Tan lejos y a la vez tan (1/1)
CAPÍTULO 10 – LEJOS DE TI Y A LA VEZ TAN CERCA La observó desde la ventana, viendo como se alejaba con una mano sobre su estómago y cojeando levemente. Agarró fuerte la cortina y tiró de ella, oyendo un leve rasgado de ropa que le hizo alzar la vista hacia la prenda blanca que cubría el vidrio. Chasqueó molesta la lengua y frunció el ceño, cojeando hasta el sofá. Le dolía el tobillo, le dolía más que el día anterior. Seguro que esa violadora me lo tocó con su cuerpo mientras dormía... Como siga persiguiéndome la voy a denunciar.*** Durmió hasta el día siguiente. Por alguna razón, el cambio de medicina le afectaba el sueño y la cansaba incluso ir hasta el baño y volver. Ahora ya podía andar, dar pequeñas vueltas en la habitación e incluso por el pasillo, pero a mitad del camino sus párpados pesaban el doble y el sueño la ganaba. Se sentía mejor, más fresca, incluso comenzaba a sonreír de nuevo al recibir las visitas de las enfermeras que le traían la comida. Tiffany estaba cambiando. –¿Cómo te encuentras? –Hyoyeon entró para revisarla como cada mañana. –Mucho mejor. –Le respondió con una sonrisa. –Tienes un eye-smile muy bonito. –Seohyun entró segundos después, sonriéndole. –Eso dicen. Gracias, ehm... –Seohyun. Soy la mujer de Hyo. –Hizo una reverencia que fue contestada por una de leve por parte de Tiffany. Luego, la menor de las tres se llevó a la rubia a un rincón de la habitación. –¿Hoy irás a visitar a Taeyeon? –Sí. No digas nada, me acuerdo que a las cinco tengo que estar esperándote delante de la agencia. –No faltes eh. –No, tranquila. Aunque lo veo algo tonto, acabaremos volviendo aquí, ¿no puedes venir directamente? –¡No me seas burra! –La menor susurró en voz fuerte. –Quiero que vayamos juntas como matrimonio Kim, no como Seohyun y doctora Kim, ¿entendido? –Entendido. –Sonrió y le dio un beso en los labios. –Ahora ve a trabajar, la gente te espera. –Hasta luego, te quiero. –Yo también. –La rubia sonrió y se acercó de nuevo a Tiffany, mirando en la tabla de resultados diarios. –Que pareja más tierna la vuestra, dais envidia a cualquiera. –La quiero mucho. –Lo veo. –Así que, ¿te encuentras mejor? –Sí, aunque siempre tengo sueño. –Es normal, la medicación es fuerte. Aún así, es bueno que te encuentres mejor, dentro de dos semanas podremos darte el alta si sigues moviéndote un poco cada día y comiendo bien. –Hay algo que echo de menos. –¿Qué? –La heroína. –Tiffany, no empecemos de nuevo con esto. –Ya te dije que no deberías meterte en mis asuntos. –Pensé que dirías que echas de menos a Taeyeon. –¿Qué te hace pensar eso? No me gusta. –Te gusta. Te estás engañando. –Oye, pensaré que te da morbo ver a tu hermana yendo de mal en peor. ¿Primero fue pareja de una maltratadora y ahora la quieres juntar con una drogadicta? Hyoyeon, creo que tú eres la más enferma de todas. –Repito que te gusta. Vi como la miraste mientras comíamos, ¿te gusta estar con ella no? –No. –Respondió secamente, girando la cara para no verla. –Prométeme algo. –¿Qué? –Cuando te recuperes irás a ver a Taeyeon y haréis las paces. –¿Es que quizás tengo que disculparme con la loca número dos? –Tiffany, no me seas tozuda y deja de llamarla loca. Le diré que se disculpe primero, pero vosotras dos tenéis que hacer las paces y comenzar a aceptar vuestros sentimientos. –No entiendo nada. ¿Primero me dices que allí me olvidará y ahora quieres que me recuerde? –Si no la visitas te olvidará, ¿es que acaso no te importa? –¿Y yo? ¿A quién le importo yo? –A mí. –Porque soy solo una paciente más que tienes que cuidar. –A Seohyun. –No la conozco a penas. –A Jessica. –La otra enferma, ¿por qué a ella no le ayudas a dejar el alcohol y a mí me tienes encerrada aquí? ¿Acaso lo planeaste con Sunny para que me llevara hasta ti? –Estás delirando. –Soy realista. –Lo de Sunny sobraba, ella no tiene nada que ver con que estés aquí. –¡¿Perdona?! –¡Lo siento! Me he explicado mal. –No te sabes explicar de ninguna manera, que es diferente. Seguro que eres de esas doctoras que hablan con términos científicos delante de los pobres pacientes para asustarlos. –Ya basta Tiffany. Como sigas así te dormiré. –¡Mátame directamente! ¡Seguro que le harías un favor a la humanidad! –Deja de decir tonterías. –Comprobó sus constantes por última vez y se fue, dejando que la morena gritara sola en la habitación.*** Llegó a su despacho y lo primero que hizo fue patear todo lo que encontró por delante. Los de la empresa se asustaron, hacía tiempo que no veían a Choi Sooyoung tan enfadada y eso solo significaba una cosa: ellos pagarían las consecuencias por el mínimo error que cometiesen. Gritó a su secretaria por el micrófono del despacho, la mujer entró tan rápido como pudo y se presentó delante de ella, sorprendiéndose de que tuviera manchas en su ropa. La morena cuidaba mucho su imagen de ejecutiva seductora y elegante. Nunca había llevado la ropa sucia, pero es que, además de eso, también estaba herida.
Fue por instinto, su mano agarró el pañuelo de su bolsillo y le rozó el pómulo derecho. Ahí tenía un corte, probablemente de caer de caras al suelo al ser empujada por la rubia. Sooyoung se dejó hacer, callada y quieta pero sin dejar de fruncir el ceño. –¿Qué le ha pasado? –La mujer se atrevió a preguntar. –Nada que sea de tu incumbencia. –A mi me importa lo que le pase, por eso pregunto. –Tráeme un café con leche bien cargado. –La morena ignoró las palabras de su secretaria y le apartó la mano, girando su silla para quedar de espaldas a la puerta. –Y rápido. –Está bien... –La secretaria suspiró, no iba a conseguir nada. Juro que vas a ser mía Sunny, aunque tenga que conquistarte desde el principio. Mordió un poco la uña del pulgar y se cruzó de piernas, mirándose en el reflejo del gran ventanal del despacho. Era la primera vez que lograban tumbarla al suelo, más que eso, era la primera vez que lograban pegarla. Si algo tenía Sooyoung era una fuerza increíble, dominada por el kickboxing que practicó durante años. ¿Cómo se había dejado pegar de esa forma por Sunny? Esa mujer era una cabeza más baja que ella pero podría incluso tener más fuerza que la morena, eso le molestaba, pero al mismo tiempo le gustaba. Sería un reto difícil. –¡Y ese café qué! ¡Lo quiero para hoy!*** No lograba que la escena del beso pareciera real. Ella físicamente estaba ahí pero su mente vagaba por otro lugar, preocupada y asustada. Le impedía concentrarse, por lo tanto, impedía a todo el equipo de rodaje que se pudiera avanzar con el dorama. Sentados en el borde de la fuente, Ha Na debía sorprenderse por el pequeño beso de Joon, pero algo mantenía a Yoona distante y no reaccionaba cuando se necesitaba enseñar un primer plano de lo que comenzaba a ser un beso por parte de los dos. –¡Corten otra vez! –El director gritó enfadado, refunfuñando algo entre dientes. –¡Haremos un descanso de diez minutos! Yuri, preocupada, se acercó al equipo de rodaje y esperó a que Yoona se acercara con una de esas tristes sonrisas que ocultaban algún miedo mayor de lo que podía parecer. Se abrazaron, la menor no dijo nada, no le salían las palabras, solo necesitaba cariño y lo pedía mediante el fuerte agarre de ropa en la espalda de la morena. Yuri acarició su cabello y miró a la gente de alrededor para ver si alguien podía responderle qué le pasaba a Yoona. Negación, solo obtuvo eso. –¿Qué ocurre? ¿Te encuentras mal? –La menor movió la cabeza en señal de negación –¿Tienes hambre? –Volvió a negar. –¿Entonces qué pasa Yoona? Intentó levantar su rostro para que la mirara pero la menor forzó su cabeza y consiguió quedarse escondida en el pecho de la mayor. Yuri cada vez estaba más preocupada, ¿había hecho algo malo? –¿Es por algo que dije? –Otra vez negó con la cabeza, asustando a la morena al comenzar a sollozar. –¡¿Yoona?! ¿Qué pasa? –Tengo miedo... –¿Miedo de qué? –Se la llevó a un lugar apartado para poder hablar solas. Por fin pudo ver su rostro al arrodillarse delante de ella. Le secó las lágrimas, sonriendo para intentar reconfortarla. –¿Qué ocurre? ¿Alguien te está molestando? –Sunny... –¡¿Qué te ha hecho esa mujer?! Como se haya atrevido a tocarte un pelo te juro que la mato. –N-No... no me ha hecho nada pero... –¿Te ha amenazado por algo? –Yoona se sorprendió, había dado en el clavo. –Es tan típico de ella. –Todo es mi culpa... –Se tapó el rostro y Yuri la sentó dentro de la parte trasera de la furgoneta que tenía sus puertas abiertas para coger botellas de agua. –¿Qué ha pasado? –Sin querer... conté lo que me dijiste sobre Taeyeon... Yo quería contárselo a Sooyoung p-pero Sunny estaba con ella y no la vi y me escuchó y... El semblante de Yuri cambió a uno extremadamente serio. Se apartó un poco de ella y la miró fríamente, se había enfadado. –No es que yo pueda decir mucho porque también cuento estas cosas a la gente pero me prometiste que no se lo contarías a nadie. Sunkyu puede aprovecharse muy bien de esa situación. –Lo siento... –Yoona, toca volver a escena. –El director captó su atención y la chica sonrió levemente. –Arreglaremos esto en casa, ahora ve. –¿M-Me esperarás? –En el coche. Odio tener que ver ese beso una y otra vez. –La morena se giró y se fue hacia el automóvil. Yoona no pudo hacer nada más que sonreír calmadamente mientras le arreglaban el maquillaje. Suspiró, sabía que estaba mal lo que había hecho pero ignoraba por completo que la bajita se encontraba escondida bajo esa manta.*** Abrió los ojos desorientada, le dolía la cabeza, era una de esas resacas que recordaría seguro. Sus ojos pasearon por la habitación, encontrándose tumbada en una de esas camas blancas que caracterizaban cualquier hospital. Se sentó y un pinchazo en su brazo le hizo ver que tenía uno de esos horribles tubos clavados en su piel; tragó saliva, odiaba las ajugas y todo lo que comportara eso. –Buenos días. ¿Cómo te encuentras? –Mareada. –Es normal, le debes haber dado un buen beso a la botella, ¿me equivoco? –¿Quién eres tú para decirme estas cosas? –Llámame Jehwa. ¿Cómo te llamas tú? –Jessica. –¿No eres de aquí? –Tú tampoco por lo que veo. –Vaya, ¿tanto se me nota? –Sonrió de manera dulce, molestando a la rubia con su felicidad. –Soy española, aunque vine a vivir aquí cuando era pequeña. –Debes tener tu nombre español pues. Dímelo. –¿Pero qué son esas exigencias princesa? –¿Y estas confianzas doctora? –Me caes bien. –Tú a mí no. –Da igual, concédeme una cita este sábado y te diré mi nombre. –¿No vas un poco salida? –No, solo soy sincera que es diferente. –Se acercó a ella y con cuidado le quitó el tubo conectado a su brazo. –Puedes irte, aunque si vuelves a visitar a tu amiga, procura hacerlo con el estómago lleno y sin beber una gota de alcohol. Los olores aquí son más fuertes por la pulcritud del sitio. –¿Estás diciendo que apesto a alcohol? –¿Es que no lo notas? Jessica, eres una mujer preciosa, no deberías beber de este modo. –Le acarició la mejilla y la rubia le apartó la mano con un seco golpe. –No me gusta ofender a las princesas pero repito que la sinceridad es una de mis cualidades. –Creo que más bien es uno de tus problemas. –Agarró sus cosas y se colocó las gafas de sol sobre sus ojos rojos. La doctora la siguió hasta la salida y al poner el primer pie en la calle le agarró la muñeca, sonriéndole. –Te esperaré en la estación a las cinco. No me falles princesa. –Deja de llamarme así. No iré.*** La visita de Hyoyeon fue algo fría. La rubia seguía molesta por las palabras de Tiffany, y Taeyeon no pudo evitar preguntarle qué ocurría. Como siempre, la hermana menor era demasiado orgullosa para contar los problemas que tenía con esa paciente, y más si la castaña iba a olvidarla. –Oye, ¿a ti te gusta Tiffany? –¿Quién es Tiffany? –¿Miyoung? –No sé de quién me hablas. Era imposible que Taeyeon ya hubiera olvidado a la chica, llevaba solo un par de días allí. Sabía que la eficacia del sitio no tenía punto de comparación con otros hospitales psiquiátricos pero eso era demasiado repentino. Seguramente la castaña estaba tratando de olvidar a la morena para así ponérselo todo más fácil a su cerebro.*** El sacrificio sobre sus cuerpos no se podía explicar con simples palabras. Una se dirigió hacia el alcohol y la otra hacia las drogas, aunque siempre terminaban juntas en esa pequeña habitación donde dormían. ¿Cómo habían llegado hasta allí? Salir del hospital solo las había vuelto a dejar a la intemperie, pero conocían leves cosas sobre esa ciudad y podían guiarse hasta algunos de los contactos que tuvieron sus compañeras en América. Recordaron las direcciones, las facciones de las fotografías que se pasaron cuando disponían de ordenador y conversaban sobre sus futuros negocios sucios. Ambas tenían una mente brillante pero la llevaron hasta lo más rastrero que conocían. –¿Estáis dispuestas a esto para poder vivir aquí? –Más mierda no podemos recibir. Aceptamos. –La rubia respondió con los brazos cruzados y acomodándose en el sofá del pequeño salón. –Dormiremos juntas. Tiffany la siguió, algo asustada pero acomodándose con ella en el sofá. Este era de un color verde oscuro, algo gastado, con rayas amarillas que le daban un aspecto aún más lastimoso. Los bordes de este estaban rotos, algunos mordidos por el pitbull que vivía junto a ese grupo de camellos y borrachos. El suelo de parqué estaba mal cuidado, chirriaba a la mínima y la madera era oscura. Las paredes tenían el papel medio arrancados, grafiteado y sucio; las cortinas de la ventana estaban rasgadas y entraba poca luz. Todo el salón convivía con una pesada atmosfera ca