Capítulo Siete (1/1)

Tiffany se despertó cuando sintió la luz del sol de la mañana y escuchó elsonido de la voz de su hermana. —¿Qué hora es?— Gruñó mientras se frotaba los ojos para despejar el sueño. —Las seis. El autobús estará aquí dentro de una hora. No tengo mucho dinero pero pensé que podríamos comprar algo barato en ese restaurante para comer.— Tiffany estuvo de acuerdo, deseando más un baño que la comida. Por primera vez en años la chica estaba feliz, segura de que en una hora ellas dejarían la ciudad y junto con eso, el horror que les provocaba su padre.Pero la libertad no llegó para Tiffany. Faltaban diez minutos para las siete cuando decidieron dirigirse a la estación de autobuses. Recién habían salido del restaurante e iban cruzando la calle cuando Michelle escuchó el sonido de frenos chirriando. Volteó para ver a su padre girando con fuerza las ruedas para después dirigirse en su dirección. —¡Es él!— gritó.  Corriendo directamente hacia la estación de autobuses, pero vino a su mente lo que seguramente pasaría. Él fácilmente las alcanzaría y las sacaría del autobús. Así que solo tenían una oportunidad. Michelle buscó en su bolsillo y sacó los dos boletos de autobús. —Toma.— Lo depositó en la mano de Tiffany. —Tenemos que separarnos y al mismo tiempo lograr alcanzar el autobús. Él no puede perseguirnos a las dos al mismo tiempo y probablemente me seguirá a mi primero.— Comenzaron a correr lejos de la estación. A su padre se le estaba dificultando seguirlas debido al tráfico matutino. —Ve hasta la calle Central y ahí tomas el atajo para que puedas regresar a la calle Hudson. Saldrás justo enfrente de la estación yo tomaré este camino.— Tiffany asintió con la cabeza comprendiendo y de nuevo escucharon las llantas chillando agudamente y vieron a su padre dirigiéndose hacia ellas. Las hermanas se separaron, Michelle corría a través de la calle repleta yendo hacia el norte mientras que Tiffany dobló la esquina y fue rumbo al sur tal como su hermana le había dicho. Un terror absoluto llenó el corazón de la jovenadolescente cuando vio que el coche cambiaba de dirección y la seguía a ella. La joven adolescente no era muy hábil como para ganarle a un carro a toda velocidad. Sin embargo logró ganar algo de tiempo cuando corrió en dirección opuesta a como venía, obligándolo a detener el carro a la orilla y dar la vuelta, pero no fue suficiente. Sabía que nunca lograría llegar a laestación a tiempo. Pensó que su padre no tardaría en atraparla y entonces pensó en el boleto de autobús que traía en su bolsillo.  Delataría el lugar hacia donde Michelle iría. Cuando pasó corriendo  junto a un bote de basura, Tiffany tomó la decisión y arrojó dentro el boleto. En menos de una cuadra mas adelante la persecución se acabó. Su padre paró el coche encima de la acera, bloqueándole completamente el camino.Estaba sobre ella en segundos. Tiffany gritó cuando la tomó por el cabello y la sacudió con fuerza hacia él. —¿Dónde está?— Gritó. —Y-yo no lo sé.— —Estás mintiendo.— Fue castigada con una cachetada fuerte en la cara. —¿Dónde carajo se fue?—Sabía que no había nada que pudiera hacer para evitar el castigo. Todo lo que podía hacer era lo único que nunca había podido hacer antes... proteger a su hermana mayor. —No lo sé — repitió. —¡Estas mintiendo perra!— La abofeteó varias veces antes de hacerla entrar en el coche y cerrar de golpe la puerta y meterse detrás del volante. Al tiempo que se dirigían a casa, pasaron un autobús azul y gris rumbo a las afueras de la ciudad. Tiffany miró por la ventanilla y vio una figura que la observaba. Las ventanas oscuras hacían difícil verla claramente, pero no había duda que la mano que estaba sobre el Tiffany era de Michelle.Aprovechando una nueva oportunidad, Tiffany imitó el gesto. El autobús cambió de dirección hacia la  carretera, separando para siempre a las dos hermanas. El padre de Tiffany permaneció callado durante el camino a casa pero sus ojos oscurecidos miraban constantemente por el espejo retrovisor para dirigirle miradas mortíferas a su hija menor. La chica de 14 años intentó desesperadamente no llorar delante del hombre quien veía a las lágrimas como una debilidad, pero estaba totalmente aterrorizada por lo que él le haría una vez que estuvieran en la casa. Tiffany se revolcaba, murmurando incoherencias entre el sueño y la confusa realidad.  —No... no papito, por favor para. Seré buena... —  Las palabrasdieron paso a los quejidos como si volviese a vivir la pesadilla de esa mañanaonce años atrás. —¡No papito, por favor... No!— Con un grito final, se asustó a sí misma despertando. Pasaron varios segundos antes de que se diesecuenta dónde estaba. —Carajo.— Buscó a tientas en la oscuridad la lámpara, luego buscó sus cigarrillos. Aun no encendía uno cuando escuchó un suave golpe en su puerta.  CONTINUARA....... Este mini-capítulo me hizo...