[M] Midnight (1/1)

Marqué cuidadosamente el teléfono con aquel número que tanto tiempo llevaba sin marcar y me lo puse en la oreja. Tan solo dos tonos y alguien contesto.—¿Si?—Hola… —Dije muy bajito.—¿Si? ¿Quién es? —No reconocía mi voz.—Junhyung… Soy yo, soy Kikwang.—¡AH! ¡Kikwang eres tú! Cuanto tiempo… Pensé que ya no me ibas a llamar nunca. —Su tono de voz sonaba triste y roto.—B-bueno… Creo que te debo una explicación, has sido bueno conmigo y no te mereces mi indiferencia.—¿Qué es Kikwang? Puedes contarme lo que sea…—Lo sé, por mejor por aquí no, será mejor que nos veamos en persona.—Cuánto tú quieras.—¿Hoy a las seis? En la puerta de tu casa, como siempre, te llamo y sales. ¿Vale?—Perfecto Kiki… Te estaré esperando. —Después de sus palabras colgué.Tenía un mal presentimiento y sin saber por qué me empecé a encontrar mal y me deje caer en la cama, cerrando poco a poco los ojos y quedándome dormido.Empecé a escuchar un sonido seguido de un zumbido, sin saber muy bien que era pero me desperté de un sobresalto. Era el móvil. MIERDA LA HORA. Miré rápidamente el reloj las 18:30. ¡¿QUÉ?! Me había quedado dormido. MIERDA, MIERDA Y MÁS MIERDA. Me apresuré a coger el móvil pues sabía perfectamente quién era.—JUNHYUNG NO DIGAS NADA, LO SÉ, ME HE QUEDADO DORMIDO COMO UN IDIOTA. NO TE PREOCUPES EN MENOS DE QUINCE MINUTOS ESTOY AHÍ POR FAVOR PERDONAME. —Colgué y salí corriendo.Como había prometido en menos de diez minutos ya estaba delante de la puerta de Junhyung. Él ya había salido sin necesidad de hacerle una llamada, se encontraba parado en el árbol en el que siempre era yo él que esperaba. Al verme desprendió una sonrisa, tan perfecta como siempre pensé. Me acerqué a él y automáticamente y sin pensarlo le di un abrazo.—Te he echado de menos. —Junhyung me susurró al oído mientras me acariciaba la espalda.—¿Te apetece que demos un paseo y hablemos? —Le sugerí tiernamente.—Yo había pensado en que pasásemos a mi casa. Mis padres se han ido de viaje así que nadie nos molestará y podremos hablar perfectamente. Si no te sientes incomodo claro…—No claro, está bien. —Me cogió de la mano y me dirigió dentro de su casa, en el fondo estaba un poco asustado, seguía con un mal presentimiento… Como si algo malo fuese a pasar.—¿Te ocurre algo Kikwang? Pareces tenso…—No… Es solo que… Creo que… Bueno hemos estado distantes… Y creo que es una situación angustiosa e incomoda y bueno…—No te preocupes… Siempre te comes la cabeza tanto… Eres tan mono… —De repente se dirigió hacia mí y por inercia me eché hacia atrás pero no pude toparme con otra cosa que no fuese la pared.Junhyung posó una de sus manos en la pared, quedando nuestros cuerpos demasiado pegados. Me miraba fijamente, casi ni pestañeaba y yo simplemente me moría de miedo.—B-b-bueno… G-g-gracias supongo…—Vamos Kiki… Debes saber de sobras que no puedo resistirme a ti… —Con la otra mano subió hasta mi cabeza y me retiró el pelo de la cara. Era incapaz de mirarle a los ojos y no podría evitar por más tiempo mi nerviosismo.—Creo que deberíamos hablar cuanto antes… Tengo cosas que explicarte las cosas y bueno… Para eso he venido y ya no se lo que digo. Me callo —Suspiré pues no me salían las palabras.—Que guapo eres cuando te sonrojas —Y sin decir ninguna otra cosa sus labios estaban besando los míos. Al principio me sorprendí y abrí cuanto pude los ojos, y posando mis manos en su pecho intentaba zafarme pero cuando lo intentaba, Junhyung solo apretaba más.Estaba asustado, nervioso y confundido. Al principio sentía la traición. Estaba traicionando a Dongwoon, pero conforme Junhyung iba profundizando el beso esos pensamientos se difuminaban y eran nada más que un pequeño susurro. Por un momento cerré mis ojos y me zafé al cuello de Jun, pero volví en sí y le aparté de un empujón.—¡NO! ¡PARA! ¡VAMOS A HABLAR Y LO VAMOS A HACER AHORA! —Junhyung solo me miraba riéndose, sin pronunciar palabra.Algo andaba malo, algo raro pasaba con Junhyung, no era el mismo que la última vez que lo vi. Su sonrisa había cambiado por una más tenebrosa y sus ojos habían perdido el brillo, más bien reflejaban ira, dolor, decepción…  Podía notar como perdía el control, como si algo se aprovechase de él.—¿Te ha pasado algo Junhyung? —Lo miré preocupado.—¿Qué si me pasa algo? Me has pasado tú.—¿Yo? —¿De qué me estaba hablando?—Lo sabes de sobra. Tú viniste haciéndome creer cosas que no eran, jugando mis sentimientos, sabiendo que me gustabas. ¿Te crees que no lo sé? Sé muy bien que estás con Dongwoon, ¡os he visto! ¡Sé todo de ti! ¡No puedes ocultarme nada! —Daba miedo, parecía obsesionado, ¿me espiaba? Y cómo sabía lo de Dongwoon… ¿Cómo nos había visto?—¿M-me has espiado?—No. Tú me ocultabas cosas y yo decidí descubrirlas por mi cuenta. ¿Qué tiene de malo? —Empezaba a sentir escalofríos.—¿Cómo nos viste? ¿Nos seguías?—Yo sabía en todo momento que hacías… —Se acercó a mí, pegando su cuerpo lo más posible al mío y robándome un beso. Quise zafarme, pero otra vez él era más fuerte que yo. Empezaba a sentir náuseas. No quería besarle, quería a Woonie y era lo único en lo que pensaba. Me armé de todas mis fuerzas y le di un empujón, tirándole al suelo.—Vamos Kikwang, si te gusta —Una sonrisa malintencionada se formó en sus labios y lentamente se elvantó, limpiándose la saliva de la boca con la mano.—¡NO! ¡No me gusta! A mi solo me gustan los besos de Dongwoon —Jun volvió a reír.—No decías lo mismo antes, cuando me correspondías los besos —Seguía riendo.—Estaba confundido, eso fue hace ya… ¡Ya sé lo que quiero! ¡Y a quién quiero es a Dongwoon! —Estalló en carcajadas — Bueno te puedo hacer cambiar de opinión —. Otra vez esa sonrisa escalofriante en su rostro…Rápidamente se acercó a mí, me cogió bruscamente y me llevó hasta el salón, tirándome en e sofá y posicionándose inmediatamente encima de mí para inmovilizarme.—¿Qué-qué haces? ¡Suéltame! ¡Me haces daño! ¡Yo no quiero nada! —Aprisionaba mis piernas con las suyas, nuestras entrepiernas se rozaban y sujetaba mis brazos, agarrando firmemente mis muñecas por encima de mi cabeza con tan solo una mano. —¡Suéltame ya!—Haré lo que yo quiera, igual que tú hiciste conmigo. —Una vez más esa sonrisa.—¡Pero no puedes hacerlo!—¡Sí! ¡Sí que puedo! —Y sin rodeos, su otra mano empezó a recorrer mi cuerpo, a manosearlo, a tocarlo cada cm y finalmente su mano se posicionó en mi paquete por encima del pantalón y empezó a acariciarlo.Tenía ganas de llorar, estaba abusando de mí, lo estaba haciendo y a nadie le importaba, nadie me salvaría de eso, había sido mi culpa y me lo estaba mereciendo. Intentaba soltarme con todas mis fuerzas pero era imposible, me tenía bien sujeto y tenía mucha más fuerza.—¡Su-suéltame por-por favor! Le supliqué, casi con lágrimas en los ojos, pero la sonrisa de su rostro no denotaba ningún síntoma de benevolencia, iba a seguir adelante, dijese lo que dijese, Junhyung iba a abusar de mí.—Eso es lo que quiero, que supliques, que te arrastres, porque está vez, yo jugaré contigo y no al revés. —Acercó su rostro al mío, casi tanto que sentía el calor de su aliento en mis labios.Apretó más fuerte que ninguna otra vez sobre mi paquete, provocando un gemido involuntario, haciendo que se me abriese la boca, lo que Jun aprovecho para meterme la lengua hasta la garganta. Moví la cabeza todo lo que pude, intentado que se quitase, pero apegó su boca aún más fuerte, impidiendo así que la moviese. Cuando termino de inspeccionarme toda la boca con su lengua, terminó el beso mordiéndome el labio, me moví brusco para evitarlo, lo que hizo que mordiese más, incluso haciéndome sangre.—¿Ves lo qué haces? Si cooperases esto no pasaría… —Lamió la herida y luego me succionó el labio para parar la sangre. Lo notaba hinchado y dolía, parecía una pesadilla, yo solo quería que acabase, que todo fuese una broma pesada y que en cualquier momento me soltaría y me dejase marchar, pero estaba equivocado. Esto parecía haberle excitado más y dejo de estimular mi miembro para meter la mano sin reparo dentro de mi pantalón y mi bóxer, usurpando mi entrepierna, empezándola a tocar y masajearla. Intentaba aguantar los gemidos mordiéndome los labios, no quería darle el gusto, el placer de poder oírme. Pero tenía que morderlos fuerte y la herida estaba ahí, dolía y escocia por lo que no aguantaba mucho y gemía involuntariamente.—¿Lo ves? Si te gusta… Ya estás dejándolo salir.—¡No! ¡Tú me estás obligando! —Las lágrimas brotaron y la desesperación aumentaba.Sentía morirme por dentro, arder. Echaba de menos a Dongwoon, quería oírle, que me dijese que esta a salvo y que todo iba a terminar, que todo era un sueño. Pero no, parece ser que mis gemidos lo excitaron aún más a Jun, pues empezó a masturbar más rápido y más brusco. Los gemidos incrementaban a la vez que la velocidad y yo solo podía sentir que me venía, intentaba evitarlo, movía las caderas para zafarme pero cuando lo hacía, Jun se aferraba a mi miembro con más fuerza, haciéndome notar punzadas de placer, las cuales me desesperaban.—No sigas por favor… Te arrepentirás de esto… por favor… —No podía evitar ya las lágrimas, pues no dejaban de salir, recorrían mis mejillas, estaba abatido, rendido y en estos momentos me odiaba. Me sentía vulnerable y vacío, solo quería escapar, que todo pasará.—¿De verdad crees qué me voy a arrepentir? Te equivocas, pienso hacer todo lo que quiera, sin arrepentimientos, sin remordimientos, sin nada, porque tú me has destrozado y has hecho como soy ahora.—Jamás quise acerte daño, jamás pensé que esto acabaría así, yo yo… por favor déjame irme, haré como si nada de esto hubiese pasado, no le contaré a nadie —Las lágrimas seguían saliendo, mi vista se nublaba, estaba perdiéndome.—¡Haberlo pensado antes! ¡Y cállate ya! ¿No pararé lo entiendes? Hoy serás mío y no habrá nadie que lo pueda evitar —Llevó sus labios a los míos y los beso con fuerza, era un beso forzado, desesperado y nervioso.Sacó su mano de mi entrepierna y sin que me lo esperase me soltó las muñecas y rápidamente la bajo hacia mis pantalones y me los quitó con fuerza, sin darme tiempo a evitarlo. Mis brazos dolían por haber estado tanto tiempo sujetados, pero logré bajarlos a mi paquete y taparme con vergüenza.—P-para… Por favor… No sigas… Detente… —Solo podía sollozar, las lágrimas no cesaban, quería huir pero no podía, sus piernas seguían fuertemente aferrados a mis muslos.—Para de taparte, no te servirá de nada —Cogió mis manos de nuevo y volvió a llevarlas por encima de mi cabeza. Una vez me tenía inmovilizado, empezó a mover su cadera contra la mía, apretando su miembro contra el mío.  Los gemidos volvieron a surgir surgidos está vez por las quejas, los sollozos, los gritos…—¡POR FAVOR! ¡JUNHYUNG DEJAME IRME! —De repente cesó y se quedó mirándome, era como si estuviese ido.—Si vuelves a gritar o a intentar soltarte te arrepentirás, es mucho mejor si simplemente no pones resistencia. No quiero tener que verme obligado a hacerte daño —Tras estás palabras acaricio mi rostro pero yo le gire la cabeza, indignado y asqueado.En ese momento decidí no volver a pronunciar palabra, en verdad él buscaba mis suplicas, así que me mordí la lengua y tragué con todo. Él seguía tocando cada parte de mi ser y continúo con el vaivén de sus caderas, rozando con mi entrepierna a veces de forma brusca. Mi miembro  se había despertado con tanta estimulación aunque había intentado con todas mis fuerzas evitarlo, pensando en otras cosas, pero a pesar de todo había acabado cediendo, inevitablemente.—Vaya parece que alguien se ha excitado… ¿Verdad? Habrá que aprovecharlo —Seguí sin decir ni una palabra, sin ni si quiera mirarle, me repugnaba hacerlo. Él cogió y me desnudo por completo. Ya ni si quiera me resistía, no quería que me hiciera nada.Seguidamente él se desnudo también, podía ver su miembro excitado. Me agarró ambos lados de la cara con una mano y los apretó forzándome a abrir mi boca, con su otra mano metió dos dedos dentro.—Chúpalos, vamos —No podía hablar porque me apretaba la cara, pero si pude negar con la cabeza. Al ver mi negación apretó más, provocándome dolor, nuevas lágrimas se deslizaron por mis mejillas. Cuando no pude aguantar más el dolor acabe cediendo, le chupe los dedos —. Llénalos bien de saliva, vamos —Le hice caso y los empapé bien.Después de eso sacó sus dedos y los llevo a mi entrada, me moví todo lo que pude per de nada servía, cuando me movía un poco Junhyung aferraba más sus piernas a mis caderas.—Estate quieto o te dolerá más. Te conviene estar receptivo y relajarte, de lo contrario podrías salir herido  —Junhyung se acercó a mi oreja y comenzó a mordisquearla y chuparla —. Vamos Kikwang, relájate.Después de esto y sin previo aviso introdujo directamente dos de sus dedos en mi entrada. Grité por el dolor, era como si me desgarrasen, me ardía, escocía, era un dolor inexplicable. Otra vez las lágrimas brotaban, estaba desesperado y a pesar de esto Junhyung seguía metiendo y sacando los dedos, dilatándome en contra de mi voluntad. Cuanto más lloraba y gritaba, él iba más rápido, dándole igual el dolor que sentía. Una de las veces tardó un poco más en volver a introducir los dedos, pero esta vez no lo hizo con dos, si no con tres. Un grito desgarrador salió de mí, estaba tan tenso que mi orificio estaba más estrecho de lo normal por lo que el dolor que sentía era mucho más notable y era como si me estuviesen matando lentamente. Las punzadas en mi interior eran mortales. Ojala todo fuese un sueño, ojala cerrase los ojos y al abrirlos todo hubiese pasado. Pero en vez de eso, cerré los ojos y al abrirlos noté el mayor suplicio que jamás había notado.Junhyung introdujo su miembro dentro de mí, ensanchando mi orificio, desgarrándolo. Grité como nunca lo había hecho, como si me estuviesen haciendo la mayor de las torturas. Y En verdad lo estaban haciendo, no solo físicamente, si no moralmente. Psicológicamente me estaba destrozando.  Por más que gritaba Jun no paraba, seguía y seguía e incluso lo hacía más brusco y doloroso. Finalmente ahí estaba yo. En posición fetal sobre el sofá de Jun. Dándome asco a mi mismo, mientras él estaba de pie, subiéndose los pantalones, sin parar de reír, sin dejar de mirarme satisfecho. Aún podía notar su corrida recorrer mi entrada, estaba furioso, devastado, deprimido. Me odiaba, no quería volver a mirarme al espejo nunca más, solo quería ducharme y frotarme hasta arrancar con mi piel. Quería acabar con la apestosa esencia de Junhyung que recorría mi piel, podía olerle, podía sentir su aroma y lo detestaba. Quería irme muy lejos y gritar, gritar muy fuerte. ¿Cómo podía borrar todo lo que había pasado hace unos instantes? ¿Cómo podía olvidarme de todo lo que Junhyung había hecho con mi cuerpo, todo lo que había probado conmigo? Había sido horrible, era el peor día de mi vida.Se acercó a mí por una última vez, acariciándome la cara, el pelo, el brazo… Yo seguía sin moverme y era incapaz de pronunciar una palabra, me dolía la garganta de tanto gritar y apenas tenía fuerzas para si quiera decir una mísera palabra. Mi parte baja me ardía, era el peor dolor que nunca había sentido y era incapaz de moverme, si lo hacía el dolor se pronunciaba y se volvía insoportable. Así que intentaba hacerlo lo menos posible. Mi mirada estaba perdida no sé donde, no era consciente, intentaba no pensar en nada, para así no recordar lo que me acababan de hacer. De repente note el aliento de Jun en mi oído y me sobresalté.—A partir de ahora vendrás cada viernes a verme, a no ser que quieras que tu querido Dongwoon se enteré de que le pones los cuernos. Eres libre de irte ahora mismo, o si prefieres quedarte aquí hasta que se te pase el dolor. Tu mismo. A mí me da igual mis padres no vuelven hasta el domingo. Me voy a dormir, que descanses Kw-ang-ie.Y ahí me quede quieto, desnudo, con las palabras de Junhyung rondándome la cabeza una y otra vez, repitiéndose. “A partir de ahora vendrás cada viernes a verme” ¿Cada viernes pasar por esto? Volví a llorar. A penas podía superar lo que acababa de pasar, ¿cómo iba a hacerlo cada viernes? ¿Cómo iba a ocultarle esto a Dongwoon? Me daba mucha vergüenza todo esto y claro que no quería que se enterase, ¿pero merecía la pena todo esto? ¿Merecía la pena callarme y sufrir cada viernes lo mismo? Fuera como fuese, necesitaba a Dongwoon, más que a nada del mundo, si alguien podía salvarme, sacarme de este infierno era él. Intente moverme como pude, casi arrastras recuperé mi ropa, me vestí lentamente, cada movimiento era una tortura. Me dolían los brazos, me dolían las piernas y sobre todo aquel sitio el cual no quería ni pensar. Andaba a duras penas y muy lento, pero llegué a la puerta y pude salir de aquel infierno. No sabía qué hacer, no sabía dónde ir, no sabía ni qué hacer conmigo mismo.No sabía qué hora era pero parecía que era tardísimo pues no había ni un alma en la calle. Me derrumbé en mitad de la carretera, mis rodillas se clavaron en el suelo y grité, grité como nunca lo había hecho.¿Qué sería ahora de mí?