Capítulo Veintinueve (1/1)
—Me alegro de verte —dijo Jessica mientras sujetaba la puerta. Tiffany laatravesó, entrando en la oficina de la terapeuta. —¿Cómo te va, Doc? —preguntó, encaminándose hacia el sillón reclinable. —Todo bien, Tiffany. Parecías estar disfrutando en el partido del sábado.¿Dónde quieres que me siente?— —Em… —Tiffany echó un vistazo al sofá y después a los puffs—. No sé. —Mirando a la terapeuta, se encogió de hombros—. Donde tú quieras, supongo.— —No te gusta tomar decisiones, ¿verdad?—Tiffany vio cómo Jessica se acomodaba en el sofá con su eterna carpetasobre las rodillas. —¿Y de qué vamos a hablar hoy? —¿Hay algo de lo que necesites hablar? —preguntó Jessica—. La semana pasada me dijiste que no estabas segura de lo que ibas a hacer con tutrabajo en el club de strip tease. ¿Has tomado alguna decisión al respecto?—El rostro de Tiffany mostró una sonrisa triunfante. —Oh, sí —afirmó—. No voy a volver, y Donghae me ha enseñado a aplicarcemento y me ha dicho que me capacitará para usar un spray de pinturadentro de poco.— —Parece que confía en tu habilidad para adaptarte a los cambios y aprendercosas nuevas—.La sonrisa de Jessica hizo que Tiffany frunciera el ceño.Odiaba esa expresión, porque sabía lo que significaba.—No sé. Supongo que sí.— —A mí me lo parece. Eres buena para adaptarte, ¿no?— —Dímelo tú, Doc —contestó Tiffany con tono aburrido. A continuación,empezó a mirarse las uñas—. Necesito el trabajo, así que tengo queaprender a hacer las cosas. No es para tanto. —Sintiéndose tensa de repente, Tiffany se levantó del sillón y se dejó caer en el sueño, con laespalda contra el puff rojo—. Hago lo que tengo que hacer.— —Esa es una de tus técnicas de supervivencia —puntualizó Jessica,inclinándose hacia delante hasta quedar sentada al borde del sofá—. Hasaprendido a adaptarte al medio en el que te encuentras. —Ya, lo que tú digas —contestó Tiffany, mirando al techo—. Hice lo necesario para salir adelante, aunque esta vez sirve para algo. Podrésolicitar un empleo diciendo que sé cómo usar una pistola de clavos. Siemprees mejor que lo de que soy stripper.— —Eso es cierto, pero has adquirido habilidades de todas tus experiencias,las buenas y las malas.— —Todo va de lo mismo, ¿verdad, Doc? —Venga, dame un respiro. Tiffanydejó a sus ojos vagar por el dentado patrón de los azulejos—. Cualquier cosade la que hablamos nos lleva a mi sórdida niñez y a toda la mierda que meocurrió. —Esta vez no he mencionado tu infancia para nada —señaló Jessica—. ¿Sabeslo que me dice eso? Me dice que traes algo en la cabeza.—Yo qué sé.— —Ya te dije que nada de excusas ni estupideces aquí dentro—. Dejando lacarpeta sobre el sofá, la terapeuta acercó el puff azul y se acomodó en él—.Puedes estarte mirando al techo toda la noche, si quieres. Genial, pensó Tiffany para sí. Eres un auténtico coñazo, Doc. De acuerdo. —Se lo conté a Taeyeon. —Sabía que Jessica esperaba una mejor explicación—. Le… le conté lo que me pasó cuando era niña.— —¿Y cómo te hizo sentir eso?— Tiffany no necesitó girar la cabeza para sentir los ojos de la terapeutacolgados de ella. En lugar de eso, siguió mirando al techo. Con unencogimiento de hombros, utilizó su defensa habitual.—No lo sé.— —"No lo sé" no es una respuesta. Inténtalo otra vez. Cuando empezaste acontárselo, ¿cómo te sentiste?— —Nerviosa —admitió Tiffany, estirándose para colocar sus manos detrás dela cabeza—. Cuando empecé, tenía miedo de que se asustara y no volviera ahablarme o algo así.— —Y cuando te diste cuenta de que eso no iba a pasar…— Tiffany tragó saliva, deseando haberse preparado algo de beber al llegar.—Me sentí… no sé, bien, supongo. No me miró de forma rara ni nada. Almenos, eso creo. En realidad no la miré mucho mientras hablaba. —En ese momento, dirigió la vista hacia Jessica, recordando lo que Taeyeon le había contado de su ruptura—. Ella también me contó cosas. —Tiffany se detuvo por un momento— Supongo que eso también me hizo sentir bien.— —¿Cómo te sentiste al compartir tu historia con otra persona?—Tiffany miró al techo una vez más. —Al principio me dio miedo. El corazón me latía muy deprisa, como si mepreocupara que él fuera a entrar en la habitación y a sorprendermehablando del tema con otra persona. —Aspirando profundamente, intentó ordenar sus pensamientos—. Ella simplemente me dejó hablar y hablar, sinimportarle lo estúpida que pudiera parecer. ¿Sabes qué fue lo mejor?— —¿Qué?— —Que me creyó. —Tiffany se desperezó de nuevo, apoyando el codo en el puff sin dejar de mirar a Jessica— Taeyeon me creyó, sin importar lo que le dije o cómo lo dije.— —A medida que empieces a llenar tu vida de gente buena, descubrirás quehay muchos en quienes puedes confiar. Amigos que creerán cualquier cosaque les digas y no te juzgarán nunca. Esos son los que necesitas.No gente tóxica.— —Quieres decir mis viejos amigos.— —Los amigos cambian a medida que creces, y crecer no es algo que ocurrecuando cumples dieciocho y te conviertes en un adulto legal. A lo largo de tuvida, descubrirás qué son lo que yo llamo los amigos especiales.— —Como Taeyeon —dijo Tiffany—Después de nuestra charla, siento que puedo contarle casi cualquier cosa.— —Es bueno construir una confianza en otra persona, ¿verdad? —le preguntó Jessica. —Estuvo bien eso de decir la verdad sobre lo que sucedió. —Lo único que deseaba Tiffany era ofrecer un poco de sí y sintió que las palabras acercade la confianza acudían a su mente. Para su sorpresa, Jessica tenía otra idea. —Y cada vez que cuentas tu historia a otra persona, te quitas un poco depeso de los hombros. Disminuyes el poder que tiene sobre ti.— —No tiene ningún poder sobre mí. Yo estoy al mando —protestó Tiffany. —Eso crees, ¿verdad? —Una mueca de asombro fue su única respuesta—.¿Cuándo fue la última vez que te subiste en un ascensor con un hombre sinsufrir un ataque de pánico?¿Cuándo fue la última vez que dormiste bien sin emborracharte o drogarte antes?Ni siquiera hemos empezado a estudiar si sufres alguna disfunción sexual. —Esas palabras golpearon a Tiffany y supoque lo estaba reflejando en su rostro. Frunció el ceño y apartó la mirada,pero su terapeuta y amiga no pareció darse por aludida—. No has estado al mando de nada, excepto de aislar tus sentimientos a toda costa. Tanto si lo admites como si no, actúas y reaccionas en basea tus experiencias y nopodrás seguir adelante hasta que superes tu pasado. Tiffany, queríaproponerte que te unas a un grupo que viene aquí los martes por la tarde.— —¿Un grupo? ¿De qué carajo me estás hablando?—Incorporándose hastaquedar cara a cara con Jessica, Tiffany otorgó a la terapeuta toda suatención. —Hay un grupo de mujeres que se reúnen aquí todas las semanas para hablaracerca de sus sentimientos y experiencias. Es para supervivientes deviolaciones y abusos sexuales.— —Estás de coña. ¿Sentarme en una habitación con un montón de extrañaspara contarles lo que me pasó? —Tiffany meneó la cabeza enérgicamente—. Ni hablar —. —¿Qué es lo que te da miedo? —le preguntó Jessica—. Cada una de ellas es una superviviente, igual que tú.— —Sería más probable encontrar una bola de nieve en el infierno, Doc. Nopienso hacerlo.— —Podrías simplemente sentarte y escuchar. No estás obligada a decir nada.Lo único que debes saber es que el grupo tiene las mismas reglas quenuestras sesiones. Nada de drogas ni alcohol antes de ir. Muchas de esasmujeres están también en fase de desintoxicación. —Jessica se levantó y fue hasta el sofá, recogiendo su carpeta antes de sentarse sobre un almohadón de cuero. Los ojos de Tiffany no se despegaron de ella ni un momento altiempo que se preguntaba qué es lo que se proponía la terapeuta con todoaquello. Acto seguido, obtuvo su respuesta—. ¿Te acuerdas de lo queescribiste en tu diario… —Jessica echó un vistazo al cuaderno y comprobó la fecha— … el viernes por la noche?— Los ojos de Tiffany se abrieron como platos al intentar recordar. El diariose había convertido en su ritual nocturno mientras se fumaba el últimocigarrillo antes de irse a la cama. A menudo olvidaba que, eventualmente,Jessica iba a leerlo y dejó vagar su mente por los pensamientos ysentimientos transcritos al papel por su propia mano. —Yo em… intento no pensar que vas a leer lo que escribo.— —Soy consciente de eso —dijo Jessica—. Aquí dices cosas muy intensas, perolo que entresaco una y otra vez de tus palabras es tu necesidad de sentirque formas parte de algo.— —¿Qué? —Sin pensarlo, Tiffany se incorporó hasta tomar el lugar que Jessicahabía ocupado antes en el puff azul, cerca del sofá—. Yo nunca he dicho eso.— —¿Ah, no? —Jessica señaló un punto de la hoja con el dedo—. Justo aquí, ycito textualmente: “Siento que estoy de visita en este mundo y luego vuelvoal mío…" —Unas páginas más adelante—. Este día escribiste bastante. Dejaque lo encuentre… ah, sí, aquí está. Dices que “siento que estoydesmoronándome y que nadie puede volver a juntar todas las piezas. Nadieme entiende". —Lo único que Tiffany pudo hacer fue asentir ante la granverdad que reflejaban sus palabras— Quiero que des el siguiente paso, Tiffany —afirmó Jessica en voz baja. —Lo pensaré —respondió ella, acodándose sobre sus propias rodillas—. También estoy estudiando para el GED por las noches, así que ya veré.— —¿En serio? No me lo habías contado. ¿Cuándo empezaste?— —Taeyeon encontró una página web con toda la información y esas cosas. Meimprimió los cuestionarios y me ha obligado a hacerlos para que podamoshacernos una idea de lo que necesito aprender —dijo Tiffany con evidente emoción—. Me va mejor de lo que ella creía.— —¿Taeyeon te está ayudando?— —Sí. Hace de profesora, corrigiéndome los exámenes y eso. —Tiffanyintentó descubrir el significado de la expresión de Jessica, pero antes delograrlo la terapeuta se levantó y ocupó el puff que quedaba vacante. —Eso está muy bien —dijo Jessica—. Es un paso en la dirección correcta.Deberías considerar escribir sobre ello en tu diario nocturno. Hasta ahorano habías mencionado nada.— —Lo escribí al principio de la noche pasada, pero aún no has tenidooportunidad de leerlo —dijo Tiffany—. Estaba cabreada porque no era capazde recordar todas las fórmulas que Taeyeon insiste en meterme en la cabeza. —Meneó la cabeza y continuó—. No sé, Doc. Unas veces creo que puedohacerlo y otras que soy una idiota incapaz de aprender una palabra.— —Es muy común tener dudas acerca de uno mismo, especialmente con algoque supone una meta tan difícil. Yo también dudaba de mí cuando estaba enla escuela.— —¿En serio?— —Pues claro. Todo el mundo tiene dudas, Tiffany. El objetivo esenfrentarlas y seguir adelante. Si fallas una vez, no des por hecho quesiempre lo harás. ¿Te acuerdas de cuando hablamos acerca de aprender delas experiencias pasadas? ¿De los fracasos además de de los éxitos?— —Sí, lo recuerdo —admitió Tiffany a regañadientes—. Siento como si fueraen veinte direcciones diferentes y no supiera cuál escoger.— —Y cuando te sientes así, ¿qué haces?— —¿Aparte de buscar el bar más cercano o mi pipa? —bromeó Tiffany, aunquesólo a medias—. No sé. Supongo que hablo contigo o con Taeyeon.— —Te sugiero que hagas menos lo primero y más lo último.— —Creía que no ibas a martirizarme con lo de mi afición por la bebida —aventuró Tiffany al tiempo que se preparaba mentalmente para el sermón. —Y no voy a hacerlo… aún —afirmó Jessica—. Era sólo una sugerencia, como lodel grupo de los martes.— —No. Lo que menos necesito es sentarme con un montón de mujeres que loúnico que hacen es hablar de sus desgracias personales.— —Estoy casi segura de que no te matará —dijo Jessica—. Te prometo que notienes que decir nada si no quieres, pero de verdad te recomiendo quevayas, al menos una vez. Tan sólo inténtalo. Tiffany farfulló algo para sus adentros deseando dejar el tema de una vez,pero sin parecer que había sido derrotada. —Dejemos el tema por ahora. ¿Te apetece hablar de tu diario?— —En realidad no, pero me da que lo que yo quiera no importa, ¿no? —dijoTiffany, arrellanándose en el puff hasta encontrar una posición cómoda. —Esa es la actitud que a mí me gusta —respondió Jessica sarcásticamente—. A ver, el jueves te extendiste de lo lindo con tu décimo cumpleaños. ¿Porqué no empezamos por ahí?— *** Al volver a casa, Tiffany se encontró a Taeyeon en la cocina, rodeada de oloresque le hicieron la boca agua. —Hola. Eso huele genial —afirmó al tiempo que colgaba sus llaves en elganchito adecuado. No hacía mucho que habían tenido otra charla acerca deluso apropiado que debe darse a la mesita de un recibidor.A continuación, entró en la cocina balanceando su bolsa con una mano. —Dame otros cinco minutos y estará todo listo —respondió Taeyeon cerrando la puerta del horno—. He pensado que el pan de ajo sería más apropiado quelas galletas.— —Por mí no hay problema. —Tiffany puso su bolsa encima del mostrador yrebuscó dentro, sacando una botella de cerveza—. Chica, menudo día. Me llevó horas descubrir dónde estaban los cargadores de los taladrosinalámbricos y he tenido una sesión infernal con Jessica hace un rato.— —¿Cómo te ha ido? —Taeyeon alargó la mano para tirar la chapa de la botella yseñaló la mesa de la cocina—. Vamos a sentarnos mientras esperamos.— —Ha sido brutal —afirmó Tiffany con un suspiro, acomodándose en la silla acolchada—. Quiere que me una a un grupo de mujeres que van, se sientan yhablan sobre lo que les ha pasado en la vida.— —Bueno, si ella piensa que podría ayudarte…— —¿Cómo va a ayudarme eso? Con escucharlas sólo conseguiré acordarme delo mío y, ¿qué tiene eso de bueno? —Negando con la cabeza, Tiffany se llevó la botella a los labios—. Estoy intentando olvidar lo que me pasó, no revivirlo —dijo antes de echar tres o cuatro tragos—. Y eso no es lo peor. No dejó de hablar de algunas cosas que escribí en mi diario—. Al levantar la vista, advirtió la mirada paciente de Taeyeon —. A veces, cuando escribo, se me olvidaque alguien va a leerlo. Puse un montón de cosas acerca de cómo me sentíacuando era una cría y quiso repasarlo a conciencia.— —Quiso que tú lo repasaras a conciencia, querrás decir — afirmó Taeyeon. Tiffany asintió, sorprendiéndose cuando su compañera de piso le agarró lamano que tenía sobre la mesa —. No bromea cuando dice que hablar sobre ello te ayudará a sentirte mejor.— Tiffany siguió con los ojos clavados en la mano que cubría la suya. —Tal vez, pero no es algo con lo que me sienta cómoda, ¿sabes? — En ese momento, apartó la mano y rodeó el cuello de su botella con los dedos —. En un momento dado, casi me ha hecho llorar.Incluso agarré una de esaspelotas de esponja y la tiré contra la pared,¿te lo puedes creer? — Meneando la cabeza una vez más, Tiffany tomó otro trago—. La próxima vez me pondrá a darle puñetazosa un saco de boxeo y querrá hablar con“la niña que hay dentro de mí"o alguna estupidez semejante. Taeyeon se levantó yse inclinó hasta que sus labioscasi rozaron la oreja deTiffany. —Si algo ayuda, no es una estupidez —dijo—. Voy a echarle un vistazo al pollo.— La escritora dio media vuelta y fue hasta el horno,dejando a Tiffany a solas con sus pensamientos. Si algo ayuda, no es una estupidez, ¿eh?Bonito, Taeyeon, muy bonito.¿Sabes que a veces hablas como ella? Tiffany miró a la mujer que le daba la espalda. A veces, y otras eressimplemente como una vieja amiga a la que puedocontar cualquier cosa con confianza.Tiffany estaba tan perdida en suinterior que ni siquiera escuchó el primer timbrazo del teléfono. —¿Puedes cogerlo? —dijo Taeyeon—. Yo estoy con el pan tostado.— —Claro. —A pesar de que nunca había usado el teléfono, sólo le llevó unsegundo localizar de dónde venía el sonido y contestar—. ¿Hola?— —¿Tae?— —Em… no… soy su compañera de piso. —Tiffany apenas era capaz de oír lavoz masculina entre todo el ruido de fondo—. ¿Quién es?— —¿Está ahí? Soy su hermano Jiwoong. Necesito hablar con ella en seguida. — En ese momento, Tiffany se dio cuenta de que el ruido de fondo era el delsistema de intercomunicación de un hospital. —Sí, espera un segundo —exclamó cerca del auricular—. Taeyeon, creo que es tu hermano. Será mejor que te pongas.— Taeyeon depositó el pan tostado en la rejilla para que se enfriara y se limpiólas manos con un trapo de cocina. —¿Es Jiwoong? —Creo que sí. —Al entregarle el teléfono, Tiffany se vio invadida por unasensación de temor.Lo único que podía hacer era contemplar con impotenciacómo Taeyeon contestaba la llamada. —¿Sí? ¿Jiwoong? Habla más alto, no te oigo bien. ¿Dónde estás? —La súbita palidez del rostro de Taeyeon confirmó las sospechas de Tiffany—. ¿Qué ha pasado? ¿Qué? Espera, no te oigo. — Tan sólo hubo una pausa momentánea—. Jiwoong, quédate ahí. Yo voy de camino.No, no llames a la familia. Yo lo haré si es necesario. Sí, tú quédate donde estás. Ya voy.— Taeyeon dejó el teléfono sobre la mesa y se agarró con ambas manos al bordedel mostrador. —¿Es tu madre? —preguntó Tiffany. Taeyeon asintió, haciendo grandes esfuerzos por mantener la compostura. —Yo em… ella… mi hermano no está seguro de lo que ha pasado. —Acto seguido, sacudió la cabeza—. Tengo que irme.— (⊙.⊙(☉̃ₒ☉)⊙.⊙)!!!!