Capítulo Dos (1/2)
Era después del anochecer cuando Taeyeon llegó a casa. La primera cosa que notó fue que el único cuarto que no estaba iluminado era su dormitorio. Oh no, no vas a dejar encendida cada luz en esta casa, pensó para sus adentros mientras se dirigía arriba por el pasillo.
Abriendo la puerta del frente, Taeyeon se encontró asaltada por el olor de humo del cigarrillo. Una rubia estaba sentada sobre su sofá, un cenicero con varias colillas de cigarro y tres latas vacías de cerveza descansando sobre la mesita de café al lado de ella. —Tú debes ser Taeyeon — dijo la mujer mientras se ponía de pie.
—Y tú debes de ser Tiffany— la escritora contestó tendiéndole la mano. — ¿No quiero comenzar con el pie izquierdo o cualquier cosa pero Heechul no te informó sobre las reglas?—
—¿Las reglas?—
Taeyeon subió su dedo índice y pulgar y pellizcó el puente de su nariz. —No permito fumar.—
—Estas bromeando.— La artista de striptease recogió su cerveza y tomó varios tragos. —El señor 'amable' no me dijo nada acerca de no fumar o las reglas.—
—Lo mataré — Taeyeon mascullada, golpeando con los dedos sobre el mueble.
—Lo siento, pero eso es algo con lo que no puedo vivir.— Recogió las latas de cerveza vacías y caminó hacia el fregadero para enjuagarlas antes de meterlas en una bolsa de plástico y guardarlas hasta que puedan ser devueltas a la tienda para el reciclaje. —Bien, no es el fin de mundo. Siempre puedes ir a la terraza a fumar.—Esto va a ser divertido — masculló Tiffany. —Buscaré otro lugar mañana.
Bebió un largo trago de su cerveza y tomó el periódico. —¿Te importa si miro tu periódico?—
—Tómalo.— Taeyeon abrió el refrigerador y miró dentro detenidamente. — ¿Aún no has comido? Tengo sobrante de ensalada de pasta... — No vio la cara de náuseas que puso Tiffany por la sugerencia.—... tofu, perros calientes o pizza.——¿Eres una fanática de la salud?—
—Creo en comer comida que no destruye mi cuerpo.— Colocó la caja de cartón en el mueble del mostrador. —La pizza es de Pizzas Shed.—
—Ya he probado algo de ahí— dijo Tiffany, levantándose del sofá y cruzando hasta el otro lado del mostrador. —¿Qué hay en eso?—
—No mucho, champiñones, pimientos, hierbas— Taeyeon bromeó, riéndose de la mueca de disgusto en la cara de la rubia. —Solo estoy bromeando. Los champiñones y los pimientos, eso todo.— Abrió la caja y le mostró a Tiffany.
—¿Una o dos?—
—Dos, me muero de hambre.— La artista de striptease colocó sus codos en el mostrador y usó su pie para colocar la pierna sobre el taburete cercano de la barra. —Gracias.—
—De nada.— La escritora se limpió las manos en el paño para secar los platos. —Intentemos esto de nuevo. Soy Taeyeon Kim.—
—Tiffany Hwang.—
—¿Así que, Tiffany, Heechul mencionó algo acerca de un incendio?— Colocó las pequeñas pizzas dentro del horno y lo encendió. Al ver el asentimiento de la rubia ella continuó.—Eso es una lástima. Tuvimos un incendio cuando yo era niña. ¿Estabas allí cuándo ocurrió?—
—Estaba durmiendo.—
—Tuviste suerte de sobrevivir.—
Tiffany contestó gruñendo una respuesta ininteligible y trató de alcanzar otra cerveza. —¿Sabes dónde se encuentra la calle Humphrey?—
—¿Creo que está cerca de la calle Unión, por qué?—
—Hay un dormitorio disponible anunciado en el periódico.—
—Uf, no te gustaría estar en Humphrey.—
—Debo ir a donde mis posibilidades me lo permitan —dijo Tiffany simplemente. —Mira, si el señor 'amable' me hubiera dicho cualquier cosa acerca de no fumar, no habría aceptado el apartamento —
—Debió haber sido un descuido por parte de Heechul. Deja que ponga mis manos sobre él... Dejó el pensamiento sin terminar. —Podemos llegar a un arreglo.—
—¿Cómo qué? yo fumo y tu no quieres a un fumador.—
—Hagamos un trato. Tu puedes fumar en la terraza y el balcón, simplemente no adentro.—
—¿Quieres decir que si me apetece un cigarro en la mañana tengo que vestirme y salir fuera a la terraza?— Tiffany negó con la cabeza. —Conseguiré una de esas cosas con filtro de aire pero yo debería poder fumar en mi dormitorio si quiero.—
—Pero en ningún otro lado más — Taeyeon le advirtió. —¿Él te comentó que sería la mitad en todos los servicios públicos y que pagarías por tus llamadas de larga distancia?—
—No te preocupes. No tengo un año de edad para hacer montones de llamadas telefónicas.—
—Muy bien, haremos la prueba y veremos cómo va.— Cerró el horno y señaló la alacena lejana. —¿Me podrías pasar por favor los platos?—