que los siguientes días serían unaauténtica locura. Seguramente querrá llamar a Jessica para que esté con ella.Es mucho mejor que yo para estas cosas. Cuando llegó al coche, Tiffanyabrió los seguros y encontró rápidamente la agenda. Será mejor que measegure de que tiene un boli, por si necesita escribir algo. Abrió el broche yabrió la agenda, para descubrir que allí había tanto un lápiz como unbolígrafo, cada uno en su compartimiento. Debí haberlo supuesto,tratándose de ella. Cuando iba a cerrar la guantera, descubrió un rollo demonedas pequeñas. Podría necesitarlas para el teléfono o para sacar café dela máquina. Tras meterse el rollo en el bolsillo, Tiffany cerró el coche yemprendió el camino de regreso al hospital. Al llegar, encontró a Taeyeon y Jiwoong en la sala de espera.Con un vistazo rápido, vio que todas las revistas de la sala estaban en  pilas perfectamentedistribuidas y colocadas en varias de las mesas. —Ya la tengo —dijo, mostrando la agenda—. También te he traído unasmonedas que tenías ahí por si las necesitas.— —Buena idea —convino Taeyeon alcanzando la agenda y el cambio. La escritoraabrió el cuadernillo inmediatamente y empezó a pasar páginas—. Tengo quellamar a la hermana de mamá y contarle lo que ha pasado.También debería ira cancelar la entrega del periódico mientras ella esté aquí. — Se detuvo un momento para frotarse los ojos —. Hay mucho que hacer.Alguien debe encargarse de Jiwoong y de la casa.— —Yo puedo cuidarme solo —protestó el adolescente—. Puedo recoger el periódico por las mañanas y también el correo.— —Déjale ayudar —imploró Tiffany en voz baja—. Tú ya tienes bastantes cosas que hacer.— —No, él no debería hacerlo.Yo puedo encargarme de todo —dijo Taeyeon,encontrando la página que andaba buscando—. Será mejor que empiece a hacer llamadas.— —Le llevaré a casa y volveremos lo antes posible, ¿de acuerdo? —preguntó Tiffany.—¿O quieres que nos quedemos hasta que llegue Jessica?— —No, váyanse ya. Yo estaré bien.—A pesar de la confianza que mostraba la voz de Taeyeon, Tiffany no le dabaplena credibilidad. Pensó insistir por un momento, pero al final asintió con lacabeza. —Como quieras. No tardaremos mucho.— El trío caminó hasta el recibidor, deteniéndose en el momento en que Taeyeonalcanzaba el teléfono de monedas. Sin estar muy segura del por qué,Tiffany alargó la mano y dio un leve apretón al hombro de Taeyeon. A continuación deacercó a ellay susurró al oído de la escritora.—No tardaremos. Entonces, sintió una mano aferrando la suya. —Gracias —dijo Taeyeon—. Muchas gracias.— —No me las des. Para eso están los amigos, ¿no? —preguntó Tiffany,apretándole el hombro una última vezantes de dirigirle un gesto a Jiwoong—. ¿Estás listo?— —Sí. Oh, espera. —Se tanteó los bolsillos y frunció el ceño—. Con las prisas se me olvidó coger las llaves.— —La del anillo verde es la de la entrada —dijo Taeyeon—. Nunca devolví mi llave cuando salí de la escuela. —La mujer de sedoso cabello se giró yempezó a echar monedas en el teléfono—. Que no se les olviden los papelesdel cajón.— —Tranquila —dijo Tiffany,dándose media vuelta y echando a andar por elpasillo detrás de Jiwoong.  *** El paseo hasta el aparcamiento fue silencioso, excepto en el momento en queTiffany indicó dónde estaba el Jeep. Una vez dentro y con el motor enmarcha, sacó un cigarrillo y lo encendió. —Parece que el otoño ha llegado pronto este año, ¿eh?— —Así es —contestó Jiwoong—. Será mejor que saque mi chaqueta de deporteslo antes posible.— —¿En qué deporte te la dieron? —preguntó, sin perder de vista el tráfico,mientras salían del aparcamiento—. ¿Por dónde voy?— —A la izquierda. Fue en atletismo, igual que Taeyeon.— Tiffany fue hacia donde él le había indicado y pronto se encontraronrodeados de coches. —No sabía que le gustaban los deportes.— —La verdad es que no creo que le importara mucho entrar en el equipouniversitario. Es una de esas cosas que hizo porque sus amigas también lohacían.— —¿Y tú también lo hiciste por eso?— —Pues… no soy un genio como Taeyeon. Ella sacaba sobresalientes todo eltiempo. Yo me conformaba con que me dieran una beca de atletismo. Pasésin pena ni gloria. ¿Y tú?— Al ver las gotas que empezaban a formarse en el cristal, Tiffany puso enmarcha los limpiaparabrisas. —Em… yo no terminé el instituto.— —Oh —dijo él—. No lo sabía. Una mierda mayúsculo, ¿no?— —Algo así —contestó ella antes de darle una buena calada a su cigarrillo—.Nunca fui del tipo de gente que sigue las reglas.— Jiwoong soltó una risotada.—Tiene gracia que te lleves tan bien con mi hermana.— —Ya… —Tiffany no estaba segura de cuánto sabía el chico sobre la vida desu hermana—. Sólo somos compañeras de piso.— —¿Sabes? Así es como mamá solía llamarlas cuando yo era pequeño. Como sino fuera capaz de entender que mi hermana es homosexual. —Jiwoong rió de nuevo—. Me quería hacer creer que tan sólo vivían juntas y que la traía a casa cadavez que venía. Fue más o menos cuando tenía quince años… las vi pelearse yles dije que se besaran e hicieran las paces. Parecía que Taeyeon se habíatragado un chile y Jessica simplemente se empezó a reír a carcajadas de ella.—Suspiró y apoyó la cabeza contra la ventanilla—. A veces creo que Taeyeon todavía me ve como a un crío.— En ese momento, rebuscó en su bolsillo y sacó uno de los cigarrillos queTiffany le había dado antes. Ella, por su parte, empezó a plantearse la ideade corregirle una vez más acerca de la naturaleza de su relación con Taeyeon,pero decidió que,por el momento,no tenía mayor importancia.—¿Tengo que girar en algún sitio? —Pasa otras tres farolas y a la derecha. —Dirigiéndose a un lado de lacarretera, Tiffany siguió las indicaciones,girando y girando hasta que Jiwoongseñaló una de las casas en lo más alto de la colina—. Esa es. Puedes aparcaren el camino de acceso, pero no tapes el garaje. Mi coche necesita unembrague nuevo, pero el de mamá va bien.— Tras entregarle las llaves a Jiwoong, Tiffany le siguió al interior de la viejacasona. Se detuvo justo en la entrada, echando un vistazo a la multitud defotografías enmarcadas que cubrían las paredes.En lo que supuso era unretrato de la escuela,contempló a una Joven Taeyeoncon coletas y tirantes sonriéndole. Pasó de una foto a otra, viendo, conforme pasaban los años,cómo Taeyeon se transformaba deuna jovencita marimacho a unaauténtica belleza de instituto, para terminar como graduada universitaria. En la pared opuesta, Tiffany descubrió un espacio similar para las fotos de Jiwoong,  quienen ese momento estaba abriendo un par de puertas correderas. —Éste es el estudio —dijo—. El cajón del escritorio está abierto. Yo voy apor el bolso y las llaves de mamá.— —Ok. Yo tomare los papeles.—Tiffany le vio subir las escaleras antes de entrar en el estudio y ponerse alfrente del escritorio de madera. Tal y como le había dicho, el cajón noestaba cerrado con llave, lleno a rebosar de gruesas carpetas. Sin estar muysegura de cuál era la que necesitaba, Tiffany las sacó todas. Bueno, a ver cómo me llevo todo esto, pensó para sí. Una rápida mirada enderredor le hizo descubrir una cartera desgastada cerca del escritorio.Tras varios intentos, consiguió acomodar dentro las carpetas. Listo. Almenos sé que tengo la que necesitan. Tras escuchar que Jiwoong seguíaocupado en el piso de arriba, Tiffany se tomó un minuto para inspeccionar lahabitación. Un armario iluminado en la esquina dejaba ver una gran variedadde orlas y trofeos. Al mirar con más detenimiento, se dio cuenta de que lamayoría eran del padre de Taeyeon, pero uno de los estantes soportaba unahilera de trofeos perfectamente organizados que proclamaban a Kim Taeyeon como campeona de un torneo tras otro. Me pregunto si mi madre guardó alguna de las cosas que hicimos en laescuela. En la pared contigua al armario de trofeos, todos los diplomas delperiodo de instituto y de la universidad de Taeyeon lucían orgullosamente ensus marcos ornamentados. A su alrededor, estaban otros premios que Taeyeonhabía ganado a medida que crecía. Tiffany se inclinó hacia delante y rozó conlos dedos el marco del título del instituto. Mira lo orgullosos que están de ti,Taeyeon. Aunque ya no vives aquí, siguen teniendo todas estas cosas a la vista.Seguro que tienen un papel con el contorno de tu mano por ahí en algunacaja. Allí sola en el estudio, Tiffany juró que podía sentir el amor delmatrimonio Kim por sus hijos. Sois muy afortunados, pensó la rubia. Enese momento, oyó que Jiwoong bajaba las escaleras, así que agarró el maletíny apagó la lámpara. —¿Los has encontrado? —le preguntó el muchacho al llegar al último peldaño. —Creo que sí. Sencillamente he cogido todas las carpetas del cajón dearriba.—Tiffany le mostró el maletín. —Bien pensado. Creo que ese era el maletín de papá.— —Oh, no lo sabía —se disculpó Tiffany. —Tranquila. No es como que lo usemos demasiado —dijo él—. Había pensado llevármelo a la universidad si mamá no me compraba uno nuevo. Tráetelo. Tal vez a Taeyeon le guste ver algo de mi padre.— Cuando llegaron de nuevo al hospital, Taeyeon estaba sentada en la sala deespera inclinada sobre la agenda. —Ya estamos aquí —dijo Jiwoong para anunciar su llegada. Acto seguido, fuehasta una de las sillas y se dejó caer sobre ella, emocionalmente exhaustopor los acontecimientos del día. —Bien.—Taeyeon levantó la vista, sorprendida al ver el maletín en la mano de sucompañera de piso. —No sabía qué carpeta querías, así que he traído todas las que encontré —le explicó Tiffany alargándole su carga. Taeyeon dejó el maletín sobre la mesa y lo abrió. —Podrías haberlas mirado para ver qué tenían —dijo la escritora mientrasempezaba a hacer eso mismo—. Esta tiene toda mi documentaciónimportante y apuesto a que ésta es la de Jiwoong. —Un rápido vistazo confirmó su sospecha. —Ya, bueno… supuse que sería mejor que lo hicieras tú —dijo Tiffany altiempo que se acercaba una silla. No me corresponde a mí cotillear el laspertenencias personales de tu familia. Taeyeon abrió una de las carpetas másgrandes y hojeó lo que contenía—. ¿Quieres un chocolate caliente o un caféde la máquina? —le preguntó, más que nada por sentirse útil mientrasesperaban. —No, ahora no, pero gracias —dijo Taeyeon sin levantar la vista de lo queestaba haciendo. —¿Has podido ver a tu madre? —Sólo un momento. Está descansando. —Taeyeon se detuvo y miró a Tiffany—. Ahora sé por qué Jiwoong estaba tan preocupado. Parece haber engordado casi 10 kilos. El médico me ha dicho que es por el líquido que recorre suorganismo.— —Pero podrán solucionarlo, ¿no?— —Creen que sí. Dijo que depende de cómoresponda a la medicación que le están dando. —Taeyeon intentaba hablar con confianza, pero había algo en suvoz que hizo pensar a Tiffany que su compañera de piso ocultaba algo. —¿Has llamado ya a Jessica? Taeyeon negó con la cabeza. —He llamado a los familiares, pero les he pedido que no vengan hasta saberalgo más. Supuse que llamaría a Sica sólo si las cosas empeoraban. Vas aquedarte conmigo un poco más, ¿verdad?— Tiffany asintió, complacida secretamente de que Taeyeon la quisiese allí. —Me quedaré todo el tiempo que quieras.— Se sorprendió al sentir la mano de la escritora tocándole la rodilla. —Gracias —dijo Taeyeon—. Me alegro de que estés aquí. —Acto seguido, devolvió su atención a los papelesy lanzó un sonoro suspiro—. Será mejor que siga con esto. Por suerte, mamá lo tenía todo organizado. Estos de aquí son los documentos del seguro. Los de la bolsa son todo lo del abogado y lacasa.—Apartó varias hojas y las dejó a un lado. —Oye, ¿por qué no te relajas unos minutos? —propuso Tiffany. Taeyeon negó con la cabeza. —No puedo. Tengo que encargarme de todo. —Echó un vistazo a su hermano por encima del hombro—. No puedo pedirle a él que lo haga.— —Ya no es un niño, ¿sabes? —le recordó la joven—. En unas semanas entrará a la Universidad.— —Así es —afirmó Taeyeon—. ¿Cómo me las voy a arreglar? Alguien tiene quequedarse con ella ahora. —Comenzó nuevamente a mirar los papeles—. ¿El seguro cubre la asistencia a domicilio?— En ese momento, Tiffany se sintió extrañamente fuera de lugar. Loshospitales eran sitios que uno visita muy de vez en cuando, y lidiar con laposible pérdida de un familiar no era algo de lo que tuviera que preocuparse.Por un instante, dejó vagar su mente, preguntándose si sus padres seguiríancon vida. Esa idea derivó de forma natural en su hermana mayor y Tiffany seperdió en otra época hasta que Taeyeon llamó su atención. —Perdona, ¿qué decías? —Te preguntaba si no te importaría traernos algo de la máquina. Creo queme vendría bien algo fuerte en este momento.— —¿Chocolate caliente o café?— —Mmmm… cafeína y azúcar o chocolate con cafeína y azúcar. Mejor elchocolate.— —Vale —dijo Tiffany, incorporándose—. Jiwoong, ¿quieres algo?— —Café con leche y azúcar, por favor —respondió él. —Enseguida vuelvo —susurró a Taeyeon, recogiendo el puñado de monedas queella le alargaba.Será mejor que yo también me tome un café.Me da que nos espera una noche muy larga. *** Tiffany no se equivocaba en su apreciación de la noche que tenían pordelante.Ya eran más de las dos,  y Taeyeon no mostraba signos de quererabandonar el hospital.En varias ocasiones, los hermanos Kim entraron aver a su madre mientras ella se quedaba vigilando sus pertenencias en lasala de espera. En aquel momento, Jiwoong estaba profundamente dormido,tumbado sobre varias sillas, y Taeyeon seguía inspeccionando la documentaciónfamiliar. —A lo mejor deberías dormir un poco —dijo Tiffany al ver a su compañerade piso ahogar otro bostezo. —No. Quiero estar aquí por si mamá se despierta.— —Han dicho que seguramente eso no ocurrirá hasta mañana.— —Ya se han equivocado antes. No quiero que se despierte ahí sola —contestó Taeyeon con severidad. —Por lo menos date un respiro con todo eso de los papeles. —Alargó una taza de humeante chocolate a Taeyeon—. La última se te quedó fría antes deque dieras un sorbo.Recuéstate un minuto y bébete esto. —Visto que la sutilidad no estaba dando resultados,Tiffany levantó la taza y la puso en lamano de su compañera—. Bebe.— —Yo no…— —Bebe —repitió Tiffany con voz firme.Su persistencia dio fruto y Taeyeonagarró por fin el vaso, vaciando la mitad del contenidode un solo trago ydejándola sobre la mesa.—¿Contenta?— —Sí. —Y en realidad, Tiffany estaba contenta de que Taeyeon le hiciese caso.No era el rol que la rubia jugaba normalmente y esperaba ser capaz deapoyar a su amiga Taeyeon en todo lo necesario.Tras echar un vistazo aladolescente que descansaba al otro lado de la sala,Tiffany recordó la charlaque habían tenido en el coche —. Taeyeon, Jiwoong puede hacerse cargo de lascosas de la casa de tu madre mientras ella esté aquí.— —Yo me encargo de eso —afirmó la mujer de pelo oscuro sin levantar lavista de la pila de papeles—. Él ya tiene bastante con prepararse para laUniversidad.— —¿Qué le falta por hacer? Ya se ha graduado del instituto y le hanaceptado donde quiera que vaya a ir.— —En Union. Le han aceptado en Union.— —Pues en Union. Así que, ¿de qué más tiene que ocuparse? ¿De meter en lamaleta las cosas que necesita llevarse a la residencia? Eso no le impedirárecoger el periódico y el correo por las mañanas. Estoy segura de que, dehecho, ya lo hacía con tu madre en casa. Ya no es un crío.— —No le corresponde ocuparse de esas cosas. —Taeyeon cogió el bolígrafo ygarabateó una nota en su agenda—. Lo tengo todo controlado.— —Como quieras. —Tras dejar escapar un suspiro, Tiffany se dio por venciday se recostó en la silla. Eres demasiado cabezota para mí. —¿Dónde está…? —Taeyeon rebuscó entre los papeles—. No la encuentro.— —¿Qué no encuentras?— —La otra póliza de mamá. Debe tener un seguro adicional que cubra losservicios que no entran en los del Ejército. No la encuentro, pero tiene queestar por aquí.— —¿Estás segura de que la tiene?— —Pues claro. Cuando papá se jubiló, las contrató él mismo.A lo mejor estánen la carpeta de su documentación. —Taeyeon abrió el maletín y sacó lacarpeta grande de color Manila—. Por eso Jiwoong no puede hacerse cargo deestas cosas. Él jamás habría pensado en los seguros adicionales.— —A mí tampoco se me habría ocurrido, la verdad —admitió Tiffany. —Ya, bueno, yo debí haber caído en la cuenta antes, pero… ah, aquí está. Enla carpeta de papá. —Taeyeon meneó la cabeza—. No puedo creer que a mamá no se le ocurriera ponerla en la suya.— Yo no puedo creer que alguien tenga una carpeta, pensó Tiffany. No pudoocultar su sorpresa cuando Taeyeon dejó el bolígrafo sobre la mesa y serecostó en la silla, ya que esperaba que su compañera de piso pasara toda lanoche enterrada bajo aquella montaña de documentos. —Bueno, ya está. Sólo tengo que llevar los números de la póliza a la oficinade pagos y mamá podrá estar tranquila hasta que esto acabe.— —¿Quieres entrar a verla otra vez? Si quieres, yo me quedo a vigilar tuscosas.— Taeyeon no pudo contener a tiempo un bostezo. —Oh, perdona. ¿Qué hora es?— —Casi las dos y media.— —Por suerte, mañana empieza el fin de semana. Me sentiría tremendamenteculpable si tuvieras que levantarte mañana temprano y trabajar todo el díacon Donghae.——Lo haría, en caso necesario —dijo Tiffany—. Ve, anda. Si se despierta tu hermano, le diré dónde estás.— Taeyeon le dirigió una sonrisa de agradecimiento. —Gracias. No tardaré mucho.— —Tarda todo lo que quieras.— Tiffany vio a su compañera de piso abandonar la sala de espera y recorrer elpasillo antes de subir los pies a la mesa y buscar una posición lo más cómodaposible en su silla de plástico. Otro motivo por el que detesto las salas de espera. Estas sillas son unamierda.Tiffany bostezó y se frotó los ojos.Podría quedarme dormida en este mismo momento. No puedo creer lo cansada que estoy.Sólo voy a cerrar los ojos un momento mientras ella no está. Minutos después, estaba profundamente dormida. Tiffany se despertó de golpe al sentir que alguien le tocaba el hombro.—¿Tiffany? Tiffany, despierta.— —¿Qué? —Incorporándose,la joven rubia se frotó los ojos y se tomó unossegundos para recordar dónde estaba—. Oh, Taeyeon, lo siento. Me he quedado frita.— —Ya lo suponía. He tardado casi una hora en volver.— Tiffany apartó las piernas para que Taeyeon pudiera ocupar su asiento. —¿Qué tal está? —preguntó, intentando todavía despertarse completamente. —Se ha despertado un poco. —Taeyeon dirigió una mirada a su hermano, quienaún estaba dormido— Parece tan débil… y no podía dejar de toser. Elmédico ha dicho que es buena señal.— —¿Qué? ¿Qué se le vayan a salir los pulmones por la boca?— —De hecho, sí. Me ha dicho que eso quiere decir que la medicina que le handado está haciendo efecto. El líquido está saliendo de los pulmones y por esotose.——Y eso es bueno, ¿no?— —Eso dicen. —Taeyeon suspiró y negó con la cabeza—. Mi mamá me ha dicho que se siente demasiado mal como para soportar las pruebas y las preguntasde los médicos. Dentro de un rato la van a llevar a la UCC.— —¿La UCC?— —Es la Unidad de Cuidados Cardiacos. Quieren tenerla allí unos días hastaque expulse el líquido y al parecer va a haber un cardiólogo vigilándola. —Entonces, echó un vistazo a su hermano—. Él era sólo un niño cuando papá murió.— —Ahora ya no es un niño —dijo Tiffany—. Es consciente de lo que está pasando.— —Lo sé —convino Taeyeon. Una tosecilla educada les hizo girar la cabeza haciaun hombre alto que llevaba una impoluta bata blanca de laboratorio—.Enseguida vengo. —Taeyeon salió al pasillo y habló un rato con el hombre.Minutos después, volvió a entrar en la sala —. Dicen que lo mejor es que nosvayamos a casa y regresemos mañana.Será mejor que le despierte. Puede dormir en el sofá.— —¿Quieres decir que vas a traértelo a casa? —Lo más probable es que no quiera estar solo —razonó Taeyeon—. En momentos como éste, la familia deber permanecer unida.— Yo no sé nada de eso de permanecer unidos, pensó Tiffany con pesadumbre.Pero supongo que así se comportan las familias normales. —¿Entonces nos vamos a casa y tú vuelves mañana?— —En cuanto me despierte. No quiero que mamá esté aquí sola mucho tiempo.—Taeyeon se arrellanó en la silla y exhaló lentamente—. No puedo creer que esté pasando esto. — Sus dedos atraparon con rapidez una lágrima queempezaba a recorrer su mejilla —. S… sólo tiene cincuenta y cuatro años.— Tiffany se dio cuenta en seguidaque el control que Taeyeon había estadomanteniendo toda la noche amenazaba con desmoronarse.Sin saber qué otracosa hacer, abrió los brazosy dejó que la inestable mujer se abrazara a ella. —Todo saldrá bien —susurró, recorriendo lentamentela espalda de Taeyeon con su mano. Sintió que el cuerpo que sostenía empezaba a temblar a medidaque las lágrimas fluían.Oh, no, ahora sí que está llorando de verdad —. Shhh, Taeyeon, vamos. Todo va bien. Tu madre se va a curar. Shhh… — Tiffany no estaba segura de cuál de las dos empezó a mecerse, pero tampoco hizo nada por detener el tranquilizador movimiento.Empleó su mano derecha paracubrir la cabeza que descansaba sobre su pecho mientras que seguíaacariciando la espalda de Taeyeon con la izquierda —. Todo irá bien. —Tiffanysabía cómo manejar la ira, pero la tristeza era algo diferente.Y dado que quien estaba triste era una de sus mejores amigas,se sintió todavía más indefensa—. No sé qué más puedo hacer —susurró, dejando descansar sumejilla contra la frente de Taeyeon.Sintió la humedad de las lágrimastraspasar su camiseta y la presióncasi dolorosa de las manos de Taeyeon en su espalda.  ¿Qué diablos puedo decirle?Los minutos pasaron y ella siguió abrazando a su amiga. Al advertir un movimiento por el rabillo del ojo,Tiffany alzó la vista cuando Jiwoong se incorporaba frotándose los ojos.A continuación, miró a su hermana con gesto preocupado —. Tranquilo, ella está bien —informó Tiffany al joven para tranquilizarle —. ¿Taeyeon? —susurró—. ¿Taeyeon? Jiwoong se ha despertado. —Tal y como esperaba, la escritora seapartó de ella y se irguió en la silla,haciendo enormes esfuerzos para recuperar la compostura. —Lo siento —dijo Taeyeon,rebuscando en uno de sus bolsilloshasta dar con el pañuelo—. Supongo que necesitaba una buena llorera. —Se secó los ojos y miró a su hermano—. Van a llevar a mamá a la UCC y nos han sugerido quenos vayamos a descansar y volvamos mañana.— Jiwoong bostezó y se levantó, desperezándose aparatosamente paradesentumecer los músculos tras estar tanto rato tumbado sobre las sillas.—Ahh… pensaba que no me iba a dormir.— —No te preocupes por eso —dijo Tiffany—. Yo también me he desconectado un rato. —Echó un rápido vistazo a los cercos de lágrimas que decoraban laparte delantera de su camiseta y miró a Taeyeon—. ¿Nos vamos?——Sí —dijo Taeyeon,devolviendo la mayoría de los documentos al maletín antesde cerrarlo—. Voy un momento a recepción para darles los datos del segurode mamá y listo. Jiwoong, ¿quieres pasar por casa y recoger algo de ropa oprefieres esperar hasta mañana?— —¿Recoger mi ropa? Puedo quedarme en casa mientras mamá está aquí —dijo con firmeza y mirando a Tiffany en busca de ayuda. —Em… Taeyeon, ¿puedo hablar contigo un momento? —Tirando suavemente delcodo de la escritora, Tiffany se dirigió al otro extremo de la sala—. Él no quiere quedarse con nosotras —dijo en voz baja—. ¿Por qué no le dejas quedarse solo?— —Es demasiado jo… —Taeyeon se detuvo, contemplando el rastro de barba quecubría parte del rostro de su hermano. —No es demasiado joven —le recordó Tiffany. Taeyeon suspiró y asintió a regañadientes.—Ok. —Acto seguido, se volvió hacia Jiwoong—. Entonces nos vemos mañana.Asegúrate de cerrar con llave todas las puertas y que nadie que no sea de lafamilia sepa que estás solo en casa.— Jiwoong inclinó la cabeza y miró a su hermana.—No tengo doce años, ¿sabes?— —Lo sé. —Taeyeon fue hasta él, le puso las manos sobre los hombros y sonriócon aire pensativo—. Pero por muchos años que cumplas, siempre serás mihermanito pequeño y me preocuparé por ti, ¿vale? —preguntó, alborotándoleel ya de por sí  cabello—. Tú ganas. Nos vemos mañana. Conduce concuidado.— —Siempre lo hago.— —Por eso tienes ya una multa por exceso de velocidad. A mí no me pusieronuna hasta que pasé los veinte.— —¿Qué puedo decir, hermanita? —dijo él sonriendo—. Supongo que me hedesarrollado antes que tú. —Se sacó las llaves del bolsillo—. Mañana traeré la colcha de mamá.— —Buena idea. Seguro que le alegrará tener algo suyo aquí. —Taeyeon le dio ungolpecito en el brazo y miró a su hermano mientras éste abandonaba la salade espera. Después se giró hacia Tiffany y, con un gesto, le indicó que ellastambién debían irse ya a casa.    (ɔ◔‿◔)ɔ ♥(゚ヮ゚ )